Barcelona-Marruecos Sur 2003 - Marruecos - Viamedius - Una comunidad para viajeros como tú.

Barcelona-Marruecos Sur 2003

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Datos del viaje

Debido a que un grupo de amigos estaba deseando realizar un viaje al desierto marroquí y que después del ultimo viaje a Túnez, también yo y mi mujer Mª Luisa estábamos deseándolo, de manera que nos propusimos preparar un viaje a Marruecos con nuestros inseparables 4X4.
En septiembre se empezó a fraguar y por invitación o por auto invitación reunimos 9 vehículos con 20 personas. Decidimos realizar el viaje los primeros días de Diciembre por aquello del puente de la Inmaculada. En el ultimo momento se añadió un vehículo más y se dio de baja otro de los vehículos, por tanto el número de participantes se mantuvo estable.
La salida se estableció el día 29 de Noviembre en el Área del Llobregat cerca de Barcelona y a pie de autopista. A las 9 de la mañana todos estábamos con “los colores de guerra” y dispuestos a iniciar una nueva aventura en el país vecino. Un vehículo tuvo que volver para recoger la antena de la emisora, descuido que había que solucionar, pues en un viaje de este tipo es la única manera de estar en contacto permanente con todos los compañeros. Pasado Tarragona nos volvimos a encontrar con este vehículo y continuamos la ruta hasta Almería. Bueno, todos menos uno de los vehículos que fue duda hasta el ultimo momento. Después de la comida que realizamos en nuestra vieja conocida área de Fuente de la Higuera nuestro compañero rezagado nos llamo avisándonos que tenia problemas de temperatura en el coche. Un escalofrió nos recorrió a todos temiendo que no llegara a tiempo para embarcar. Finalmente 8 vehículos llegamos sin novedad al puerto de Almería y nuestra amiga Berta de Ferrimaroc nos facilito la documentación necesaria para el embarque. Pues si, el compañero rezagado llego finalmente sin novedad y por fin todo el grupo estaba junto y listo para realizar el salto al continente africano. La noche de navegación transcurrió sin novedad y con una placidez inusual para las fechas, pues el mar decidió tratarnos con mucho cuidado y en nada se parecía a la ultima vez que navegamos en invierno donde la navegación fue más que movida.
El problema apareció en forma de burocracia a la llegada a Nador (Marruecos). Resulta que la esposa de un compañero no tenia la nacionalidad española, cosa que ya sabíamos. Pero lo que no nos imaginábamos es que necesitara visado. Así que no le permitían la entrada en el país. Solo nuestra insistencia, el hecho de viajar en grupo y también gracias a la colaboración de Ferrimaroc, la policía de frontera decidió intentar si desde el Ministerio del Interior daban el visto bueno para la concesión de un visado temporal para que el viaje pudiera continuar. Finalmente y después de una larga espera tuvimos la autorización para entrar en Marruecos con nuestra amiga incluida. Gracias a todas las autoridades por su esfuerzo en que el visado llegara. Recordar que era primera hora de la mañana, domingo y tuvieron que llamar a Rabat para la autorización.
A las 10 hora española (recordar que Marruecos tiene una hora menos en invierno y dos en verano) iniciamos el camino hacia el sur y con intención de llegar al hotel Xaluca de nuestro amigo Tayeb, donde pernoctaríamos los próximos tres días mientras realizaríamos excursiones por los alrededores de las dunas de Merzouga. Para los nuevos en este tipo de viajes empezaron las sorpresas y descubrieron un país con una manera de entender la vida distinta a nosotros. Comimos de pic-nic en un pequeño bosque de eucaliptos una vez cogida la carretera que va desde Guercif hasta Midelt. Carretera esta que los que la conocen recordaran por ser de un solo carril y que durante 300 kilómetros se establece una dura competición al cruzarse con otro vehículo, por ver quien es el que se sale del carril asfaltado y baja al duro arcen de tierra, baches y piedras. Es muy peligrosa y solo la suerte, la pericia del conductor y el claudicar en muchas ocasiones evita un drama. Una vez en Missour repostamos y a partir de aquí se rompió el grupo. El más rápido cogió ventaja y gracias a que esperaron si no hubieran llegado con casi una hora de ventaja al hotel. Destacable fue el cruce de Er-Rachidia donde la carretera de salida de la ciudad estaba plagada de gente en bicicleta, sin luces que indicara su situación y por el medio de la carretera. Fue muy peligroso pero finalmente llegamos al Xaluca sin novedad y muy cansados. Pero en una exhalación y todo gracias al buen hacer de Tayeb y a su magnifico hotel nos encontramos totalmente reconfortados del esfuerzo del día. Unas magnificas habitaciones y una magnifica cena nos permitió todavía realizar una tertulia en toda regla delante de un buen te a la menta con Tayeb como maestro de ceremonia. También explicamos la ruta del día siguiente, donde seria el inicio del periplo por las pistas del desierto y bautismo para muchos de los participantes.
