Viaje en Toyota Land Cruiser a Tombouctou (I PARTE) - Mali - Mauritania - Viamedius - Una comunidad para viajeros como tú.

Viaje en Toyota Land Cruiser a Tombouctou (I PARTE)

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[*] Fundador - Viajero ocasional

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Datos del viaje

Hay dos tipos de personas, los que les gusta viajar y los que solo ven inconvenientes en este hecho. Es evidente que nosotros somos de los primeros. El ser humano siempre ha viajado, bien por necesidad y/o obligación, y desde la espectacular mejora de las vías de comunicación y de los medios de transporte, también se viaja por placer. Pero viaje como se viaje, para que se viaje y donde se viaje, de lo que si que estamos convencidos es que viajar nos enriquece como personas y sobre todos nos hace más tolerantes y comprensivos hacia gente de otras culturas.
Este viaje se planteo como un viaje de aventura en periodo de vacaciones, pero los kilómetros, el recorrido, la duración, el clima y la convivencia lo transformo en un duro viaje de aventura. Que es en definitiva lo que fue.
Después de muchos viajes y siempre buscando dar una vuelta de tuerca a nuestras inquietudes, pensamos que teníamos que penetrar más en África y ampliar nuestro conocimiento de este fantástico continente. Hemos viajado con nuestros vehículos todo terreno por Marruecos, Mauritania y Túnez, y conocemos desde las pedregosas pistas del Atlas hasta las dunas del sur tunecino, pasando por las playas de Mauritania. Ahora queríamos pisar el Sahel y ver su verdor en la época de lluvias y además llegar a la más mítica de las ciudades africanas, Tombouctou.
Todo esto requiere esfuerzo y sacrificio, y el relato que viene a continuación demuestra que todos pusimos estos ingredientes en nuestro viaje y seguramente algo más, pero solo si después del tiempo de descanso queremos más, querrá decir que todos los esfuerzos no fueron en vano.
Como todo viaje de estas características, lo catalogamos como un viaje de aventura. ¿Como no catalogarlo así? si iban a ser 14.000 kilómetros previstos, de los cuales unos 1.400 serian por pistas. Sabíamos que encontraríamos barro en el sur de Mauritania y en Malí, debido a que estaríamos en épocas de lluvias en aquellas latitudes. Y nuestras previsiones se confirmaron… y la lluvia no falto a su cita. También el viento seria nuestro compañero de viaje durante gran parte del recorrido de la costa del Atlántico. Eran los alisios que soplan de forma casi permanente del NE. Otro obstáculo seria las altas temperaturas en algunas zonas del interior de Mauritania, pero no fue el calor el más remarcable de los obstáculos que nos íbamos a encontrar. ¡Ah! contábamos con 30 días para el desarrollo del viaje.
La expedición la componían cinco vehículos 4x4 Toyota Land Cruiser de varias versiones y antigüedades distintas. Los participantes la formábamos 12+1 personas y en principio se iba a regir por el principio de decisiones consensuadas.
Todo viaje tiene un inicio predecible, pero un desarrollo y un final impredecible. El viaje que se refiere este texto, participaba de este principio, pero el inicio no fue del todo predecible, al menos en mi persona, tuvo un desarrollo con sorpresa y un final tal como nos lo esperábamos.

