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Madrid - Mont Blanc

[angelcalle]

angelcalle

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Datos del viaje

Textos de Angel Calle http://www.geocities.com/torpedus

Cuando partí de Madrid, persistían aún las mismas dudas que tenía antes de montarme, de manera definitiva, en mi pesada bicicleta; no conseguí hacerlas desaparecer hasta que vi cerca el Pirineo, y con la casi certeza de que conseguiría tarde ó temprano este objetivo. Las noches eran al aire libre y la jornada empezaba bien temprano; cuando los primeros rayos de sol hacían su trabajo y me demostraban parte de la fuerza que pueden alcanzar durante este estival cielo español. De hecho, y contra lo previsto, noté pronto unos ciertos picores debidos a las calenturas que estaba sometiendo a mi piel; se hizo notar en exceso en el lado derecho y más concretamente en el brazo, con una quemadura que no vi escamarse en ningún momento durante la travesía de oeste a este que hice del Pirineo. También se me quemaron los labios de la boca; pero enseguida me olvidé de ellos cuando empecé a pasar jornadas de lluvia y frío (al menos, para la época del año en la que estaba). No tuve más remedio que comprar una tienda de campaña; la mala noche que pasé debajo de una arboleda durante una fuerte tormenta a mitad de camino de la subida a Luz Ardiden no la olvidaré fácilmente. Mi primera experiencia como cicloviajero hizo que, en mis primeras jornadas de Pirineo, retomase algunas decisiones que no había considerado en mi partida como fue la lluvia, el ineficaz transportín que me vi obligado a cambiar en Lourdes y no había probado antes de partir, mi insistencia en acomodarme en un camping para disfrutar de una buena y merecida ducha con agua caliente (el agua en los ríos estaba congelada) y dejar de planear rutas con un destino final para parar según se me antojase y siempre con la mirada atenta al cielo por si no me acompañaba el tiempo. No me arrepiento del recorrido que elegí y me remonté a los puertos de la Pierre St Martin, Marie Blanque, Aubisque, Soulor, Hautacam, Luz Ardiden, Boucharo (Gavarnie), Tourmalet, Aspin, Cap de Long, Azet, Peyresourde, Superbagnières, Portillon, Menté, Portet d´Aspet,Plateau de Beille y Chioula.

Era mi oportunidad de conocer igualmente los Alpes y tomé la acertada decisión de acabar mi periplo pirenaico para dejarme llevar hacia unas montañas que me producían cierta admiración desde la lejanía en España. Necesité tres kilométricas jornadas para plantarme en el Ródano y tomarme un merecido respiro; Fueron jornadas duras porque el aspecto psicológico empezó a mermarse, y me surgían ciertas dudas sobre lo que estaba haciendo, además de la soledad que sentí cuando llegué a las concurridas playas de Narbonne. El pedaleo cerca de las montañas me daba más placer porque además encontraba más apoyo y conversación.

Cuando decidí disfrutar de los Alpes, no dudé en no dejarme pasar un puerto que me entusiasmó cuando lo vi en una película cómica en la televisión: el Col du Parpaillon. Los puertos son muy largos y en alguna ocasión he hecho la burrada de hacerme dos en el mismo día; no conocí a nadie que hubiese hecho lo mismo. El tiempo acompaña. Me produce una gran satisfacción subir casi siempre por encima de los dos mil metros e igualmente alcanzar cumbres míticas en el ciclismo como son Vars, Izoard, Agnello, Sestrières, Montgenèvre, Latauret, Galibier, Croix de Fer, Glandon, Madeleine, Val Thorens, Petit St Bernard, Cervinia, Grand St Bernard, Forclaz y Montets. Me surgió la curiosa motivación de alcanzar cotas aún más altas; estaba batiendo records personales de altura que ni siquiera había alcanzado nunca caminando a pie. El mal tiempo no se hizo esperar y padecí del estómago cuando batí mi record de altura con más de dos mil ochocientos metros de altitud y acampando en el mismísimo Cervino durante una fría y tormentosa noche. Tuve que planear lo que me restaba de viaje, prestando plena atención a mi dolor de tripa que traje hasta Madrid y al mal tiempo que padecí hasta mi llegada final a Chamonix, tras el paso por Suiza, justo a pies del majestuoso Mont Blanc.

Fueron en total más de tres mil kilómetros de pedaleo entre el dos de julio y el seis de agosto de este año dos mil dos. Mi llegada a Madrid se hizo esperar hasta el día nueve, tras un periplo que hizo que tuviese que tomar diversos medios de transporte: una furgoneta y un coche me cogieron haciendo autostop, tren, cercanías y autobús.

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