Bien, con los coches aligerados, por el equipaje dejado en el hotel, iniciamos la primera etapa 4X4 y esta empezaba en el mismo lugar donde días después el rallye Paris-Dakar empezaría la primera etapa de desierto. Nosotros íbamos ha realizar un bucle donde encontraríamos diversos tipos de firme que son representativos del desierto. Así había piedras, hamada, oueds (ríos secos), arena e incluso alguna primera duna. La comida transcurrió en un oasis también muy representativo del paisaje del desierto.
Sobre las 5 de la tarde ya estábamos en el hotel y todos sabíamos ya a lo que nos enfrentaríamos los próximos días. Algunos probamos el jacuzzi, la sauna o el masaje que el hotel ofrece, placeres que no deberían faltar después de un buen día de 4X4 para ser completo. Durante el día la temperatura era muy agradable, sobre los 20º, pero por las noches bajaba de forma notable, así que se hacia obligado alguna prenda de abrigo.
Este era un día especial, pues además de que íbamos ha ser acompañados por Tayeb, había llegado la hora de enfrentarnos a las dunas, uno de los sueños de cualquier aficionado al 4X4, y así demostrar nuestra pericia en conducir un todo terreno en un medio tan poco compacto como es la arena y con la dificultad añadida de las dunas. Podemos asegurar que enfrentarse a ellas y conseguir que tu coche avance entre muros de arena es una sensación y una inyección de adrenalina difícil de explicar.
Al principio recorrimos un inédito camino para acercarnos a las dunas, pero antes paramos en la cantera de donde se extraen el mármol con fósiles que es característico de Arfoud y sus alrededores. Allí nos enfrentamos con muchos niños que como siempre nos pedían regalos de forma compulsiva y que a los nuevos y nuevas en estos viajes les afecto anímicamente. Pero a todo se acostumbra el ser humano y si bien no te insensibilizas en otros viajes, lo ves con otros ojos e intentas venir con más cadeau para los niños.
Finalmente nos presentamos en el río de arena que transcurre por la parte norte de las dunas de Merzouga e iniciamos su recorrido. Ya se sabe, manos al volante, velocidad y adelante, ha demostrar que eso de circular por la arena también es para nosotros.
Esto fue así hasta que uno de los coches sufrió la rotura de un manguito y con el consiguiente calentón. Pero se le realizó una reparación de emergencia con una lata de refresco, una vieja cámara de neumático y unas bridas. Fue una reparación para salir del paso, pero funciono mucho mejor de lo esperado. Esta averiá cambio los planes del día y se decidió dejar las dunas para la tarde y acercarse hasta el albergue Tombouctou donde ya teníamos planeada la comida.
Allí nos esperaban para comer por todo lo grande y con música tradicional de postre. Este albergue es un viejo conocido de los que llevamos más años viajando por Marruecos. Esta sufriendo una fuerte transformación y mejora, de manera que un compañero que lo conocía y llevaba otro grupo se lo paso de largo. Su aspecto es imponente.
Después de la comida decidimos dejar el coche “tocado”, pues funcionaba, en el albergue y reubicar los ocupantes en otros coches. De esta forma decidimos adentrarnos en las dunas e intentar llegar al oasis que hay al pie de la gran duna. Con Tayeb como guía se inicio a pocos metros del albergue la ruta.
¡Ufffffff!..... ¡Impresionante!, todos disfrutamos como solo las dunas pueden hacer disfrutar. La emoción del recorrido nos hizo gozar a todos, incluidos los pasajeros que tenían claro que esto de subir y bajar dunas no podía ser bueno para la bilirrubina. (no tengo claro que es, pero suena bien).
