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Viajero habitual
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Para hacer un paréntisis en mis relatos de Inglaterra, me atrevo a dar a luz unas anécdotas escritas hace años al regresar de un corto viaje a China, en la confianza de que al menos les harán sonreir.
UN CHINO EN MADRID
En recientes años, fruto de un giro en mis actividades, fuimos un grupo de Empresarios invitados a un corto viaje en China. El guía chino, que hablaba un español muy aceptable, tal vez con un ligero acento “chéli”... Había estudiado castellano en la Universidad de Pekín, pero realizó un viaje y una corta estancia en Madrid. Decía, que me relató el hombre sus “tribulaciones” a la llegada a España. Aleccionado de que si quería tomar café, debía ir a un Bar, entró en uno lleno de gente... cuando consiguió que el camarero fijara su mirada en él, dijo “un... café... con... leche..., pol... favol”... y contestó en voz alta, el camarero... “marchando!” a lo que el hombre, compungido, obedeció, y desapareció, ante el asombro de camarero y clientela. Siguieron sus desventuras... en China no se conoce el pan, todo acompañamiento de las comidas es con arroz o verduras, y nuestro esforzado guía observó que en Madrid, la gente por la mañana entraba en un cierto local y casi invariablemente salían con una especie de bastón bajo el brazo.
Deseoso de incorporarse a las costumbres locales, compró también una de aquellas cosas raras y muy ufano, con ella bajo el brazo, se dirigió a la Fonda dónde la depositó en un rincón de la habitación y... así al día siguiente y sucesivos, hasta que la Sra. que limpiaba la habitación le pidió las barras para alimentar animales. La confusión que debió expresar su cara, debió ser digna, de digamos... “Confucio”.
PANDAS
En este viaje a China venía con nosotros un Empresario del Norte de España, muy aficionado a regatear y a comprar las cosas a docenas. A pesar de las excelentes y variadas comidas que nos ofrecieron en todos lados, invariablemente, el postre era el mismo... sandía!. Gracias a éste Empresario, nos resarcimos algo, comiendo plátanos en el autobús, ya que en un mercadillo en el que nos detuvimos, observó que los plátanos por unidad, salían más caros que comprando el racimo entero... sin más comentarios.
También inundó el autobús de camisetas, que compró a menos de 100 pesetas, imaginen qué saldos... tuvo que revendérnoslas a mitad de precio... disimuladamente las fuimos tirando! Bien, en el entreacto de un formidable espectáculo de equilibristas a que nos llevaron una noche y en el hall del Teatro, había un pequeño puesto de souvenirs en que el producto estrella eran unos graciosos osos panda con pilas, que echaban a correr al dar una fuerte palmada. Con la ayuda del guía, fue regateando nuestro esforzado empresario, hasta conseguir un sustancioso descuento sobre un precio ya de por sí casi regalado. Le advirtieron que el trato final, sólo sería respetado, si la compra ascendía a unos 20 ejemplares, vamos, el stock total del artículo presente y reservas en el coche allí cercano. Dijo nuestro compañero, dejádmelo a mí, ahora vuelvo... y así, nos martirizó, vendiendo y cobrando y casi subastando los animalejos, incluso a otros turistas ajenos a nuestro grupo.
Atónitos los espectadores chinos, sin enterarse de la esquilma en la Fauna Nacional, que se estaba perpetrando en la platea del teatro. Finalmente, consiguió su propósito y renació la calma. En el avión de regreso, los numeramos y organizamos carreras de pandas por el pasillo, con gran entusiasmo de los chinos, sumamente aficionados a las apuestas. Finalmente, las apuestas subieron de tono y los esforzados trotadores fueron confiscados por las serias azafatas de Air China y después de una seria reprimenda... confinados –el Jumbo era mixto- al departamento posterior de carga.