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Egipto: majestuoso y vestido de Sol (Un crucero por el Nilo)

[Zulay]

Zulay

[*] Fundador - Viajero ocasional


Datos del viaje

El aeropuerto de Barajas en Madrid estaba abarrotado. Podía ver la cantidad de personas que habían comprado viajes organizados a Egipto y me preguntaba quienes serían finalmente mis compañeros de viaje. El avión salió con retraso. Después de un vuelo de 5 horas llegamos de noche al aeropuerto de Asuan, al sur de Egipto e inició la aventura. Era un aeropuerto sencillo, en el cual la mayoría de las transacciones son manuales, lo cual ya comienza a marcar una diferencia con la tecnología a lo cual una se acostumbra. El guía nos estaba esperando muy puntual y pude conocer a parte del grupo de viaje, otros llegaban en diferentes vuelos. En un español con un marcado acento egipcio (lo que en particular me parece muy lindo), nos condujeron a un cómodo autobús que nos llevó a la motonave. Hay que tomar en cuenta que la publicidad dice “crucero”, no obstante era un “barco” cómodo y acogedor llamado “Princesa Amira”. Aquella madrugada se producía un espectáculo natural que solo ocurre dos veces al año: el fenómeno del sol en las ruinas del templo de Abu Simbel. Una gran cantidad de personas viaja solo para ver este evento. Esa primera noche salí a caminar por la ciudad de Asuan en compañía de dos chicos del viaje. Es una típica ciudad egipcia, con destellos modernos. Un parque central bellamente iluminado y adornado con fuentes. En los alrededores varios restaurantes al aire libre que a esas horas estaban abarrotados de clientes. Es que octubre, el mes en que viaje, es el mes sagrado de los musulmanes o mejor conocido como el mes de Ramadan, por consiguiente, se invierten los horarios y por motivos religiosos durante las horas del día hacen ayuno y rezan, y es en la noche que hacen sus comidas. Es por esto que los locales de comida están abiertos y llenos hasta el amanecer. Las desquitas están bellamente iluminadas por muy humilde que sean los pueblos. Después de este primer encuentro con Egipto, volvimos a la motonave. Al día siguiente tuvimos la primera excursión, visitamos el Obelisco Inacabado y la Alta Presa de Asuan. Una construcción muy importante para Egipto por los beneficios que ha representado para el país. Luego tomamos otra excursión, en la cual navegamos por el Nilo en una embarcación pequeña y muy pintoresca llamada faluca, en la cual rodeamos la isla Elefantina, primer asentamiento de faraones y la cual cuenta con un museo. Pasamos cerca del hotel en donde la famosa escritora inglesa Agata Christie escribió una de sus novelas más famosas y también cerca del mausoleo a el Agha Khan. Lo mejor fue estar mas cerca del río Nilo, grande y monumental río Nilo, el más grande del mundo. Llegamos a un punto en el que desembarcamos y tomamos un refrescante baño en las frías aguas del Nilo. Sumergirse en el río Nilo fue toda una experiencias, realmente extraordinaria y sublime, sobre todo para los que amamos y conocemos la historia de este milenario país. Después de baño en el Nilo y de comprar algunas artesanías, fuimos al lugar en donde tendría otras de esas grandes experiencias de este viaje: cabalgar en camello. Me llevaron al que estaba destinado para mi. Con solo cerrar los ojos puedo recordar una de las mejores peripecias: ser elevada sobre un camello. Segunda peripecia: cabalgar sobre un camellos y no perder el juicio o caer en el intento. Me tocó un camello un tanto rebelde, de nombre “Rambo”. El chico que me servía de guía y me ayudaba en un inicio iba conduciendo al camello por las rienda y yo solo tenía que preocuparme por mantenerme sobre él, pero en un momento en que me toma un foto, me da las riendas, empujó al camello y allá iba yo, gritando y dando tumbos para tratar de mantener el equilibrio. Ahora lo puedo recordar con mucha gracia, pero estuve sobre un camello, bajo el ardiente sol del desierto, por casi 20 minutos y podía ver el río Nilo justo debajo, a poco metros del camino que seguíamos y en lo único que pensaba era en permanecer lo más posible sobre el camello. Puedo decir que montar a caballo es como un juego de niños. Finalmente llegamos a la aldea del pueblo Nubio. Alli fuimos conducidos a una casa, donde nos explicaron su modo de vida, nos mostraron un criadero de cocodrilos (animales sagrados en el antiguo Egipto) y nos ofrecieron te con menta. Compramos también alguna artesanía. Los nubios son personas de tez un tanto oscura y de estatura alta, se ven muy elegantes en sus