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Viajero habitual
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Aquí asistirá el lector a las páginas de un díario inconcluso, se caragaran días sin orden lógico, jornadas inconexas, pero llenas de sentido...
Día 1
La confrontación de los sueños con la vida real es un hecho que puede resultar devastador si no se esta lo suficientemente preparado para ello y aunque se estuviera; como lo es mi caso, el hecho resulta de una dureza cruel, tanto que pone a tu corazón a tambalear en una cuerda creyendo que vas a caer al vacío y de allí nadie te podrá sacar.
Estos sucesos de confrontación suceden en todas las esferas, académicas, laborales, sentimentales, pero pienso que con algo tan puro y sentido como son los sueños que se vienen alimentando tanto tiempo resulta casi escabroso, lo tienes ahí en la punta de tus narices y pareciera que se hace añicos, pero esto es lo interesante, llegar a la cima, casi tocarla y entonces pensar que es una ilusión. Mi anhelo de recorrer Suramérica en bicicleta estaba alimentado desde hace mucho tiempo atrás y todos estos días trataba de recordar cuando fue que este empezó a gestarse. Había creído que fue cuando descubrí en la Internet la historia de aquel español que decidió llegar hasta Estambul desde su casa, un viaje que no duraría demasiado dada la distancia, pero que termino siendo de cuatro años de duración y con una vuelta al mundo.
Y es que así son las cosas, los bellos sueños alimentados de la más pura sinceridad. Pienso en aquel español y en cuan vasto vería el mundo desde la frontera entre Asía y Europa, cuantas baterías no tendría para estar en ese otro borde, ese abismo lleno de posibilidades. Pienso también en la frase del desesperado kafka que nos dice: “A partir de cierto punto no hay retorno posible, ese es el punto al que hay que llegar”. Así entonces quedo la historia del español, como una especie de germen para mí, pero ahora en estos días que ya surco el camino y hurgo en mi memoria creo recordar cual fue la semilla de todo.