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EL ORO AZUL

[Ruta de los Imperios]

Ruta de los Imperios

[*][*] Fundador - Viajero habitual


Datos del viaje

© Crónica de Vicente Plédel

-¡Que rabia! No podemos seguir, esto es el infinito. -Le dije a Marián cuando volví a subir al todo terreno tras otear el horizonte en todas las direcciones con los prismáticos.
-Y además, sabemos donde estamos por los pelos. Como empecemos a dar vueltas puede que sea realmente complicado retornar al lugar desde donde partimos. -Añadió ella, plenamente consciente de la situación.
-Lo que más me fastidia es que sé que no puede estar a más de 10 km. -Pensé en voz alta.
-Qué se le va a hacer. Otra vez será, ahora no estamos equipados para rastrear desiertos.
-Tendrá que ser así. La próxima vez será, vendremos preparados. -Fueron mis últimas palabras antes de encender el motor y dar media vuelta realmente contrariado. Por no poner una palabra más fuerte.

Pero esta conversación no tiene lugar ahora. Era la Ruta de Alejandro Magno, en invierno de 1.993. Sabíamos más o menos en que zona del desierto se encontraba el castillo-palacio Qasr el-Hair ach-Sharqui pero no teníamos en esa época ni siquiera un GPS (posicionador vía satélite) que nos pudiese ayudar, aún así intentamos encontrarlo un poco a ciegas. Íbamos anotando rumbos y referencias hasta que se acabaron las referencias y no se veía ni un triste accidente geográfico, y mucho menos las ruinas del palacio. Detuvimos el todo terreno disgustados, no podíamos buscar esa aguja en un pajar como el desierto del Cham. "Otra vez será", "tiene que ser así", recordamos esas frases como si las hubiésemos pronunciado ayer mismo.

Se quedó esa espina clavada. Hay otros lugares que tampoco visitamos en Siria (y recorremos ahora con la RUTA DE LOS IMPERIOS) pero estos eran por decisión propia, en algunas ocasiones había que elegir un lugar u otro. Pero este palacio era distinto, habíamos decidido llegar a él y no fuimos capaces. Por eso era una espina.
Ese día había llegado, estábamos equipados para lo que hiciese falta. Nos situamos en As-Sukhneh porque el inicio de la ruta es asfalto, luego un poco de pista y finalmente desierto a través. En ese pueblo tuvimos la experiencia humana menos agradable de todo el territorio sirio, donde la hospitalidad y la amabilidad han sido constantemente su nota imperante. Aquí se halla su garbanzo negro. Intentamos orientarnos con la población local sobre el camino de salida hacia el castillo de Qasr el-Hair ach-Sharqui, tras equívocas indicaciones finalmente se ofrecían por 10 $ como guías, cuando le replicabas que no deseábamos llevar un guía nos orientaban en dirección contraria de la deseada. "It is sahara", no llegaréis solos, decían. Finalmente un ciudadano que iba en coche nos indicó que le siguiéramos a las afueras del pueblo y nos indicó el camino a seguir. Le agradecimos su desinteresada ayuda pero todavía tuvimos que pasar por una calle donde se nos abalanzaban al coche golpeándolo y zarandeándolo con violenta ansiedad para detenernos e imponernos ir con "guía". Me tuve que bajar y tener unas palabras muy fuertes con uno de ellos porque casi nos rompen un retrovisor.
Por fin la dirección correcta, la carretera comarcal está asfaltada pero estrecha y parcheada, no había ni un alma. Hay un millón de rodadas que se adentran en el desierto y que han sido hechas por los todo terrenos de los beduinos que se mueven por "sus dominios". Hay que elegir una dirección a seguir y comenzar el rastreo así que nos detenemos, con que nos indiquen tan solo la zona del desierto nos basta, a partir de ahí iremos recorriendo rodadas y grabando lo que vamos haciendo en el GPS para no repetir zonas y saber donde estamos. Aparece un camión en la comarcal y le hacemos señas para que se detenga. Se detiene y le preguntamos por el palacio. No tiene dudas, nos señala una zona al noreste. Iba con su hijo y nos ofrece de forma desinteresada que nos acompañe. Le agradecemos su gesto pero no podemos aceptar su generosa ayuda. El motivo por el que casi nunca cogemos guías es que nuestras rutas son imprevisibles, igual pensamos estar en un lugar 10 minutos y al final estamos 2 días. Llevar un guía no nos permite disfrutar de plena libertad y la sensación de encontrar los lugares con tus propios medios permite una vivencia más intensa y cogiendo caminos distintos (siempre se da un motón de vueltas) llegamos a sitios curiosos o nos encontramos con los auténticos pobladores del desierto.
Nos lanzamos en esa dirección. De nuevo el desierto duro y llano pero salpicado por la traicionera "hierba de camello", parecen inocentes hierbajos pero ocultan bajo ella montículos de tierra dura que como se cojan rápidos o mal pueden provocar serios daños al todo terreno. Las rodadas se entrelazan, los lugareños con sus vehículos se desplazan a menudo entre los pequeños asentamientos de jaimas dispersas por el desierto. Ya nos encontramos inmersos dentro de la maraña de rodadas. Vamos por sectores, cuando terminamos uno oteamos el horizonte con los prismáticos. Si no vemos nada proseguimos con otro.

-Creo que lo tenemos. Esa forma cuadrada tiene que ser el palacio. -Me dice Marián entusiasmada mientras me pasa los prismáticos.
-Y al lado parece que hay más ruinas, podría ser la fortaleza. Todo coincide con las fotos que hemos visto del lugar. -Le confirmo a Marián cuando miro a mi vez por los binoculares y rememoro las imágenes de libros que llevamos arrastrando desde el 93.
-Parece que por fin nos vamos a quitar esa espina. Me resulta increíble. -Me dice mientras sube al coche.
-Pues si ya lo vemos, tan solo tenemos que ir sorteando las piedras y grietas. Ya es fácil. -Y lanzo el morro del todo terreno en esa dirección.

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