I parte

Por la Península

Todo empezó el viernes 28 de julio del 2006, día de inicio del viaje. Ese día todos los participantes fueron saliendo hacia el puerto de Algeciras en función de sus horarios de trabajo y de sus posibilidades. Todos teníamos tiempo suficiente, porque teníamos previsto que el día de embarque hacia Marruecos seria el domingo, día 31 de julio. Pero ya se sabe que en un viaje que lleva meses de preparación, las ganas de iniciarlo es tan fuerte que todos decidimos adelantarlo lo antes posible.
En nuestro caso queríamos iniciarlo por la noche, alrededor de las 22 horas y después de la jornada de trabajo. El vehículo estaba esperando desde hacia varios días en el interior del garaje. Todo cargado y solo dispuesto a recibir la orden de marcha. Pero los imprevistos aparecen cuando menos lo esperas y en esta ocasión el destino quería que este fuera el momento en que surgiera un preocupante problema.
En principio el vehículo se negó a arrancar, pues su batería principal parecía estar casi totalmente descargada y era imposible que con la energía que le quedaba pudiera mover el motor eléctrico que haría mover los cilindros del motor. Pero la batería de otro coche permitió que el motor del LC cobrara vida. Hasta aquí todo bien, solo pensamos que la batería principal se había descargado, sin saber a ciencia cierta el motivo. Tampoco queríamos parar a pensárnoslo.
Pues bien, una vez el motor había tomado vida, últimos abrazos y varios “buena suerte y buen viaje” nos despidieron para la aventura que había empezado meses atrás con la preparación, pero que ahora se iban a materializar.
A los pocos metros de salir nos percatamos de que los faros hacen una luz muy mortecina y al unísono todas las alarmas se dispararon. -“¡Hay!… ¡Hay!… que el alternador no carga…”- Inmediatamente llamamos a un compañero de viaje experto en mecánica y nos confirmo que la sospecha era fundamentada. Parecía que el alternador no cargaba.
Toda la euforia cayó precipitadamente y la peor sospecha planeo sobre nosotros. Pero… como una cosa es la sospecha y otra la confirmación, nos dispusimos a llevar el vehículo al taller. Para eso llamamos a la asistencia del seguro que, una vez con nosotros, en un santiamén arrancó el vehículo y… al comprobar la carga de la batería principal, se confirmo que esta era negativa. Pero… al comprobar la batería secundaria, ¡se disparo la euforia! Esta segunda batería si que recibía carga del alternador. Por lo tanto hicimos la lógica deducción de que el alternador esta en perfecto estado, pero que por una causa desconocida no lleva corriente a la batería principal.
Una vez en el taller de nuestro amigo, y después de varias comprobaciones, decidimos hacer un puente de la batería secundaria a la principal, de manera que esta también recibiera carga. Como todo parecía volver a sus cauces, decidimos que había que anular la alarma y el viaje podía, por tanto y por fin, ser iniciado. Desde aquí gracias a Jordi y a Boris por su interés y su esfuerzo en que esa noche iniciáramos el viaje. Sin ellos el viaje se debería haber anulado o en el mejor de los casos retrasado. Pero nada de eso fue necesario.

A las 2 de la madrugada del día 29 iniciamos la ruta prevista. Tarde, pero contentos de que fuera posible realizar el viaje. Cosa de la que habíamos llegado a tener serias dudas. Toda la noche circulamos hacia la que era la primera meta. Esta era la, ya habitual en estos viajes, área de la Font de la Figuera en el limite de Valencia. Allí nos esperaban otros dos vehículos con 6 personas más. Ya éramos un grupo de 4 vehículos y 10 personas. Contentos por el encuentro, pero sin pausa, seguimos hacia Tarifa, donde teníamos previsto pasar la noche ya todos juntos. Otro compañero con su familia, que se encontraba en un pueblo de la provincia de Almería, insistió que pasáramos por allí para comer con su familia, cosa que aceptamos todos menos uno. Este se adelantaría hacia Tarifa para prepararnos la llegada.
Una vez en este pueblo fuimos a bañarnos en una piscina natural cercana y después de refrescarnos y de una magnifica comida, que nos habían preparado los padres de nuestro compañero, retomamos la ruta que ya seria definitiva para ese día. Desde aquí también gracias a los padres de nuestro amigo y como no, también a él y a su familia, por el recibimiento y sus desvelos para que la corta, pero intensa, estancia fuera una magnífica experiencia.
Al atardecer, y después de atravesar media Andalucía sin problemas, estábamos ya cerca de Tarifa y nos acercamos hasta la playa, paraíso de hippies y de surferos, donde íbamos a pernoctar en un ambiente muy ácrata. Ya por fin estábamos juntos y el viaje en grupo empezaba a tomar forma.

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