Viajero ocasional
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Nicaragua, un país en busca de la ilusión perdida
Agosto 2006
Cuando decidimos ir a Nicaragua toda la gente con la que pudimos contactar para obtener información había estado allí colaborando en algún proyecto de cooperación internacional. Así mismo los nicaragüenses que tuvimos la oportunidad de conocer no entendían que nuestro motivo para ir a su país fuera "pasear", simplemente pasear y visitar. Están tan acostumbrados a que los extranjeros vayan a "cooperar" o trabajar que se sentían muy alagados al pensar que alguien fuera por el mero placer de conocer su país. Quiero dar las gracias aquí a todos los cooperantes que nos ayudaron a idear nuestra ruta antes de partir, así como a los muchos otros que fuimos encontrando durante el viaje.
Salimos de Barcelona como siempre, con un billete de ida y vuelta, la reserva del primer hotel en Managua y mucha ilusión.
Sobre Managua... la verdad es que nos asustaron tanto, que fuimos con la intención de pasar la noche y "huir" al día siguiente. En el hotel Estancia La Casona http://www.estancialacasona.com estuvimos de maravilla. Lo curioso es que yo pensé que la mala fama de la ciudad seria viéndola desde fuera, en las guías, pero la sorpresa fue que esa primera noche en el hotel, para ir a cenar a un restaurante a cuatro cuadras de distancia, casi nos obligan a tomar un taxi (cosa que no hicimos), quiero pensar que el motivo era evitar la más mínima posibilidad de que nos pasara nada, pues tampoco estábamos en mala zona. Los nicas realmente hablan de su capital como si del farwest se tratara, la ciudad sin ley, no dejan de advertirte y aconsejarte sobre los peligros de andar solos, incluso en bus. Parecería que lo único seguro para evitar un rapto o algo peor seria desplazarse en taxi de puerta a puerta. Nosotros no tuvimos esa sensación. Al día siguiente nos fuimos pero antes de volver a casa, al final del viaje, pasamos allí un día entero, andando, comprando, tomando buses, sin problemas.
Como siempre y en todas partes del mundo, andar atentos, ser prudentes, no alardear de nada, no mostrar innecesariamente cosas de valor y dentro de lo posible pasar desapercibidos.