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Fundador - Viajero habitual
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EXTRAIDO DE MI LIBRO DE VIAJES: OTROS MUNDOS, OTRAS MIRADAS.
El Tupolev soviético aterrizó en la llanura gris que es el aeropuerto de Bucarest. Llegábamos a la Rumania de Ceausescu. El que algunos años más tarde seria ejecutado junto a su compañera a la sombra de una tapia, después de un juicio sumarísimo y sin ningún tipo de garantías. Pero no es sobre esto de lo que quiero escribir.
Ha pasado mucho tiempo desde entonces y los recuerdos no son indelebles, se pierden en la memoria. Más todavía si el viaje resulta algo monótono, con poca chispa, lineal. Aunque siempre existe algo interesante que no lo hace fracasar del todo. Alguien dijo una vez que uno empieza a olvidar un lugar en cuanto lo abandona.
Inicié el viaje en la capital, para terminarlo también en ésta. Después de recorrer varias zonas del país. Mi relato tendrá que ser breve, pues ya digo que el paso del tiempo ha borrado algunos pasajes de este periplo.
Algunos viajeros evitan pasar o detenerse demasiado en las grandes ciudades por distintas razones, yo, en parte, estoy de acuerdo; pero pienso que Bucarest no se merece este trato. Es, o era, una ciudad limpia, ordenada y con poco tráfico; los edificios seguían la arquitectura soviética, con muchos museos y espacios verdes. La verdad, resulta difícil describir los lugares de esta urbe del Este europeo.