![[*]](/img/ico-autor.gif)
Fundador - Viajero habitual
Resultado sobre 2 votaciones:
Lleva todo el día lloviendo y el pronóstico para mañana es de continuidad. Sentado junto al fuego en una borda, charro con un donostiarra sobre las posibilidades de salir integro de la travesía senderista prevista para mañana. Serán seis horas caminando por un camino de herradura entre bosques, subiendo…, bajando, y con barro hasta las rodillas. Pero las ganas y las atracciones son muchas.
Justo a la hora de la salida estoy listo con todos mis pertrechos para la aventura de ese día. Se celebra la primera andada popular en Val d’ Echo, una marcha circular y en el sentido de las agujas del reloj. Un pueblo pirenaico de imponentes casonas con sus portaladas y escudos rodeando la iglesia. Tierra de navateros y contrabandistas, con lengua propia: el cheso. Un lugar que como en ningún sitio, cambia de color según las estaciones, sólo debemos acercarnos en primavera y en otoño a la colorística Selva de Oza.
Tierra de emociones, la llaman. Y comienzo a sentirlas al poco de iniciar mi ascenso por la ladera repleta de árboles y quejigales. Un pájaro: el Treparriscos aprovecha las pausas que nos ofrece la fina lluvia para dejarse ver. Tilos a mi derecha, arces a mi izquierda, avellanos enfrente, y los líquenes presente en todos ellos. Todo un mundo de cumbres, cuevas, ibones. Uno de los últimos refugios del oso pardo. Aquí viven hombres y mujeres de vida pausada, en un bucólico valle que no cambiarían por nada.
Mis botas van tomando un claro color marrón; chapoteo en el barro sin perjuicio alguno. El agua, china chana ha traspasado toda mi indumentaria, y ya moja mi piel aún caliente. El ejercicio físico, siempre sucede así, me produce cierta euforia. Ya alcanzo las nubes, las trato de tú a tú, me envuelven negándome el paisaje.
En esta húmeda tarde de domingo, las emisoras de radio contaminan las ondas hertzianas con sus diatribas futbolísticas. Mientras este humilde ciudadano goza de la vida, del paisaje, a la vez que es consciente de lo insignificantes y frágiles que somos ante este exultante…, insultante mundo natural.