Como no hay buen momento sin su contrapartida, esta apareció en forma de pinchazos y sobre todo con neumáticos desllantados debido a las bajas presiones que utilizamos. De todas formas hubo un líder destacado en estos menesteres que en total desllanto o pincho hasta 4 veces en todo el recorrido. Y lo peor seria cuando se hizo de noche, donde hasta tres vehículos casi al mismo tiempo estaban con problemas de neumáticos. Si difícil es circular por las dunas de día, más difícil es de noche pero de esta acabaríamos siendo expertos en el tema. Claro que antes, en la gran duna, intentamos trepar hasta su cúspide pero evidentemente no fue posible. Ella gano. También Tayeb nos invito a un te en el oasis, que fue muy bien recibido para apaciguar las gargantas resecas por las emociones y por que no decirlo algún que otro susto.
Finalmente el río de arena, si, si el de la mañana. Lentamente pero con la confianza que da el haber superado unos 25 kilómetros de dunas nos dirigimos hasta Merzouga y después de recoger el coche “tocado” nos dirigimos hacia el Xaluca, donde descansar de la aventura del día..... ¡Prueba superada!
Este seria un día de transición pero no por ello menos emocionante. Nos teníamos que preparar para realizar una etapa maratón. Ósea, dos días de desierto sin posibilidad de repostar combustible y sin contacto con ninguna ciudad. También abandonamos definitivamente el Xaluca por este viaje. Pero Tayeb nos acompañara hasta el destino del día, que no seria otro que las dunas de Ouzina donde dormiríamos en una jaima y tendríamos una cena típica con “mechui” incluido. (Mechui es un cordero cocinado al horno de tierra.)
Como los kilómetros a realizar no eran muchos decidimos dar prácticamente la mañana libre. La salida se estableció en el pueblo Merzouga donde iniciamos la ruta abandonando las dunas del “Erg Chebbi” definitivamente y viendo como se iban perdiendo a nuestras espaldas poco a poco. Después de comer, de nuestras provisiones en pleno desierto, iniciamos el último tramo del día. Tayeb nos dejo solos la ultima parte del recorrido, pues se adelanto para preparar nuestra llegada. Los últimos kilómetros fueron muy molestos debido al sol que se ocultaba delante de nuestros ojos. Fue una llegada deseada debido al cansancio que el sol nos producía en nuestros ojos y que dificultaba sobremanera la conducción llegando ha hacerla peligrosa. Prácticamente no sabíamos donde poníamos las ruedas de nuestros vehículos.
Llegar y ocultarse el sol fue todo uno y la temperatura empezó ha bajar en picado estableciéndose alrededor de los 0º a media noche. El lugar, ya conocido por los veteranos, era de postal. Las dunas, las jaimas y el sol ocultándose en el horizonte nos encandilo, pero había algunos que eran más prosaicos y exigieron su dosis de adrenalina y la encontraron enfilándose por las dunas hasta que la noche cayo como un pesado y negro manto sobre el horizonte y que hizo aparecer un cielo cargado de estrellas que competían en brillar como excitadas luciérnagas. Pensemos que la contaminación lumínica era nula, pues excepto el pueblo de Ouzina que habíamos dejado atrás y que no tiene luz eléctrica no había más que desierto y por tanto oscuridad total. Alguno tuvo que ser rescatado de la cima de una duna con gran regocijo por parte de todos.
La cena estuvo perfecta, la tertulia larga y agradable pero el frío era muy intenso. Finalmente el ajetreado día fue languideciendo lentamente y con la nueva experiencia que significaba dormir en una autentica jaima nómada de tela de pelo de dromedario pero.........que frío que hacia cuando asomabas la nariz fuera de las mantas. ¡Brrrrrrrrrrr!.
Un soleado y frío amanecer, aunque no exento de una belleza nos predispuso ha realizar la segunda parte de esta etapa maratón que tantas nuevas experiencias nos estaba ofreciendo. Después del típico desayuno nos dispusimos a iniciar la ruta del día, pero no sin antes despedirnos de nuestro amigo Tayeb, que nos daba todo tipo de consejos para la etapa que nos esperaba. Iba ha ser una etapa de unos 200 kilómetros de todo tipo de firmes y que ninguno de nosotros habíamos realizado en su totalidad. Tendríamos, pues, que confiar en nuestros GPS y saber interpretar sus indicaciones. En este tramo se pasan por varios lagos secos y hamadas donde pudimos exprimir un poco la velocidad de nuestros vehículos. Vimos zonas con abundante vegetación que daba al paisaje un inusual verdor. Cosa que nos sorprendió tanto a los novatos, porque era lo último que esperaban ver, como a los repetidores que comparaban el lugar con otros viajes. Parece ser que por fin había llovido en el desierto después de tantos años sin hacerlo. De hecho el verano del 2003 fue muy generoso en lluvias en todo el norte de África, mientras la vieja Europa se cocía con altas temperaturas, pocas veces vistas.
