Fundador - Viajero ocasional
Llegué en un vuelo matutino a Roma desde Madrid. Justo cuando estábamos en el aire y el piloto nos invitaba a ver las islas Mallorca, me percaté de que no llevaba un diccionario de italiano – español, la verdad es que no llevaba siquiera un mapa de la ciudad. Sólo y en un pequeño pedazo de papel que tenía en el bolsillo había anotado la dirección de un hostal cerca de la Estación Terminal en Roma. Me comentaron que era un buen área, además de cómoda para desplazarse por Roma a los principales sitios de interés. Como sólo sabía dar los buenos días en italiano, decidí observar a los demás para encontrar la salida del aeropuerto. Gracias a Dios nada difícil. Llegué al mostrador de información turística y de alguna manera entendí como llegar a la Stazione Termini. Al comprar el boleto del tren que decía anden B, observé que todos estaban en el anden A, así que por deducción lógica (ya entendí para qué estudié lógica en el colegio) un poco de inglés y suerte de principiante, logré entrar a tiempo en el tren y llegar a la famosa estación. Creo que momentos como estos son los que describe Paolo Coelho cuando dice que cuando deseamos algo todo el mundo conspira para que lo logremos. Bien, al llegar, busqué el centro de información turística (a los que me volví casi adicta) y logré obtener varios mapas. Una vez en el hostal, me ubiqué y decidí visitar el Vaticano como primer sitio. En mi mal inglés e incipiente conocimientos de italiano, me enteré de la forma de movilizarse y los costos. Por ejemplo, puedes comprar un tiquete para un viaje en metro o bus por 0.77 euros o puede comprar un tiquete para viajar todo el día en metro o bus por 3.10 euros. En Roma hay solo dos línea de metro, la roja y la azul, por lo que tome la línea roja desde Termini hasta Ottaviano, bajé por la vía de la Porta Angelica y fui a dar justo a la Piazza de San Pedro. Quedé maravillada ante todo por el obelisco, la fuente y lo inmenso de la plaza. Sentí que ya la había visitado tantas veces, creo que este sentimiento surge de ver los lugares tantas veces en películas, noticias y demás. La recorrí con calma, disfrutando cada palmo y cada esquina. Pude ver un cambio en la guardia suiza con sus llamativos uniformes de colores. Luego entré en la Basílica y una vez dentro admiré sus esculturas y obras de arte. Entré a la capilla del Santísimo e hice oración, realmente es un lugar espiritual. Luego subí por las escaleras al techo de la Basílica y pude observar a Roma, la ciudad eterna, de día y en todo su esplendor. Pasé una tarde alucinada en el Vaticano sin darme cuenta. De regreso al hostal, hice amigos con un grupo de españoles, un chileno, un portugués y una australiana. En la noche salimos a ver el Coliseo y el monumento al Emperador Vittorio Emannuelle. Al día siguiente fuimos nuevamente a la Basílica y asistimos a una audiencia papal en la Plaza de San Pedro. Fue maravilloso ver y escuchar al papa Juan Pablo II en una hora hablar más de 5 idiomas para dirigirse a la audiencia compuesta mayormente de peregrinos y visitantes del mundo entero. Luego visitamos el Coliseo. En la noche hicimos un gran recorrido que abarcó la Fuente de Trevi, la Plaza de España y el campo di Fiori, en las cercanías bailamos en una disco ubicada en un edificio antiguo. Esta ciudad hay que disfrutarla. Roma de día es un espectáculo. Por ejemplo la Fuente de Trevi, es una experiencia única. Hay que tirar monedas y cumplir con el ritual para volver a Roma y encontrar el amor de la vida (roma = amor). Creo que en total son 3 monedas que debes tirar. Roma de día es historia. En cada esquina un monumento nos habla de la grandiosidad y esplendor de una ciudad que ha sabido mantenerse a través del tiempo. Roma la eterna. Recorrer sus calles es descubrir el encanto del pasado y la frescura del presente. La espiritualidad está muy presente en Roma, no solo por la cantidad de religiosos y religiosas que ves a tu lado en la calle o en el metro, sino que se respira en el ambiente. Roma la violenta, la descubrí al visitar el Coliseo de día y enfrentarse a la verdad de la historia, cuando el morir era distracción para otros. Una experiencia única y sobrecogedora es visitar las Catacumbas. Hay kilómetros de ellas bajo Roma. Fui a las de San Calixto. Sobre ellas se respira tranquilidad en este paisaje de verde pasto y árboles en perfecta armonía, que te apetece también descansar allí. Creo que después de una muerte violenta, lo único que podían hacer era tratar de que ese cuerpo maltratado o lo que quedaba de él, pudiera reposar en un sitio tranquilo como ese. Bueno, al menos hoy día es un sitio tranquilo, quien sabe en ese tiempo. Estas catacumbas están un poco alejadas del centro histórico de Roma. Otro momento histórico violento en Roma fue durante al segunda guerra mundial. Fuimos a un sitio, una gruta, cerca de las catacumbas, en el que los nazis encerraron a cientos de personas civiles y les dispararon hasta dejarlas irreconocibles. Eran hombre, mujeres y niños de diferentes edades. Hoy en día hay un monumento sobre ese sitios para no olvidarnos de lo que el hombre puede hacerle al hombre. Roma la bella, está en cada fuente de cada piazza y hay decenas de ellas por toda la ciudad. Roma y las flores, como en el campo di Fiori, en el cual de día la cantidad y tipos de flores es algo inigualable. Los romanos son personas muy “latina” y como latina que soy me sentí muy a gusto. No se puede dejar de disfrutar de un helado o de las porciones cuadradas de pizza, esto es disfrutar Roma. Roma de noche: la vida nocturna es muy amena, además, hay que ver lo bellamente iluminados que están los monumentos. El que me causó mayor fascinación fue el dedicado al Emperador Vittorio Emmanuelle, es fantástico, impresionante, majestuoso. También las luces del Coliseo, todo. Es una iluminación sutil, que realza y que impacta. Junto a los amigos que hice en el hostal paseamos por la noche viendo los monumentos y luego a bailar. Hay que aprovechar todo lo que ofrece la ciudad. Dicen que todos los caminos conducen a Roma, la ciudad eterna. Yo creo que sí.