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Fundador - Viajero habitual
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Atravesamos Ejea de los Caballeros… Sos del Rey Católico... y llegamos a Ruesta. Pueblo abandonado a consecuencia de la construcción del pantano de Yesa; en parte recuperado por un sindicato. Con la sana intención de descansar y ejercer las relaciones humanas durante unos días.
Conversando en la puerta del albergue con unos peregrinos que van a Santiago de Compostela en peregrinación (el camino que va hacia esta ciudad gallega pasa por el pueblo arriba mencionado), nos hacen saber de la existencia de unas aguas termales cerca de donde nos encontramos, en las que podemos bañarnos. Así lo hacemos al día siguiente. No tenemos que buscar mucho, desde la carretera observamos a un grupo de personas saliendo y entrando en el agua, también muchos vehículos por los alrededores. Conforme nos acercamos el espectáculo nos atrae, nos entusiasma, no es para menos.
Las antiguas paredes semiderruidas del antiguo balneario de Tiermas son testigo de lo que allí está aconteciendo. Algo muy distinto, a lo que sucedió cuando se encontraba en pleno funcionamiento el centro termal.
El bajo nivel que mantiene el pantano de Yesa en esta época, casi vacío, ha dejado al descubierto estas aguas que brotan a cerca de 38º de temperatura. El paisaje es algo desolador, casi lunar, gris, sin vegetación alguna y ruinas por doquier. Allí se dan cita gentes de todos los niveles socioculturales; en un ambiente de total tolerancia y respeto. Los bañistas, unos vestidos, otros en traje de baño o ropa interior; y los más decididos, desnudos; han ido apilando piedras, construyendo pequeñas piscinas aterrazadas de medio metro de profundidad como mucho. Allí se zambullen durante un buen rato y así lo hicimos nosotros también. Enseguida, el cuerpo se sumerge en una paz interior que te va relajando poco a poco. El agua caliente va resbalando por tu piel, llevándose todo lo negativo. No apetece salir, el ambiente exterior es frío; nos encontramos en los primeros días de noviembre.
Alguien nos comenta que en pleno invierno, tienen que apartar la nieve para zambullirse en las aguas. Van llegando más bañistas, algunos ataviados con resplandecientes albornoces, lo que hace un fuerte contraste con el seco y oscuro lecho del pantano.