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AL CORAZÓN DEL IMPERIO PERSA

[Ruta de los Imperios]

Ruta de los Imperios

[*][*] Fundador - Viajero habitual

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Datos del viaje

© Crónica de Vicente Plédel

Militares, kalashnikovs, alambradas, pequeños bunkers, sacos terreros creando muros artificiales que miraban hacia Irán, altas torretas de vigilancia, ... parecía que estuviésemos en una película antigua de intercambio de prisioneros al borde de una de las fronteras de la "guerra fría". La fortificación de la época soviética seguía intacta, eso no lo habían construido los armenios. Tras la independencia y el caos firmaron su entrada en la C.I.S. para recibir ayudas de Rusia y una de las cesiones fue que Rusia seguiría controlando las fronteras exteriores. Es decir, que hay dos fronteras: la armenia y luego la rusa.
Avanzamos despacito, no hay ni un árbol. También el paisaje había cambiado drásticamente desde K'arajan hasta Magrhi. Se acabó circular por valles, una gran montaña apareció ante nosotros y la carretera que teníamos que seguir ascendía por ella zigzagueando. La frondosa vegetación que nos acompañó toda la ruta armenia ... desaparece de golpe. Como si una gigantesca cuchilla de afeitar hubiese rasurado esas angulosas colinas. La cuesta de ascensión es muy pronunciada y vamos todo el rato en 2ª y en 3ª, las curvas cerradas que bordean el precipicio nos impiden coger velocidad. Tan sólo una parada antes de llegar a Magrhi, desmontamos el GPS -lo demás ya estaba desmontado desde el monasterio de Tatev-, los iraníes tampoco son muy amigos de la "tecnología satélite", tienen hasta prohibidas las antenas parabólicas para la televisión.
Hemos llegado a una barrera. Paramos. Passport! Nos dice un oficial del ejército con uniforme de camuflaje. Todo está en regla y también tenemos el visado de Irán así que hace un gesto al soldado que está en la barrera y nos indica un gran edificio blanco. Era una aduana gigantesca, nos quedamos sorprendidos. La carretera ni figura en los mapas y esperábamos algo realmente "local" y nos encontramos con una aduana impresionante. No sabíamos que Armenia tuviese tanto tránsito de camiones de mercancías con Irán, creíamos que todo entraba por Georgia (Sus otras dos fronteras, Turquía y Azerbayán, están cerradas a cal y canto). Al no tener salida al mar, siempre depende de sus vecinos para los suministros y nos imaginamos que no querrá basar todo en un vecino, no sea que se "tuerzan" las relaciones y se quede sin abastecimientos. Con Irán tiene una segunda vía, eso sí, a los camioneros les espera un "caminito divertido" hasta Yereván, las montañas son tremendas
Todo está muy nuevo y no hay ningún extranjero más en la aduana pero la lentitud es sangrante. Cada papel se queda 25 minutos sin tocar en cada mesa. A veces hay que rellenar papeles para los armenios y otras para los rusos, ya no sabíamos ni con quién tratábamos. Dos horas y media después el papeleo está listo, registran el coche y podemos marcharnos. Volvemos a pararnos un poco más allá, es el control ruso. Vuelven a mirar el todo terreno y comprueban de nuevo todos los papeles. Seguimos avanzando y nos paramos en "tierra de nadie", las banderas armenia y rusa han quedado detrás y la bandera iraní está tan solo a 500 m. delante de nosotros. Pero hay algo que todavía no está en regla, antes de llegar ahí... ¡una pequeña formalidad islámica! Marián no puede presentarse en la aduana de Irán con pantalones y el pelo suelto. Se enfunda una chilaba que va desde el cuello a los tobillos y se cubre el pelo con un pañuelo. ¡Ahora si que está todo en regla!
En la frontera iraní (donde sí estaban informatizados) rellenamos los impresos de rigor, sellaron el Carnet de Passage del coche y procedieron al registro. Éste, como en las anteriores ocasiones que pasamos por Irán (92 y 93), fue muy exhaustivo pero correcto aunque tuvimos que desplegar hasta la Inesca, nuestra tienda-techo. Nos inscribieron la cámara de vídeo en el pasaporte pero no nos la precintaron como las anteriores veces (en el 92 y 93 estaba prohibido grabar en vídeo, ni siquiera con vídeo doméstico), esta vez podríamos usarla sin problema.
Cuando nos disponemos a marcharnos un hombre nos pregunta si podíamos acercarle a su pueblo, Alamdar, a unos 70 km de la frontera. No pudo coger el autobús a su hora y tendría que esperar otras dos horas para el siguiente. No había inconveniente, para estos casos habíamos habilitado un pequeño asiento detrás del conductor, así que se vino con nosotros.
De nuevo el problema del idioma nos impedía comunicarnos totalmente pero unas palabras en inglés sirvieron para entendernos en lo básico. Antes de llegar al pueblo nos pregunta dónde vamos a pasar la noche, le contestamos que buscaremos algún hotelito en Alamdar. "Ni hablar, veniros a mi casa", fue su respuesta inmediata. La hospitalidad iraní nos vuelve a dar la bienvenida.
Mohamed, nos presentó a toda su familia, en la casa paterna compartían hogar sus padres, sus hermanos solteros, su mujer y su hijo. El recibimiento fue realmente acogedor. Los más jóvenes sacaron sus libros de inglés y el diccionario para poder comunicarse con nosotros y el resultado fue fantástico. Otro cambio respecto a las anteriores visitas, antes el idioma inglés estaba maldito y ahora lo estudian en el colegio.
La casa, como todos los hogares tradicionales iraníes, está impecable pero desprovista de muebles, tan solo un armario en el dormitorio para colgar la ropa. Ni sillas, ni mesas, ni sofás, ni camas, ni cómodas, ni mesillas, nada de nada, como si el camión de la mudanza no hubiese llegado todavía. Las alfombras y los almohadones son los reyes. Nadie entra calzado a una casa iraní y alfombras de hermosos diseños cubren todos los suelos y todas las paredes tienen almohadones apoyados.
Nos descalzamos a la entrada y nos instalaron en el salón. Ponen música moderna en nuestro honor, son copias piratas de los benjamines de la familia, la música moderna está prohibida. Mientras charlamos, las mujeres extienden un mantel sobre la alfombra, ordenan los almohadones a su alrededor y ponen un montón de platos. Ni siquiera con la ayuda de los almohadones cogemos posturas cómodas en el suelo pero nos tendremos que ir acostumbrando a ello puesto que en Irán es normal ser invitado constantemente, su hospitalidad no tiene límites.
Llega la hora de la cena pero las mujeres se retiran a otra habitación y sólo aparecieron para ir cambiando los platos. Tan sólo se quedaron los hombres: Mohamed, su padre, sus dos hermanos, su hijo, y Marián porque era una invitada occidental. Tras la cena las mujeres pudieron incorporarse a la "mesa", es decir, a la alfombra, y la velada continuó hasta tarde. Encuentros como este se fueron repitiendo sin cesar a lo largo de la ruta iraní. Cada vez que tenemos vivencias de este tipo y conocemos los países y las costumbres "desde dentro" es cuando pensamos: "no importan las penalidades pasadas ni lo duro que es el camino, merece la pena".
Por la mañana tras despedirnos de nuestros generosos anfitriones dirigimos nuestros pasos hacia el corazón del Imperio Persa: la cautivadora ciudad de Isfahán. Nos separan aun más de 1.200 km, para desde allí recorrer las principales ciudades-oasis del territorio persa. Ni siquiera pensamos detenernos en la caótica y carente de interés capital, Teherán.
Repostamos en la gasolinera a las afueras de Jolfa y comprobamos que el gasoil ha ¡cuadruplicado su precio desde la última vez!, es decir, ahora cuesta la astronómica cantidad de 1,8 pts. el litro (0,01 US$) ¡adónde vamos a llegar! ¡je, je! ;-D ¿Cuánto costará ahora en España?. Y la gasolina cuesta 6,5 pts./l. (0,04 US$).

