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Fundador - Viajero habitual
El trayecto de Bangkok a Chiang Mai es de unas 13 horas, con lo que durante todo el recorrido duermo plácidamente, sin despertarme en ningún momento. Todos los bienes los he salvaguardado en el interior del saco.
Antes de la llegada diviso por la ventanilla algunas de las últimas paradas. Son pueblos rurales de la Tailandia más profunda.
Son las 10:00 de la mañana cuando llego a la estación de Chiang Mai, en la que nada más apearme, empiezan a venir taxistas en mi dirección. Rechazando todas las ofertas, con lo que debo buscarme la vida a pie. Según un pequeño mapa, son tan solo 2 km. al centro. Durante la caminata, voy parando ante estatuas de dorados dragones en la parte principal de alguno de los cientos de templos que hay en la nueva ciudad. Llego sin perdida al Guesthouse o casa de invitados “Eagle” del que tenía buenas referencias. El alojamiento lo regenta una irlandesa casada con un tailandés. La aceptación a los extranjeros por parte de la población, hace que la cultura en el país interactúe, permitiendo que sean miles las personas que vinieron aquí de vacaciones y se quedaron para siempre, montando algún pequeño negocio como este alojamiento en el que vivir el resto de una vida en paz y armonía.
El pequeño y acogedor establecimiento hace que me tumbe agotado durante un par de horas, antes de empezar a recorrer mi nuevo destino. Al despertarme, escucho de la habitación de al lado, una canción española de José Manuel Perales, que está cantando su inquilino. Bajo a la terraza a comer algo y me encuentro con un chico al que nada más verlo supe que era español. Concretamente de Bilbao. Se llama Jon y también viaja por el mundo desde hace tiempo. Al rato de mantener una conversación junto a él, baja otro inquilino que sospecho es mi vecino. En efecto, se llama Xavi, es catalán, aunque reside en Andorra trabajando de topógrafo. Ahora somos tres los españolitos que conversamos en la mesa acerca de cómo hemos llegado a coincidir hasta este punto. Jon trabajaba en una funeraria, con lo que no me extraña nada que haya dado un vuelco a su vida. El caso de Xavi es que lo dejó con su pareja.
Tras la grata conversación, marcho junto a Xavi a dar una vuelta por los alrededores de la simpática ciudad. La vida espiritual, cultural y festiva es muy intensa en Chiang Mai, con varios templos budistas, por los que atravieso a todo momento a lo largo de la ciudad y alrededores. Este territorio se hace ideal para el que desee tranquilidad. Hay casi un templo por cada una de las esquinas por las que atravieso. Sus acabados detallistas y dorados hacen que visite varios de ellos, para contemplar sus interiores. En uno de ellos un grupo de personas permanece orando en el mismo suelo, junto a uno de los monjes budistas, que se encuentra sentado en una silla.