Viajero ocasional
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Castillos en el aire….. 16 al 26 de agosto de 2007 A mis chicas, “gratamente” 10 días, 4.000 km y más de 300 fotos. No se trata de un récord Guiness, se trata de un viaje que empezó como una aventura, en coche, y con un trayecto más o menos definido, y se ha convertido en uno de los viajes más interesantes de mi Diario Viajero. ¿La compañía? estupenda, sin duda, mi amiga y su hija, a las que dedico este diario.
Así que… ¡allá voy! La salida fue el 16 de agosto a las 8 en punto de la mañana. Desde Castellón hasta la frontera con Francia en la Junquera, por autopista se tarda unas 4 horas, y unos cuantos peajes (prefiero ni contarlos, ya se que esto no es nada informativo, pero…). Cuando llegamos a la frontera, vimos en el carril derecho, cientos de coches con matrícula francesa que hacían cola para comprar tabaco y alcohol español por arrobas.
Más tarde compré tabaco en Francia y entendí el por qué de las compras masivas de los franceses: el precio de la cajetilla es justo el doble… ¡Viva el mercado común!. Entramos en la France sin muchas retenciones, y nos consolamos viendo las colas kilométricas que llegaban a los 50 km antes de la frontera, en dirección contraria para entrar en España. Nuestra primera parada era la ciudad-fortaleza de Carcassone, reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997.
Llegamos casi a las tres de la tarde, una buena hora para comernos el bocadillo de tortilla que no volveríamos a probar hasta el regreso de nuestro viaje por la France. Justo al lado de la entrada del recinto amurallado, hay un parking, en el que se paga por dejar el coche. No hay más remedio, Carcassonne es uno de los sitios más visitados del país y ese día estaba hasta la bandera!. Antes de entrar, dimos un paseo por el cementerio local, que se encuentra justo a la izquierda de la entrada principal.
Los cementerios franceses, tan cuidados y tan limpios invitan al paseo. En todas las tumbas vimos placas de cerámica con frases “lapidarias”, nunca mejor dicho, flores de plástico y todo tipo de fotografías y recuerdos, de mejor y peor gusto, recordando a los difuntos. En otros lugares, los cementerios suelen ser más tristes y austeros, pero en Francia, los decoran y los cuidan tanto o más que sus jardines. Cuenta la historia que el nombre de esta ciudad medieval, tiene su origen en una mujer que se llamaba Carcas. En la época en la que esta ciudad estuvo sitiada, esta “heroína” decidió tirar cerdos cebados por las murallas, para que los enemigos pensaran que no pasaban hambre sino todo lo contrario.