EL OASIS DE LAS MIL Y UNA NOCHE

La historia del Imperio Persa en realmente fascinante. Si con los Aqueménidas (559-330 a.C) y con los Sasánidas (224-537 d.C) vivieron dos de los más importantes periodos de su densa historia con Shas Abbas I (de la dinastía Safávida) iniciaron el Tercer Gran Imperio en la historia de Persia e Isfahán fue la joya de la corona.
La construcción de mezquitas, puentes y palacios embelleció hasta tal punto a la ciudad que comenzó a popularizarse la expresión de que Isfahán era "la mitad del mundo" para expresar la grandiosidad de la urbe. La Plaza del Imán Khomeini (o como todavía se la conoce Naghsh-e Jahan) concentra algunos de los edificios que le dieron el sobrenombre a la ciudad así como uno de los lugares preferidos para reunirse y pasearse la población local. Allí está la mezquita del Eman, sus proporciones destacan sobre las demás porque su domo -cúpula- tiene 54 m de altura y sus minaretes 42 m. cada uno. Y también está allí la mezquita de Sheikh Lotfollah, donde de nuevo, su domo y sus azulejos son su principal atractivo porque a medida que avanza la luz del sol transforma el color de los azulejos de la cúpula de tonos cremas a rosados y goza de una nota original: ¡carece de minarete!. Seguimos dando la vuelta a la plaza: aparece la medersa (escuela coránica) de Chahar Bagh y el Palacio de Ali Qapu, donde las fotos los líderes espirituales, Khomeini y Khamenei, siguen presidiendo la fachada pero en dimensiones más modestas que en 1.992, cuando eran gigantescas.
Nos introducimos bajo las arquerías que comunican toda la plaza y que se extienden por todo el Gran Bazar. Casi todas las mujeres van cubiertas con el negro chador pero las más modernas (o quizás inconformistas) prefieren llevar gabardinas largas y pañuelos estampados en la cabeza, vestimenta que les permite una mayor libertad de movimiento y lucir un poco de "moda" con diferentes modelos y diseños.
Nos paramos delante de una tienda de alfombras, se llama "Nomad" y su nombre nos evoca el sobrenombre que lleva la RUTA DE LOS IMPERIOS: "La Última Gran Ruta Nómada del Milenio". Casi al instante sale un joven de la tienda hablando un perfecto inglés.

-¿Sois españoles? -Es evidente que nos ha oído hablar.
-Sí, hemos ...-No me dio tiempo a seguir hablando.
-¿No seréis los del Mitsubishi que pone Ceuta? -Siguió, casi sin dejar ocasión de colar una palabra.
-Sí. -Le contesté.
-Mi jefe ha estado viajando constantemente a España durante 10 años y le encanta España y los españoles. Estábamos pendientes del todo terreno para invitaros. -De repente cayó en que ni se había presentado- Perdonad, me llamo Said, pero por favor, entrad en la tienda y os presento a mi jefe. Se llama Hussein, quiere conoceros y además habla español.

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