Atravesamos la población de Hi-Remlia donde nos salio el comité de bienvenida habitual compuesto de niños y niñas con su habitual deseo de regalos. A estas alturas ya nos hemos acostumbrado y después de repartir algo proseguimos el camino. El siguiente pueblo es Agoult donde se bifurca la pista. Siguiendo dirección este nos dirigimos hacia Zagora, pero después de este pueblo cayo sobre nosotros una tormenta de arena que dejo la visibilidad muy mermada dividiéndose el grupo en dos sin contacto visual entre uno y otro grupo. Solo las emisoras nos permitieron estar en contacto y solo el GPS nos permitió encontrarnos más adelante y reagrupar el grupo. Tal como apareció desapareció la tormenta dejándonos unas pinceladas de cómo debe ser una verdadera tormenta de arena en pleno desierto. En este ultimo pueblo, mientras lo atravesábamos, estaba jalonado de niños saludándonos y esperando nuestra generosidad.
Más adelante dejamos el rumbo este para dirigirnos hacia el sur, pues nuestro destino del día era Mhamid ya muy cerca del lago Iriki, objetivo final de nuestro viaje. Algún que otro pinchazo hizo más amenizo la ruta y hacia el mediodía nos encontramos con un control del ejercito Marroquí. Recordemos que estábamos muy cerca de la frontera Argelina y no hace muchos años todas estas pistas eran solamente de uso militar y totalmente prohibidas a los civiles y más extranjeros. Hacia el final de la ruta se supera un pequeño puerto de montaña con una pista muy pedregosa que da paso a una especie de olla rodeada de montañas. El interior es totalmente llano y muy polvoriento y en el centro hay un pozo. Si no es un antiguo cráter de un volcán al menos una vez dentro esta es la impresión. Para salir de él hay que subir otro pequeño puerto para pasar ya a ver a la lejanía el oasis que el río Draa produce con sus aguas. Así es como llegamos a Tagounite, donde repostamos combustible y donde tomamos la carretera que nos acercaría en unos 20 kilómetros al destino del día. Antes, otro control de la policía y a la entrada de Mhamid nos estaba esperando un representante del hotel para acercarnos rápidamente hasta él. ¡ Ahh!,llegamos de día y con luz.
Sobre el hotel solamente decir que estaba vació, que era nuevo y con una construcción tipo kasbha. Le faltaba vida, gente, ambiente pero se desvivieron por hacernos la estancia agradable. Antes de cenar todavía fuimos ha hacer una visita a Tagounite, porque Mhamid es un pueblo pequeño, sin vida y sobre todo oscuro en cuanto cae la noche. Pero tiene la virtud de ser el último pueblo antes del desierto argelino que se encuentra a poca distancia. El escritor y aviador francés Sant Exupery escribió en su libro Le Petit Prince que ha partir de esta localidad no había más que la nada y el que se adentraba en este vació se le daba por desaparecido.
Bien, hoy es el día del lago Iriki y para eso nos preparamos de buena mañana. Salimos pronto e iniciamos la ruta por los arenales que bordean el desaparecido río Draa. Digo desaparecido porque ahí el río es vencido por las arenas y por los kilómetros desde su origen. Seguíamos la traza que unos compañeros nos habían pasado por E-mail, pero de golpe perdimos la pista y finalmente tuvimos que marcarnos un fuera pista para acercarnos hasta el oasis Sagrado. Este el punto que precede a las dunas de Chegaga y que son la antesala del lago Iriki. No nos preocupamos por tener que improvisar fuera pista, bien al contrario fue toda una experiencia. Una vez en las dunas y siempre siguiendo el trazo de nuestros aparatos de navegación llegamos al esperado lago Iriki. El espectáculo que se presento a nuestros ojos fue inesperado, pero magnifico. Mientras nos adentrábamos por la llanura del lago seco, vimos en el horizonte como si fuera un espejismo unos puntos que se movían y que solo cuando estábamos cerca de ellos pudimos apreciar que era un rebaño de dromedarios que aprovechando el verdor del paisaje estaban pastando. Pero lo mejor fueron las pequeñas crías que mamaban de sus madres. Enternecedor. Fue un momento mágico y un magnifico broche de un objetivo que acabábamos de cumplir. Antes he dicho verdor, pues si, también aquí el lago se parecía poco al conocido por alguno de nosotros en otras ocasiones.
