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Origen: Irán.Ruta: 3 días al principio en Bangkok, 3 en Chiang Dao, 2 días en Koh Phi Phi y 1 día y medio final en Bangkok (Capital, norte y sur).
El vuelo vía Doha fue cómodo con Qatar. Llegué a su nueva terminal el 20 por la mañana, dispuesto para recorrer desde ese mismo momento la capital Tai junto a Alex, venido de Nueva Delhi.
BANGKOK
El primer contacto con la atmósfera ya preludiaba unas vacaciones calurosas y húmedas, y en el mismo recorrido inicial desde el aeropuerto ya se advertía el intenso tráfico y la contaminación ambiental de la que había leído. Pero es lo q tiene venir de Teherán (la 2ª ciudad más contaminada en el ranking mundial), me sentía como en un día en el campo, je, je. ¡Que no se quejen!
Los 2 primeros días recorrimos los principales rincones de la ciudad. Skytrain para arriba, noddles para el buche, primeros templos, vistas del río, barrio chino, Woks, y al Khao San a tomarnos unas cervezas mientras flipábamos con el ambientazo. Mucha niña mona, mucho guiri, mucha oferta “decadente” y mucho puesto callejero de comida y de ropa a precios ridículos. Primer masajito, cervezas, una copa y al catre con la certeza de que la elección de nuestro destino vacacional no pudo ser más acertada.
El día siguiente decidimos dedicarlo a completar ciertas visitas que habíamos leído que eran ineludibles. Fue algo así como: Tok-Tok, mítico TAT (Tourism Attraction of Tailand, a donde se empeñaba todo el mundo en acercarte), Taxi-Boat, Wat Arun, taxi boat, Pad Thai, cervezas “Chang”, Wat Pho, Tok-Tok, fotos del rey, otro templo y…calentada brutal en el Taylor estatal (2 trajes y un abrigo. Eso sí, muy guapos, a medida y “bien” de precio. Aunque podría decir la mítica de “my Taylor is rich”…). Tok-Tok, más fotos del rey, TAT, velada de Tai Boxing al pie del cuadrilatero, masaje de pies, noddles en el Siam Luam Nigth Bazar, voltio por el barrio putero de Patpong, que es a Bangkok lo que el Barrio Rojo a Ámsterdam, una atracción en sí mismo en donde parecen ser un clásico los shows de Ping Pong vaginal… tras ser reclamados por numerosos tais y ver el ambiente, nos separamos, ya que esa misma noche fui al aeropuerto a recibir a la novia, con la que iba a realizar la ruta por el país.
Tras despedir a Alex, quien emprendía una ruta solitaria por las islas, mi tercer día en Bangkok lo empleamos en ver otros reclamos turísticos y en repasar los que más me gustaron. Acudimos al fitting del sastre, cayó Jim Thomson House, taxi boat muy autóctono por un canal sucio del centro, Tok-Tok, unos cuantos Budas, joyería estatal (esta vez sin dispendio económico), otro templo, más fotos del rey, TAT, otra vez el buda reclinado de Wat Pho, de bruces con el cierre del Grand Palace (finalmente nos quedaríamos sin ver el que debe ser templo referencia), cervezas junto al río y vuelta al hotel. El Jet Lag hizo mella en Isa, por lo que descansamos en el hotel. Cené algo en uno de los miles de 7eleven que hay en la ciudad y descansamos, que teníamos madrugón para volar a primera hora al norte del país.
CHIANG DAO
Aterrizamos a primera hora en Chiang Mai, principal ciudad del norte y destino turístico de quienes se desplazan a los bosques septentrionales del país. Pero un poco por error en la reserva y otro poco atraídos por el encanto del hotel, nosotros tiramos a Chiang Dao, 80 km más al norte. Así que 1h30 más en bus hasta el pueblo y 30 min en taxi más tarde, llegamos a nuestro alojamiento, Chiang Dao Nest, ubicado en pleno valle boscoso tropical y consistente en bucólicas cabañas de bambú bien acondicionadas con amplias camas y un pequeño pero completo baño; una gozada. Además la dueña es una experta en comida Tai, por lo que degustamos diversos platos de la rica gastronomía del país, que bien podría disputarse con la mejicana el calificativo de “más picante del mundo”. Todo ello, imbuidos por un amplio abanico de ruidos de pájaros/insectos/lagartos; muy propio al contraste que uno espera.
Estuvimos en total 2 días enteros, e hicimos un poco de todo. Recorrimos a pie los alrededores y un templo “de montaña” situado en una cueva, acudimos a un festival local del pueblo con el que coincidimos y en el que hubo música local a la par que ceremonias budistas y combate de Tai Boxing; nos embarcamos en una excursión que incluyó paseo en elefante, visitas a poblados locales aborígenes y paseo por un remanso del río en balsa de bambú; masaje tai de 2 horas... mucha comida tai... y antes de irnos paseamos por el mercado semanal de los martes, un mercadillo local con precios por los suelos.
