Carona Brasilera  - Brasil - Viamedius - Una comunidad para viajeros como tú.

Carona Brasilera

[Jacho]

Jacho

[*][*] Viajero habitual

  • Aportaciones: 22
  • En viamedius desde: 17/06/2007
  • Último login: 27/08/2008
  • Ha escrito sobre 3 pais(es)
  • más sobre Jacho

Resultado sobre 1 votación: [1][2][3][4][5]


Datos del viaje

Carona, hechar dedo, hacer auto stop, piratear, tomar un aventón, dar cola. Son muchas las formas de decirlo y siempre el mismo objetivo, estar en la carretera y ser llevado de un punto a otro por un automovil que nos conceda la gracia. Mi viaje sobre dos ruedas a tenido este sistema un par de veces y en un principio sentia que me traicionaba cuando utilizaba esta forma de desplazamiento, pues la idea era siempre mantenerme sobre la bicicleta. Pero el camino te va mostrando que las cosas pueden mudar y no es para nada una derrota cuando debes utilizar este sistema para moverte de un punto a otro. Aveces las condiciones no son las más apropiadas y no viene de más una ayuda. Quiero en este escrito dar cuenta de las tres caronas que he pegado aqui en Brasil. Las traigo a colación por que cada una de ellas es bastante particular y tiene su historia propia, cada una fue un acercamiento a la gente desde otro punto de vista, desde otro trato.

Primera.
Fue en el estado de Amazonas a la entrada de la mítica reserva indigena , digo mítica pues mucho me habían hablado de este trayecto, de sus peligros, de su extención. Mucho se decia de este pedazo de camino. Las malas historias me fueron infundiendo un miedo que repugnaba, el miedo no es un buen compañero en este viaje y creo que la batalla con el ha sido ganada por el momento. De la reserva se decía todo tipo de cosas. Primero hay que anotar que es un espacio de 120 kilómetros que se debe cruzar sin parar pues no esta permitido hacerlo, esa entre muchas restricciones que tiene aquel lugar, tampoco esta permitido tomar fotos, se debe tener sumo cuidado con los animales que por alli transitan; aunque la verdad no vi ninguno en mi paso. A cada momento hay carteles con todo este tipo de prohibiciones, es un poco azaroso el paso por allí. Se decia también del peligroso ataque de los indigenas con flechas y todo, era toda un película mal montada.

Recuerdo que el día anterior había dormido muy cerca de la reserva, con la intención de leventarme temprano en la mañana y cruzarla, pero el fantasma del miedo asechaba y decidi que sería mejor pedir la ayuda de alguien para cruzarla, pero no es lo mismo ir con una mochila al hombro y pedir a alguien que te lleve en su carro a que te lleven con una bicicleta, alforjas y todo tipo de equipaje. Me ubique a la entrada de la reserva, en plena carrtera y sentia gran temor de meterme en esa boca del lobo, la reserva posee bastante vegetación a lado y lado del camino y es en verdad como si entraras en las fauces de un gigante animal que te fuera devorar, tal vez le estaba poniendo demasiada sal al asunto. La cuestión fue que ningún auto me quizo llevar y despues de esperar un tiempo nada que hacer, como reza la bueba frase, solvitur ambulando, se soluciona caminando. Entre a la reserva y con ese temor que infunden los carteles fui avanzando lento lento, es un tramo que por tener restricciones posee muchos huecos, la reserva se abre para el transito a las 6 am y se cierra a las 6 pm. Tenia siempre en mente esos 120 kilómetros que debía hacer, no sabía si seria capaz de hacerlos. De repente aparecio una camioneta negra que decidio parar ante mi señal de aventón. Me sorprendio bastante porque era bastante dificil que lo hiciera, iba a una velocidad bestial.

Lo interesante era lo que pasaba allí adentro. Iban tres hombres, uno mayor, otro no tanto y un joven. El mayor y el joven eran parientes, tio y sobrino, el otro era un amigo cercano. Estaban cumpliendo el tramo Boa Vista – Manaus, un trecho bastante largo como casi todos en Brasil, unos 760 kms. No iban para nada de paseo, de hecho la tragedia los llevaba de viaje, la madre del hombre mayor había muerto, les avisaron muy temprano en la madrugada y con la ayuda del amigo que puso su carro a dispocición emprendieron viaje. La melancolia se sentia en ese carro, los ojos humedos del viejo que no dejaba de recordar a su madre, todo este teatro mojado por alcohol, la bebida acompañaba el camino, tambien los cigarros que fumaba sin parar, la tristeza se dibujaba fuertemente en su rostro. En ciertos pasajes del recorrido hablamos sobre los ritos funerarios, de como recibimos a la muerte y no es nada grato tenerla presente. El viejo no dejaba de decir, “mi madre ha muerto”... su buen amigo le daba algunas palmadas en el hombro y subia el volumen del radio que tocaba una música medio melancolica también, aquel fue un camino con la parca.

Segunda.
En brasil estuve de aniversario, cumpli años. Nunca le pongo atención a estas fechas, recuerdo lo que decia Sartre, aquello de que celebramos un año menos de vida, un año en que nos acercamos más a la muerte. Pero en este viaje decidi que no quería pasar mi cumpleaños en cualquier lugar de la carretera y empece a hacer cuentas para ver donde podía recibir la llegada de los años. Me encontraba relativamente cerca de la ciudad de Fortaleza, eran casi unos 200 kms y pense que haciendo una buena cantidad en bicicleta luego debería pedir una ayuda para llegar a mi destino y celebrar como es debido.

Vota este relato:

¿Has estado en este lugar y quieres publicar un relato?