Viajero ocasional
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Apenas iniciaba el año 1994 cuando desde la ciudad de La Plata comenzamos, lo que sería mi segunda gran travesía.
Salí a cruzar las pampas con mi familia. Pasamos Cañuelas, Saladillo, Macachin y de a poco, lentamente llegamos a la patagonia.
La primer ciudad importante que conocimos fue Neuquén. Habíamos hecho más de 1200 kilómetros a una velocidad promedio de 100 km/h. Pasamos la noche y salimos para Picún Leufú, deteniéndonos para ver la represa y el lago artificial que forma la central hidroeléctrica Piedra del Águila.
Luego llegamos por el este a Bariloche. Yo ya conocía la ciudad del año anterior; cuando había hecho un viaje hacia dicha ciudad con mis compañeros de la escuela. Sin embargo, por las circunstancias o la época del viaje, me pareció ver una ciudad muy distinta.
Bariloche era hermosa, el sol de enero acariciaba nuestras mejillas, el verde de sus praderas nos maravillaron, la quietud de sus lagos nos congelaron. Recorrimos bien la ciudad y sus cercanías. Para el momento que decidimos abandonarla hacia el oeste, habíamos recorrido 2400 km.