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Y también es bonita

[ropavieja]

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[*][*] Fundador - Viajero habitual

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Datos del viaje

No es fácil encontrar viajes organizados a Colombia. Ni tan siquiera una guía que te asesore e informe. Si pretendes visitar lugares poco turísticos, como pueden ser el Caribe colombiano: Cartagena, Santa Marta… tienes que armarte de cierta dosis de arrojo y asumir ciertos riesgos.
Algunas personas no alcanzan a comprender que hayas estado en México y hayas dado un gran rodeo para no pasar por Cancún; que recorras toda la isla de Cuba y no recales ni un minuto en Varadero, o que evites esas ciudades monstruosas: muy turísticas, con muchos monumentos, pero agobiantes, caras e inseguras. Precisamente, no es el caso siguiente, porque sí visité muchas ciudades parecidas a lo que señalo anteriormente. Pero no quita ningún valor a lo que afirmo.
Quiero romper una lanza en favor de está región americana, muy desconocida aún por el turismo masivo. La inseguridad y la precariedad hostelera en algunos lugares están ahí, son innegables; pero en el otro de la balanza se encuentra la aventura, lo auténtico, la virginidad de muchos de los lugares…
Inicié mi viaje en Bogotá, proseguí por distintos departamentos, ciudades y pueblos. La primera sensación que percibo es que Colombia se parece a un inmenso jardín, en el más amplio sentido de la palabra. Su capital algo ruidosa, contaminada, pero hospitalaria y llena de vida. Los puntos de más interés pueden ser el Cerro de Monserrate, a tres mil doscientos metros más cerca de las estrellas, como dicen los bogotanos, y el Museo del Oro, por supuesto.
La siguiente ciudad de mi itinerario es Neiva, con el gran río Magdalena bañándola. Prosigo hacia Popayán, atravesando el Parque Nacional de Puracé, con su volcán presidiéndolo. Esta ciudad destruida por un terremoto hace ya catorce años, fue reconstruida con ayuda española. Una joya urbanísticamente hablando, su pasado colonial lo va mostrando ante los visitantes, conforme la van recorriendo.
Mi siguiente etapa es Cali, importante ciudad, con varios museos y rebosante de cultura, aunque algo desorganizada. Una vez aquí no podemos dejar de acercarnos hasta la costa del Pacífico, visitando Buenaventura, donde se encuentra el mayor puerto comercial de Colombia. Durante el recorrido, observo una extensa zona selvática, con una vegetación exultante que lo invade todo. Desde aquí me introduzco en el eje cafetero, visitando Armenia, Manizales, Pereira y Montenegro, una región con una importante producción de café. Visito el Parque Nacional del Café, así como distintas haciendas agrícolas, y alegres casas campesinas. Muy cerca se encuentra el Nevado del Ruiz con más de cinco mil metros de altura, espectacular volcán, tristemente famoso, ya que sus cenizas cubren el pueblo de Armedo, una tumba para miles de ciudadanos.
Se me acaban los días y tengo que dirigir mis pasos hacia el aeropuerto de El Dorado en Bogotá, desde donde me devolverán a mi país, con la sensación de haber vivido una auténtica aventura en la Colombia más profunda, pasando de bullicios turísticos y de las medusas de las playas cartageneras, aunque eso sí con abundantes dosis de ajiaco, aguardiente y vallenato. Este viaje incluía también al vecino Ecuador, pero los funcionarios de aduanas, por llamarlos de alguna forma, me lo impidieron. A mi pasaporte parece ser que le faltaba algún sello. Maldita burocracia. Malditas fronteras.

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