Viajero ocasional
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Fin de semana rojo Valentino, rojo pasión, y recién cumplidos los 40. Lo tuve muy claro desde el principio, mis 40 primaveras no caían en saco roto, maleta de fin de semana, mucho amor y muchas ganas de patear de nuevo la ciudad del AMOUR, con mayúsculas.
Así que con el billete de Ryanair, comprado con bastante tiempo de antelación, nos plantamos en París, la noche del viernes 15, dispuestos a cargar las neuronas de amor y glamour parisino. Con Ryanair, los aeropuertos más cercanos a la capital de Francia, están vetados. Hay que aterrizar en Beauvais, a 80 minutos de París y contratar por 13 euros por trayecto y persona, un servicio de autobús que desde la misma puerta del aeropuerto, te traslada hasta el Palacio de Congresos de París, cerca de la parada de metro de Porte Maillot, en la línea de metro amarilla, cerca de La Défense.
En resumen, entre el trayecto en coche hasta el aeropuerto de Valencia, el vuelo a Beauvais, el autobús a París y el metro al hotel, la broma sale por más de 6 horas!!! Pero bueno, lo importante fue llegar a tiempo de cenar unas buenísimas crèpes cerca del hotelito al que siempre acudo, porqué está céntrico, en zona tranquila y animada a la vez, y por un precio inmejorable: 55 euros la habitación doble con baño en la habitación, todo un lujo en una ciudad donde la tarifa no baja de los 90 euros.
El hotel se llama HOTEL DE LA TOUR, se encuentra ubicado en Boulevard Edgar Quinet, nº 19, en el distrito XIV, muy cerca de la gran torre de Montparnasse. No tiene página web, y la única manera de reservar habitación es llamando por teléfono: 00 33 1 43 27 64 50. Se trata de un hotel sencillo, pero limpio y con dueños muy agradables. Además está en el boulevard Quinet, donde hay un montón de restaurantes y bares, sobre todo restaurantes bretones, donde la especialidad son las crepes dulces y saladas, regadas con sidra de manzana o de pera. Antes de cenar, fuimos a dejar las maletas a la habitación y para ello, tuvimos que ir a recoger las llaves al bar de la esquina, llamado Liberté, con la mismísima pinta que el bar protagonista de la película Amelie (mi preferida, por cierto).
Allí nos esperaba el dueño sonriente, con un sobre a mi nombre que contenía las llaves. Son este tipo de cosas que parece mentira que puedan pasar en una gran ciudad como París, pero así fue, con las llaves nos fuimos a nuestra habitación a descansar para patearnos la ciudad, al día siguiente, por los cuatro costados. Sábado 16: Desde Eiffel hasta Montmartre, pasando por….. Mi primera reacción imperiosa al despertar fue correr la cortina para ver el color del cielo. Sol brillante, cielo azul y ni una sombra de nubes. Nos esperaba un día radiante para visitar la ciudad de los tortolitos amorosos.