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Florencia, un momento

[chucky]

chucky

[*] Fundador - Viajero ocasional

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Datos del viaje

Al margen de la ruta que seguimos, los paisajes o monumentos que visitamos, las fotografías de recuerdo y las relaciones humanas que entablamos, cada viaje tiene un momento, personal, único e intransferible. Un instante fugaz en el que sientes que lo que te está ocurriendo no lo vas a olvidar jamás.

Florencia, mayo del 2002
Iniciamos el viaje Barcelona-Pisa, volando con la compañía Gandalf, en un avión con capacidad para 40 personas aproximadamente. Realizar el trayecto por la mañana, a poca altura, en un aparato de pequeñas dimensiones, en el que percibes la sensación de vuelo, los movimientos del viento, es fascinante. No podía empezar mejor. La opción de volar Barcelona-Roma en avión convencional resultaba mucho más anodino.
De Pisa a Florencia en tren, te vas familiarizando con el paisaje toscano.
Nos instalamos en una casa particular, fuera del centro urbano.
Los días que siguen vamos visitando lo típico: Duomo, Ponte Vecchio, el David, Santa Maria Novella, el Palacio Pitti; lo que más me gustó fue la pequeña capilla Brancacci en la iglesia de Santa Maria del Carmine.
El mercado central es cautivador: !las primeras cerezas de la temporada! !los mejores parmesanos regianos! olores, colorido, pequeños bares, cafés y pizzerias.
Jornadas de paseos, visitas (masificadas y largas colas a veces, para qué engañarnos!), comidas y descansos en las plazas (siempre animadísimas).
El penúltimo día decido levantarme temprano, muy temprano... quiero ver la galería de los Uffizi sin gente. Sólo Josep y Antonio, de los siete que éramos, comparten mi locura. Optamos por ir andando desde la casa, sin prisa, improvisamos la ruta, nos perdemos varias veces. Un par de chicas colombianas que van a trabajar, nos acompañan hasta la parte antigua. Los Uffizi están cerrados y NO van a abrir el día 1 de mayo. Nos quedamos un rato sin reaccionar delante de la puerta, después nos sentamos en las escaleras para digerir la decepción.
Son las 8 de la mañana y optamos por ir a tomar un capuccino a la Plaza della Signoria. Cabizbajos y somnolientos vamos recorriendo las calles vacías, pero... una inesperada sacudida nos hace reaccionar: un estruendo de campanas, que no sabemos de dónde proviene, retumba por toda la ciudad e improvisa un concierto ensordecedor y agradable a la vez. Nos miramos sorprendidos, las calles solitarias, recién regadas, el sol resplandeciente, la música... nos paramos, perplejos y emocionados. Tengo la profunda sensación que las calles, la luz y el sonido existen sólo para nosotros: es mi momento, mi Florencia, mi viaje.

El capuccino me supo a gloria, nuestras caras irradiaban felicidad, la ciudad despertó con nosotros. No llegamos a visitar la galería de los Uffizi, pero no me importó porque ya tenía el mejor recuerdo del viaje: la magia de un instante, que no sale en las fotos, ni en los vídeos, ni en las guías... bueno, sí, quizás en forma de relato en alguna página web como ésta.

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