Viajero ocasional
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Lo primero que he de decir sobre esta ciudad es que su belleza provinciana la hace una ciudad entrañable, como esas ciudades en las que descubres más esencia y autentiticidad que en las grandes ciudades cosmopolitas. Gerunda se llamó mientras pasaba la vía Heraclia, luego vía Augusta. Se formó siendo un campamento romano en forma de triangulo, no como todas las ciudades romanas que son en su base rectangulares.
Posteriormente pasaron por sus calles los visigodos y árabes hasta que en el siglo VIII entraron los francos y Carlomagno para que Girona formara parte de la Marca Hispánica. Después de los Carolingios se crean condados que poco a poco se van integrando en el gran condado de Barcelona. En 1492 se abre una nueva ruta a América no pudiendo participar la Corona de Aragón ya que lo tenia todo en el mediterráneo.
Las centurias van pasando por sus calles y van dejando, como el Onyar, un rico legado cultural que la hacen convertirse en 1883 en capital de provincia y ser la primera ciudad de España con red eléctrica cuando llega la industrialización. Poco a poco, Girona va absorbiendo municipios vecinos surgiendo la ciudad que hoy podemos contemplar, remozada y embellecida con indiscutible acierto.
Paseo por Girona
En su geografía es curioso que siendo un primigenio triangulo la bañen cuatro ríos como son el Onyar, Güell y Galligants con el Ter. Es el primero el que atraviesa todo el casco urbano dejando a la izquierda la ciudad nueva, de escaso atractivo turístico. Una vuelta por su casco antigua nos hará descubrir una verdadera joya arquitectónico-urbanística; un notable conjunto monumental con calles estrechas y pintorescas, a menudo en pendiente, a cuyos lados se alinean nobles casonas. Si visitamos la ciudad podemos tener la impresión que nos trasladamos a la Edad Media ya que todas las calles tienen nombre de antiguos gremios, o mejor dicho de sus productos, como la calle del “pa” o del “oli”, incluso de “les olles”.