Pero ya tocó irnos dirección a las islas del sur! Por desgracia el paso por Bangkok es obligado, por lo que perdimos medio día. Pero por la noche ya llegamos a la isla de Phuket (enclave de las grandes cadenas hoteleras, un estilo Mallorca), desde donde partiríamos al día siguiente rumbo al paraíso…
KOH PHI PHI
Ferry de 1h30m (alegre e irresponsablemente en cubierta y sin protección solar) y llegada a Ton Sai, el puerto de Koh Phi Phi y principal núcleo vital de la isla. Rollo gente joven, guiris quemados, buen rollito en plan soy hippylongo, tiendas de manufactura chulas, artistas callejeros y 2 playas preciosas con aguas cristalinas con numerosas “pateras” amarradas junto al muelle. Señalar que la isla fue arrasada por el tsunami de hace 3 años y medio, por lo que las infraestructuras hoteleras aún están al 60% (que ya podía frenarse…) y son todas nuevas.
Pero dentro de este enclave idílico nosotros reservamos en Relax Beach Resort, sito en la costa este de la isla, en un costado de la reserva natural de la isla en una cala accesible únicamente en patera. Además, todo construido con elementos naturales (no había ni bomba del váter), muy sostenible, je, je. Así que embarcamos y tras bordear la isla por el sur, llegamos… pasamos 2 días de ensueño (ojalá hubiesen sido más!!) dedicados al mar. Alquilamos una canoa un día entero para recorrer las distintas playas del norte de la isla, calas desiertas y acercarnos a “Mosquito Island”, comimos genial en el restaurante del resort, nos dimos más masajes, recorrimos el bosquecillo tropical hasta el punto más alto de la isla desde donde se divisaba Ton Sai y otras islas de alrededores, y admiramos los amaneceres con las vistas del mar cristalino desde la cama. Pero con lo que alucinamos fue con el fondo marino; en frente mismo de nuestra cala, a 50 metros teníamos la principal barrera de coral de Koh Phi Phi, y la isla de Mosquito es uno de los destinos de los excursionistas de snorkle. La arena blanca, el azul turquesa del mar y los más bonitos corales, erizos, conchas y peces de colores que haya visto. Ya nada será igual sin ti, Koh Phi Phi…
BANGKOK
El caso es que nos despedimos de las islas y retornamos a la capital a disfrutar de los 2 últimos días en Tailandia. Nos reencontramos nuevamente con Alex, quien nos narró su envidiable periplo costero; y bueno, era viernes y nos alojábamos en Khao San, así que… fiesta muy divertida. Noddles de rigor en uno de tantos puestos callejeros, terracitas, cócteles, sisha. Larga noche asiática que terminó en una discoteca que nos indicó un contacto local y en el que lo pasamos muy bien, rodeados de tais y de buen ambiente.
En cuanto al último día completo en Bangkok, resume un tanto lo que es esta ciudad. La ruta que seguimos los 3 fue: Fitting al Taylor, Chatuchak Weekend Market (ríete del Bazar de Estambul o de Camden Town. ¡Inmenso! ¡Y q precios!!), Skytrain, Centro comercial de lujo en Siam Square, restaurante Tai recomendado, Tok-Tok, barrio chino, Woks, taxi a “Vértigo” (el bar más alto del mundo, en la azotea de un piso 62, muy cool y tal y con unas vistas acojonantes), y paseo hasta Patong para tomar una cerveza en uno de los “mercados de carne” femenino, con sus números y todo.
VALORACIÓN
Koh Phi Phi, ineludible. Y en concreto nuestro “refugio”, lo más parecido al paraíso; Bangkok, bullicioso, variopinto, moderno, asiático… monjes de día, fulanas de noche; puestos callejeros, puestos de masaje, puestos de ropa, tok toks, taxis de colores, más puestos, escaitreins, chabolas, canales, rascacielos, el Río, templos, gente por el día y gente por la noche, mucha marcha… y sin embargo, abarcable, sorprendentemente limpia, y transitable. Chiang Dao, relajante, natural, más íntimo. Contrapunto a la Tailandia más turística, interesante y necesario para hacerse una idea más global del conjunto del país y de su cultura.
En definitiva, ¡nos hemos enamorado de Tailandia! ¡Aunque nos faltaron días!... Ojalá tengamos ocasión de volver pronto, nos quedaron muchas cosas y querríamos repetir otras tantas. Muy recomendable.