atuendos típicos. Me identificaban como nubia, que el color de mi piel es muy parecida a la de ellos y luego en las calles del Cairo me preguntaban si era nubia, aunque como panameña me falta mas bien la estatura para parecerme más a ellos. En el pueblo nubio una mujer me hizo un diseño con hena en las manos. Al atardecer de este día la motonave partió a recorrer el Nilo con dirección norte. Esa tarde conocí a todos los del grupo y a otro guía que nos acompañaría a bordo de la motonave hasta el Cairo. En la noche llegamos al templo de Kom Ombo. La iluminación de este templo es majestuosa. Es un templo grande y desde el puerto se veían las luces. A la mañana siguiente, muy temprano, llegamos al templo de Edfu. Me pareció que la arquitectura en este era más espectacular. Es un templo dedicado al dios Horus. La particularidad de este templo es que los sacerdotes al estar en el recinto sagrado podían observar lo que pasaba afuera, sin que desde afuera se pudiese ver el interior. Una maravilla de la ingeniería sin lugar a dudas. En la tarde teníamos que esperar turno para pasar las esclusas de la ciudad de Esna, por lo que nos permitieron bajar a conocer el lugar. Esna es una ciudad muy pobre, con calles de tierra y donde parece que el tiempo se detuvo. Vimos camellos en los patios de las casas había y una fabrica de aceite de sésamo con una maquinaria que parecía de varios siglos atrás. Vimos como un planchador hacía su trabajo calentando las planchas a fuego. La verdad es que conocer Esna fue como retroceder en el tiempo y ser parte de la historia. Los días a bordo de la motonave fueron increíbles. Permitió a nuestro grupo integrarse de una manera fascinante. En la cubierta de la motonave comíamos, hablábamos de nuestras vidas y nuestros países o ciudades, en fin, de nuestra cultura y lo que estábamos viviendo. Logramos una gran unidad y nos divertíamos mucho. El grupo estaba compuesto mayoritariamente por españoles de diversos lugares, un par de venezolanos, una argentina y una panameña (yo). La ultima noche a bordo se organizó una fiesta de chilabas, asi que todos compramos la nuestra, por supuesto, que no faltó el chico que se puso un disfraz y fue el alma de la fiesta. Hubo bailes, competencias, juegos y las copas de mas. Al final del recorrido en la motonave llegamos a la ciudad de Luxor. De allí fuimos al desierto a visitar el Valle de los Reyes. El calor y el sol eran muy fuertes. El guía nos dio una introducción muy interesante, como siempre, y luego pudimos visitar 3 tumbas. Entrar en la tumba de un faraón egipcio es una experiencia inolvidable. Primero hay que bajar por una especie de rampa, muy inclinada en algunos casos, y pasar por una que otra cámara, dependiendo de la importancia del faraón, así es el número de cámaras en su tumba. Algunas tumbas son muy amplias, con varias cámaras decoradas con historias increíbles sobre la vida y hazañas del faraón; así como mitos relacionados con los dioses. Hay variedad de arte, como lo son pinturas, bajo o alto relieves, pintadas con exquisitos colores que aún hoy, siglos después, mantienen todo su esplendor. Al llegar a la cámara donde se encuentra el sarcófago de piedra del faraón, puede sentirse el aire enrarecido y un poco antiguo y tal vez, si dejamos volar la imaginación, podríamos trasladarnos a esos momentos en que los artesanos decoraban y pintaban o cuando con mucho esfuerzo era llevado el faraón a su eterna morada. Tratando de resumir tan maravillosa aventura, les cuento que luego del Valle de los Reyes y después de pasar las ventas de artesanías y recuerdos, fuimos a un sitio en medio de la nada, en donde se alzan dos gigantescas esculturas: los Colosos de Memnón. Era increíble ve el contraste, toda la orilla del Nilo, con vegetación muy verde a ambos lados, que alcanzaba varios metros y luego desierto, sin que este cambio se reflejara de una manera gradual. Después de los colosos, realizamos una visita panorámica por la ciudad de Luxor. Es una hermosa ciudad, más cosmopolita que las que visitamos inicialmente, con cetros comerciales, bancos, parques, restaurantes y en fin, lo que hay en toda ciudad, pero con un encanto único y el río Nilo atravesándola. En Luxor comimos, tomamos el té y fumamos chicha en un restaurante muy autóctono, decorado con tiendas hechas con telas multicolores, grandes almohadones sobre el césped y un ambiente con música egipcia muy divertida. Antes de partir hacia el aeropuerto, nos despedimos de la motonave y de los días pasados en ella.

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