En Irán
Viaje a Irán
La situación geográfica de Irán hizo que las más importantes civilizaciones pasaran y se establecieran en su territorio entre el III milenio a.c. y el siglo XI d.c., la civilización mesopotámica originaria de la actual Irak dejó su primera influencia en tierras iraníes, así como los sumerios y los asirios, sin embargo el pueblo que marca este territorio son los Persas. Hacia el 1.500 a.c. una migración procedente de las estepas asiáticas (los arios), justo en territorio iraní se dividieron, unos se desplazaron hacia Europa Central y Turquía y otros se dirigieron hacia el Caspio, estos segundos se establecieron en la meseta iraní y fueron identificados como los Persas. Los Persas fueron una civilización poderosa y avanzada y dejaron joyas como Persépolis, Parsagarde, Susa o Nak el Rustam.
Más tarde, también pasaron por estas tierras los kurdos, los mongoles y los árabes, dejando ciudades tan maravillosas como Isfahan, Yazd, Shiraz, Mashad, Bam o Kerman. A pesar de esta mezcla no existe un país en la zona con un sentimiento nacional tan profundo como Irán, se consideran arios descendientes de los Persas, son el centro del Chiísmo y se consideran más próximos a los turcos y a los alemanes que a los árabes.
Esta introducción es para resumir los motivos que me llevaron a viajar a Irán, corría el año 2.000 (antes del 11S) y existía un proceso de apertura en el país de la mano del reformista Rafsanjani, que estaba desplazando a los Ayatolas, me apetecía ver en directo que estaba pasando.
Al coger el avión en Heathrow, empecé a notar diferencias, las azafatas se ponían sus pañuelos y el color de las ropas era más oscuro en general, al bajar del avión nos cachearon a conciencia y las chicas del grupo tuvieron que cubrirse. Estábamos en Teherán. Teherán es una ciudad moderna, situada en el norte del país, un poco gris pero con los impresionantes montes Zagros de fondo, el norte de Irán tiene montañas impresionantes y las playas del Caspio, visitamos un mercado pero enseguida nos desplazamos hacia el sur, las primeras impresiones eran la de un país moderno con gente muy joven y con una participación de las mujeres en la sociedad más alto de lo que cabía esperar. Eso según me explicaron más tarde fue consecuencia de la guerra con Irak en la que fallecieron muchos hombres y los que no fallecieron estaban en el ejército, como consecuencia las mujeres se hicieron con el control de la vida civil y coparon las universidades.
En el sur de Irán el primer destino fue Shiraz, es un lugar de obligado paso, sus mausoleos, el bazar, los jardines son de una belleza inigualable. Llegamos por la noche y coincidió con celebraciones del Asura, fuimos a la mezquita de Atiq que estaba llena de fieles y presenciamos una procesión del asura con hombres latigándose, fue excitante, aunque a pesar de los prejuicios que nos provoca el Islam en Occidente no me pareció muy distinto de nuestra semana santa sevillana o zamorana.
Por la mañana descubrimos también porque la llaman la ciudad de las flores, hay montones de cuidados jardines en toda la ciudad, los mausoleos y monumentos también cuentan con pequeños jardines, la ciudad es francamente bonita, aunque no te puedes quedar mucho porque cerca te esperan las ruinas de una de las ciudades más grandes de la antigüedad, Persépolis. Persépolis, ciudad construida por Darío I alrededor de 500 años a.c. y ampliada por Jerges y Astragerges, sucumbió destruida y quemada por las tropas de Alejandro Magno 200 años después, sus ruinas se encuentran en un estupendo grado de conservación y te sientes en medio del imperio persa dentro de ellas, son un monumento de los que dejan huella. Hacía calor pero merecía la pena. También fuimos a ver lo poco que queda de la antigua capital persa de Parsagarde y las tumbas escavadas en la montaña en Nak el Rustam.
Nuestra siguiente parada y merecía la pena hacerla tranquilamente era Yazd, decidimos no visitar Kermán y Bam (situación de la que me arrepentí años más tarde cuando fue destruida por un terremoto), las condiciones de seguridad no lo aconsejaban dada su cercanía a Afganistán. Yazd es una ciudad oasis única, situada en la confluencia de los dos desiertos de Dash-e Lut y Dash el Kavir, este último el temible desierto de sal que tanto temían las caravanas de la ruta de la seda. Ninguna otra ciudad de Irán tiene una fisonomía parecida, multitud de cúpulas redondeadas, combinan con las famosas torres de ventilación que se elevan por encima de los tejados, estas últimas mantienen un curioso y efectivo microclima dentro de la ciudad, la mayoría de las construcciones son de arcilla. Era maravilloso estar en uno de los enclaves que citó Marco Polo como uno de los puntos clave de la ruta de la seda. Nos tomamos nuestro tiempo en visitar la ciudad y sus mezquitas y nos dejó un gran sabor de boca.
Tras una parada en el curioso pueblo de Naim, donde departimos con algunos lugareños, llegamos al punto fuerte del viaje, al motivo junto con Persépolis del mismo, a Isfahan. Puedo asegurar que Isfahan es una de las ciudades más bellas del planeta, su privilegiado clima, sus palacios, sus calles, sus jardines, los puentes sobre el río Zayadeh, pero no sólo eso, el ambiente es excepcional, las familias toman el té en los jardines y en el verde adyacente al río, así como en las acogedoras teterías, donde se pelean por invitarte a uno y a fumarte una pipa con ellos.
sábado, 22 de agosto de 2009 Siriana dice:
Me encantó tu relato y además, muy interesante.
Muchas gracias Juancho!