Fotos, carreras por el fondo seco del lago y la comida nos llevo varias horas hasta que decidimos iniciar la vuelta y rehacer parte del camino para volver hasta Tagounite y acercarnos por carretera hasta el destino del día que no era otro que Zagora. Como había quien no quería más dunas se decidió buscar la pista que transcurre más al norte, pero esta es muy pedregosa y después nos dimos cuenta que habíamos cometido un error. Lentamente llegamos al oasis Sagrado y ya de noche cerrada nos topamos con un control del ejercito Marroquí que después de verificar, vía radio, quienes éramos nos dio paso. Fue ahí donde gracias a que la cobertura de móvil se reestableció, recibimos una llamada de Tayeb que se interesaba por nosotros y nuestra suerte. Fue una agradable sorpresa. Finalmente llegamos al hotel de Zagora y otra sorpresa, nuestros mecánicos de todos los viajes nos estaban esperando y nos recordaban quedando con ellos para el día siguiente para los repasos habituales de nuestros vehículos.
Alrededor de las doce iniciamos otra etapa que nos llevaría hasta la ciudad de Tinerhir, pero antes, todos repasamos los vehículos y aprovechamos el tiempo dedicándonos ha soportar a los amables vendedores de artesanía y artículos para “giris”, que por todos los medios intentaron aligerar nuestras carteras, pero estas compras y consiguiente regateo también forma parte del viaje.
Finalmente el camino hacia Ouarzazate por el encantador Valle del Draa, donde el verde de los huertos y las datileras se dan la mano con los resecos alrededores. Solo gracias a la persistente corriente de agua del río Draa, que alimentada por las nieves del Alto Atlas, consigue de forma artesanal que los habitantes de este valle saquen de la tierra el sustento para vivir. En esta zona hay mucha gente de color que son los descendientes de los antiguos esclavos que eran traídos a través del desierto desde el África subsahariana.
Una vez en Ouarzazate las montañas del Alto Atlas nos muestran unas cimas totalmente blancas, muestra palpable de que el invierno esta más cerca cada vez. Nos surge la duda si esta nieve caída los últimos días no iba ha impedir nuestros planes, que no eran otros que atravesar el Atlas por Imilchil.
Pero de momento lo importante e inmediato era llegar hasta el hotel Bughafer de Tinerhir. La tarde seguía su curso velozmente y nuestras intenciones era llegar antes del anochecer. Al final objetivo cumplido y el hotel Bughafer, viejo conocido de alguno de nosotros, nos ofreció sus instalaciones con todo esplendor. La ocupación era muy baja y como siempre las habitaciones cumplieron con lo que esperas de un buen hotel.
Una vez instalados y antes de cenar nos dimos una vuelta por el centro de la ciudad donde vimos el concurrido mercado y alrededores.
Hoy era un día grande pues íbamos ha atravesar la muralla que es el Atlas por uno de los puntos más alto como es el puerto de Tizi-Tirherhouzine de 2.700 metros de altura, la duda seguía siendo su viabilidad después de las nevadas pues el puerto era una estrecha pista y con unos barrancos de infarto. Había quien no le parecía correcto arriesgarnos, pero como la aventura es la aventura, iniciamos el camino con la fe que te da la auto confianza en nosotros y nuestros vehículos.
Primero las famosas gargantas del Todra donde nos sorprenden con un peaje de 5 dh (0,50 €) por vehículo. Una vez solventado este pequeño escollo entramos de lleno en ellas y todos nos maravillamos por la obra de la naturaleza que ha realizado en este lugar. Aunque hayas estado en ellas siempre te impresionan. Todra es un desfiladero excavado por un pequeño río con caídas verticales de 300 metros y en el punto más estrecho con 10 metros de lado a lado. Hay unos pseudos hoteles muy precarios, pero muy auténticos.... Imaginaros su estrechez, que es el único lugar que conozco y donde los GPS no tienen cobertura. La temperatura este día era muy fría y no apetecía mucho pasearse por la garganta contando además que el sol todavía no había llegado al fondo de ella. Pero el día se presento azul, soleado y transparente pero muy frío.
