Viajero ocasional
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Dubai es ocio, Dubai es consumo, Dubai es exceso y fastuosidad. El Emirato más activo y abierto de los siete que integran EAU está situado en el centro del Golfo Pérsico (o arábigo según los locales…), algo más adentrado que el estrecho de Ormuz y frente a la costa iraní. Su ubicación, rodeado de los países musulmanes más integristas, la indumentaria árabe (ellos candora blanca, ellas chador negro cerrado) que visten los pocos emiratís con los que coincides en el aeropuerto o en alguno de los numerosos “Malls” y las pertinentes llamadas a la oración, son las señas que recuerdan al visitante que se encuentra en un país islámico. Por lo demás, Dubai se ha convertido en capital mundial del consumismo y adalid de los excesos urbanísticos por excelencia, con proyectos que parecen quimeras en fase de construcción. Es occidente en pleno centro de Oriente.
El clima es un condicionante muy importante a la hora de plantearse viajar a Emiratos Árabes Unidos, y lo he podido comprobar en las 2 ocasiones en que he visitado Dubai. El año se divide en 3 meses de temperatura “agradable” (nuestro invierno), 4 meses de altas temperaturas (los 2 meses anteriores y posteriores al invierno), y 5 meses restantes en los que una temperatura que ronda los 40º y una humedad en torno al 80% sofocan al transeúnte en cuanto pisa la calle.
La primera vez que acudí fue para celebrar las Navidades. Desde que llegué a Irán a primeros de noviembre, era la primera vez que podía salir (trámites burocráticos con el permiso de residencia y el visado de múltiple entrada) por lo que estaba ansioso por disfrutar de los pequeños placeres de los que la República Islámica priva a sus habitantes, como reunirme con amigos en un Pub o disfrutar de un concierto. Dubai dista mucho de ser mi destino ideal, pero viniendo de los 0º y de las cuestas de Teherán, del caos circulatorio y de la frugalidad social impuesta en Irán, sin duda era el destino perfecto. Si a eso le añadimos los 28 grados diurnos el 25 de diciembre y la acogida de buenos amigos en su chalet con piscina…
El 23 por la noche, tras comprar alcohol en el Duty Free del aeropuerto (de los únicos puntos en los que poder adquirirlo. Debe ser por aquello de las apariencias con los clérigos. Una mentira, vaya), fuimos a un pub para presenciar los últimos minutos del Madrid-Barça. Y a continuación nos condujeron a un clásico de Dubai, el "Rock Bottom", antro cercano a su casa repleto de ingleses borrachuzos pinta en mano y con música en directo versioneando clásicos (muy gracioso-y apropiado al lugar, g, g- la versión de "la gasolina"); bastante casposo. Pero encantados.
El 24 nos despertamos a media mañana y fuimos a una de las interminables playas de Dubai. Desierta de gente, por cierto. Sita frente a lo que será "The World" (Conjunto de islas que conformarán el Mundo. Se veía cómo bombeaban arena), la situación era idílica: 28º, arena blanca, agua cristalina a 23º y al fondo las mega torres de Dubai (Están construyendo la más alta del mundo - Burj-Dubai. Por el momento tiene ya 860m). Luego comida en un libanés frente a la playa (muy barata la comida), trayecto hasta el Jumerai y Burj-Al Arab (El hotel 7estrellas símbolo de Dubai) para ver el atardecer en un garito chill-out; compras de Nochebuena y cocinar. Cena todos juntos, turrón, copas, salida de marcha a la terraza de un garito muy chulo y bailoteos. Nuestra navidad consistió el 25 en un nuevo baño en la playa, tras lo que fuimos a comer un kebab. Muy navideño, je, je. Ese fue el primer contacto con la gran urbe árabe.