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CUBA: La Habana – Trinidad – Cayo Santa María

[ToniV]

ToniV

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Datos del viaje

Hacía mucho tiempo que tenía ganas de ir a Cuba. Y la razón no era el sol y las playas, sino conocer la forma de vivir –o mejor dicho sobrevivir- de sus gentes, su economía, su picaresca. Y la verdad es que no me defraudó, sino todo lo contrario. Cogía el vuelo de retorno y pensaba: tengo que volver a Cuba, me he dejado muchas cosas por ver.

La Habana hay que recorrerla a solas y dejarse llevar, por las calles de La Habana Vieja y centro Habana. La ciudad emana historia y cultura, ciudad colonial tristemente abandonada por sus dirigentes, como abandonados están toda la población cubana. Aún así, los cubanos son extrovertidos, simpáticos, con mucha gracia, aunque podríamos decir que lo son por necesidad. En Cuba las cosas van a otro ritmo, todos es lento, con pausas. No hay que rechazar la conversación que seguro intentan entablar los cubanos con los turistas -aunque lo tienen prohibido-. Es la mejor forma de entender su modus vivendi, de adivinar lo que piensan y no se atreven a decir. La verdad es que tienen mucho arte para engancharte por la calle, y luego llevarte a un paladar, a su casa a venderte tabaco, a la casa de la música…

Recomendaciones en La Habana: no probéis los mojitos en La Bodeguita del medio, son horrorosos. Y sí tomaos un daikiri en La Floridita, caro pero bueno. Los precios para el turista son a nivel europeo. Lamentablemente de los dólares importados al país la población ve bien pocos, y son todos para el gobierno.

En La Habana alquilamos un coche para pasar unos días en Trinidad y Cayo Santa María. Hay que cargarse de paciencia para la espera del coche, y no parar de rogar para que te entreguen aquél que deseas –éramos seis y necesitábamos un monovolumen-. Tuvimos suerte! Conducir por la “autopista” que sale de la Habana en dirección este es toda un experiencia. No está pintada, apenas hay separación entre los dos sentidos, la calzada está llena de bicicletas, carros, vendedores, gente que simplemente espera. Y como no, los fantásticos coches americanos que mantienen de forma asombrosa. Las carreteras son un museo en circulación, aunque también un peligro constante por la falta de señalización y todo tipo de transportes, gentes y animales que te puedes encontrar.

Hicimos una noche en Cienfuegos. No merece la pena parar en Cienfuegos. No tiene mucho que ver. Pero si pasáis, es muy interesante entrar en el teatro Tomás Terry.

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