La segunda sorpresa era que la pista que atraviesa el Atlas y que pasa por aldeas como Tamtattouchte o Ait Hani esta asfaltada y además es muy rápida. Antes era una estrecha pista muy pedregosa y que llevaba tiempo y esfuerzo en recorrerla. A partir de Ait Hani se divide y desaparece el asfalto. Nosotros tomamos la que se dirige a Agoudal ya en la vertiente norte del Atlas. Es a partir de este punto donde todo cambia. La pista es lenta con barro y atraviesa varios poblados donde el tiempo parece haberse parado. Por fin nuestros coches se enfrentan para lo que han sido diseñados y nosotros con un sin fin de mujeres y niños que se cuelgan de los vehículos para pedir su regalo. También nos sorprenden unos paisajes que parecen sacados de un reportaje sobre el Himalaya. Las viviendas son de barro y con el techo plano y formando totalmente una simbiosis con el paisaje, además las altas cimas están cubiertas de nieve dándole este aire de alta montaña y de frío. Por la pista van surgiendo niñas de pocos años cargados con bebes a sus espaldas. El peso las encorva de forma inhumana, pero también surgen por doquier estas mismas niñas, jóvenes muchachas, ancianas con unos increíbles haces de leña a sus espaldas lo que hace que vayan con la espalda totalmente torcida. Lo más increíble es que mientras tanto los hombres los vemos apoyados en las paredes soleadas de sus viviendas tomando el sol.
Todo el Atlas esta habitado por diversas tribus de beréberes. Son gente que vive del ganado (cabras y ovejas) y de los huertos que en primavera y verano cultivan en las orillas de los ríos. Si bien los hombres son los que cuidan del ganado, son las mujeres las que se cuidan de la casa de los niños y las que hacen crecer con mimo los huertos con sus cuidados. Los hombres también suelen emigrar o trabajar en labores lejos del hogar. Cerca, en Imilchil, se celebra una reunión anual, en el mes de septiembre, conocida como las Bodas de Imilchil. Consiste en una fiesta en la cual los hombres y mujeres buscan pareja para casarse, pues el aislamiento entre valles y aldeas hace, a veces, difícil el encontrar pareja. Las muchachas y ya no tan muchachas pueden dejarse seducir por el pretendiente, pero ellas son las que aceptan sin ningún tipo de coacción, llegando el caso de que si durante el invierno la convivencia no es soportable al año siguiente puede divorciarse. El gobierno marroquí intenta establecer vínculos según marca la ley, para ello enviá representantes para establecer una máxima legalidad en estas costumbres, pero los beréberes son un pueblo con costumbres muy distintas y con una idiosincrasia muy marcada. Recordemos que eran los habitantes originarios del Zagreb y asimilaron la religión musulmana, pero con un mantenimiento de sus hábitos y modo de vida tradicional a lo que ayuda el aislamiento en sus altísimas cumbres.
Nosotros seguimos la ruta hasta que llegamos al puerto, por suerte la pista la han ensanchado desde la ultima ocasión que pase por ella y si bien la nieve había hecho acto de presencia no era tanta como para impedir la circulación de nuestros vehículos. Eso si había que ir con mucho cuidado pues esta estaba helada y muy resbaladiza. Había la justa para disfrutar de ella. Por fin encontramos la carretera asfaltada que desde hace unos años comunica Rich con Imilchil, que es la capital del alto Atlas. Que no nos confunda el titulo tan rimbombante, Imilchil es un pueblo que poco a poco va creciendo pero nunca será una ciudad. Su localización en un altiplano a casi 2.000 metros de altura sin ningún tipo de riqueza y rodeado de lomas peladas y resecas hace que sea más un centro de emigración que de inmigración. Hay en el un colegio para los niños de las aldeas más aisladas, pero solo son los niños los que a ella acuden. Los padres no entienden que una niña tenga que ser escolarizada, ¡difícil les cuesta entender que lo tenga que ser un niño!.
