Viajero ocasional
Resultado sobre 1 votación: ![[1]](/img/star.png)
![[2]](/img/star.png)
![[3]](/img/star.png)
![[4]](/img/star.png)
Mientras me encamino hacia San Andrés por la cuesta que baja hasta el Santuario, observo con atención el suelo atenta a no pisar ningún alma en pena. Ya es bastante triste estar condenado a vagar sin rumbo por este mundo, como para que encima te aplaste un humano descuidado.
Y es que las reglas aquí son sencillas: A San Andrés de Teixido vai de morto o que non vai de vivo. Y esto significa que una vez muerto sin haber visitado el santuario, tienes dos posibilidades para alcanzar la gloria eterna. O bien adoptas forma de lagartija, serpiente, rana, ratón o cualquier otro bicho inmundo de esta calaña y te arrastras desde tu tumba por caminos y veredas desconocidos (con todo el peligro que eso entraña) o bien (segunda opción) recurres a un familiar o amigo.
Esta segunda opción es la más interesante. Como amigo o familiar, si en sueños se te aparece el alma en pena del difunto, nada de hacerte el longuis. Tienes la obligación moral de acompañarlo en su penitencia. Vas al cementerio, das tres golpes con el bastón en su tumba para llamarlo y te vas de paseo con el difunto en su peregrinación virtual. Es importante, si te decides por esta opción, que durante el camino hables con él y/o cantes continuamente a grito pelado para que no se pierda o despiste y vaya a dar a un centro comercial o cualquier otra manifestación de infierno. De todos es conocido que las almas no ven bien, pero oyen de miedo.
Una vez en el santuario, rezas por el difunto, dejas tu donativo, enciendes una velita y santas pascuas. Aquí paz y después gloria.
Ya liberado de la pesada carga espiritual, nos toca disfrutar a los vivos. Y es que aquí han pensado en todo.