Cuando llegábamos a Imilchil encontramos un grupo bastante numeroso de mujeres que estaba lavando la ropa en la misma carretera, donde las lluvias habían formado una charca de heladas aguas. Daba coraje ver esas mujeres, con las manos en las gélidas aguas, lavando. Finalmente, como era la hora de comer pactamos con un pseudo restaurante de Imilchil la comida para todos. Así por 5,00 € por cabeza nos iban a preparar tortillas de patatas, patatas fritas y pollo todo ello en abundancia y regado por te a la menta. Mientras lo preparaban nos fuimos hasta los cercanos lagos Islit y Tislit que, casualidad, era el día de la festividad de una Mujer Santa que esta enterrada en el Marabú del lago y que es la que da nombre al primer lago. Nos mezclamos entre el gentío y pudimos ver como la gente había sacrificado una ovejas y estas eran cocinadas por las familias con su correspondiente cus-cus. Se respiraba alegría y fiesta y la verdad que era muy parecido a nuestras romerías. Los chicos se dejaban fotografiar, pero las muchachas se escondían de nuestros objetivos haciendo infructuoso cualquier esfuerzo en dejarlas plasmadas en nuestras maquinas de fotos.
Hay una leyenda muy bonita sobre estos lagos y relata que había una joven y un joven de dos tribus beréberes distintas que se amaban sin conocimiento de sus familiares. Estos al conocer estas relaciones, que no aceptaban por rivalidad entre las tribus, las prohibieron. Los enamorados lloraron tanto la imposibilidad de su amor que murieron de pena y sus lagrimas llenaron los lagos. Dice la leyenda que aun hoy, después de tantos años, en las primaveras cuando los dos lagos, que distan unos siete kilómetros, se llenan de agua y se comunican es que los enamorados se dan la mano y demostrando que el verdadero amor perdura para siempre. Como veis es una leyenda que también existe en otras culturas, pero ¡que caramba! es bonita.
Finalmente el hambre hizo que nos acercáramos a comer donde nuestro “restaurador preferido” nos estaba preparando la comida. Esta fue muy amena y al final además del pago en efectivo aparecieron, cervezas, botellas de güisqui, vino y otros productos que esta gente aprecia por su escasez. ¿Qué el alcohol esta prohibido por su religión? Pues si, pero todo lo prohibido parece tener más valor. En todo Marruecos no es habitual las bebidas alcohólicas, pero hay hombres que lo aprecian y por lo tanto te lo piden a la que ven la ocasión.
Todavía nos quedaba un buen trecho hasta Midelt y por tanto iniciamos el camino cuando el sol estaba alto, pero la noche se nos hecho encima cuando estábamos cerca de la carretera nacional que va desde Fez hasta Er Rachidia. A las 20 horas llegamos al hotel que teníamos contratado en Midelt. El hotel estaba en obras y no había calefacción siendo además la noche que hizo más frío, llegando a helar de forma apreciable.
Iniciaríamos el camino hacia el barco a las 13 horas, por lo tanto teníamos prácticamente toda la mañana para comprar en Midelt. Fue una mañana de presiones por parte de toda una retahíla de guiás y vendedores que se peleaban entre ellos para ser, nosotros, sus clientes en exclusiva. Entre cuatro y cinco estábamos en Guercif donde comimos la mayoría en un restaurante a base de carne a la brasa. Buena carne y buena tertulia. Cuando nos dimos cuenta eran las 7 de la tarde y ya íbamos un poco apretados de tiempo y el camino sin ser exagerado nos llevaría su tiempo. Ya sabemos como es la circulación por estos lares. Vehículos de todo tipo, sin luces, por el medio de la carretera, en fin un camino peligroso, pero finalmente llegamos a Nador sin novedad y nos embarcamos en el Mistral para acercarnos ya hacia Almería donde iniciaríamos el camino de regreso a Barcelona.
Este el relato de otro viaje realizado a nuestro amable país vecino donde siempre somos bien recibidos y donde siempre podemos extasiarnos con la aventura y con todo lo que nos diferencia. Fue un viaje redondo y muy agradable lo que demuestra lo que hemos dicho en otras ocasiones, la mejor época para disfrutar de un viaje a África es en invierno, pero todos somos nosotros y nuestras circunstancias y estas, en demasiadas ocasiones no coinciden con nuestros deseos.
Como siempre digo y por ahora siempre he cumplido. ¡Volveré!

Xavier Preixens

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