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Fundador - Viajero habitual
© Crónica de Marián Ocaña
-Welcome! ¿Puedo ver sus pasaportes? -Nos preguntó un soldado bastante desaliñado.
-Aquí están. -Le dije tras sacarlos de la bolsa de fotografía y entregárselos. Mientras los examina veo como se asoman cabezas curiosas en la puerta del recinto exterior del monasterio. No es habitual ver vehículos de matrícula extranjera por esos lugares.
-Gracias. -Nos dice el soldado, devolviéndonos los pasaportes.
Avanzamos los 25 metros que nos separan de la puerta del monasterio y nos volvemos a detener. Nos sale a recibir un muchacho con una pequeña medalla cristiana colgada al cuello.
-Bienvenidos al monasterio de San Macario. ¿Tienen ustedes visita concertada? -Nos pregunta con una amable sonrisa.
-No, no sabíamos que había que solicitarla. -Le contestó Vicente.
-Sí, hay que pedirla en nuestra diócesis de El Cairo. -Mira el todo terreno, a nosotros y prosigue. - ¿De donde son ustedes?
-Venimos de España y estamos muy interesados en los monasterios coptos. Nos gustaría mucho visitar este monasterio y sólo somos dos. ¿Sería posible visitarlo aunque no tengamos la cita?
-Voy a consultarlo ... e intentarlo. -Nos contestó sin parar de sonreir. Acto seguido entró en la caseta y le oímos marcar por teléfono y hablar. Al poco reapareció.
-No hay problema, el monasterio de San Macario les da la bienvenida y les desea una feliz visita. Les están esperando. -Nos entregó unas estampitas de San Macario y una bolsita con cuatro mini-recipientes de aceite para santiguarse. Acto seguido nos abre la verja.
EL VALLE DE LA SAL. COBIJO DE ANACORETAS
Estamos en Wadi Natrun, el Valle de la Sal, donde este preciado condimento tuvo una importancia específica hace muchos siglos. El natrun (carbonato de sodio recogido de los depósitos que los lagos salados dejan en verano) lo utilizaban en el Egipto de los Faraones para deshidratar los cuerpos en el proceso de momificación que les preparaba para la vida eterna... pero ahora vamos a conocer otros inquilinos del desierto que preparaban la vida eterna de otro modo.
Desde El Cairo, la carretera del desierto que nos lleva hacia Wadi Natrun se convierte en un campo sembrado a derecha e izquierda de cientos, miles, ... (o más) de paneles de anuncios que no tienen fin. Unos tras otros, agolpados entre si, anunciaban de todo, desde coches y ruedas hasta ketchup o líneas aéreas, el desierto nunca hubiera imaginado tan extraños inquilinos.
Fue en los desiertos de Egipto donde comenzó hace muchos siglos un episodio ignorado, bastante olvidado o desconocido de la historia de la humanidad, que posteriormente se extendió por todo el mundo: la tradición monástica. Fue precisamente el inhóspito desierto el lugar ideal para que, aquellos cristianos perseguidos por el Imperio Romano, pudieran refugiarse. Al principio vivían en cuevas y luego fueron construyendo lo que más tarde serían los monasterios y desarrollando la vida monacal que fue extendiéndose en el transcurso de los siglos por toda Europa
Fue San Marcos en el año 35 d.C, quién predicó y extendió el cristianismo por Egipto, religión que logró sobrevivir a los romanos para finalmente conseguir ser reconocida como religión oficial en el s. IV. El s. VII trajo consigo una nueva religión, la islámica, y la invasión árabe acabó con los monasterios que se habían extendido por centenas por todo el desierto... pero algunos, a las puertas del nuevo milenio han lograron sobrevivir y es aquí en Wadi Natrun donde vamos a localizar cuatro de los principales monasterios coptos, que siguen plenamente en activo.
Todos los monasterios en sus entradas exteriores disponen de un control militar egipcio y cuando accedemos a la puerta principal del monasterio uno de los monjes se hace cargo del visitante. El primer monasterio fue el de San Macario y el padre Irineo se encargó de guiarnos y explicarnos las características y la historia del monasterio. Su nombre significa paz y realmente la serenidad con la que se movía y hablaba hacía honor a su nombre.
Los coptos siempre han sido amantes de la cultura y del estudio y la mayoría de sus monjes, antes de ingresar, han cursado estudios de medicina, farmacia, ingeniería o profesorado. Estudios que siguen ejerciendo dentro de las paredes del monasterio, además de la oración y el consejo espiritual de los fieles que acuden a ellos. El propio padre Irineo combina su trabajo como farmacéutico con su pasión por pintar, y de hecho el bautizo de San Juan Bautista de la iglesia de San Macario el grande, es una pintura suya y la realizó hace 20 años, cuando llevaba poco más de 5 años en la orden.
Nos cuenta que San Macario comenzó con unas cuevas que en el curso de los siglos se han ido ampliando y que a las tres pequeñas iglesias originarias les fue envolviendo todo un complejo monástico ... que a su vez fue rodeado de unas altísimas murallas de gran grosor que les protegía de los violentos ataques a los que fueron sometidos por beduinos y árabes de otras épocas.
Tras la visita tuvimos el placer de disfrutar por primera vez de la hospitalidad de estos lugares santos. El padre Irineo quiso que probáramos las aceitunas -que ellos mismos cultivan- y un vaso de té mientras charlábamos. Llegaron las dos de la tarde y nos invitó a comer arroz, carne estofada y judías verdes, el menú que ofrecen a peregrinos y visitantes, la hospitalidad es una de sus primeras reglas y seríamos testigos de ella en repetidas ocasiones en todos los monasterios.
Repusimos el agua de nuestros bidones con el agua del manantial que tenían en su interior y tras despedirnos agradecidos del padre Irineo proseguimos la "ruta copta".
Con el mismo aspecto exterior de robusta fortaleza se presentan los monasterios de San Bishoi y Suriani, a tan solo 500 m. el uno del otro. En la capilla de San Bishoi, los peregrinos besaban y rezaban con gran devoción ante la tumba del santo, donde descansan sus restos incorruptos envueltos en un cilindro con una tela bordada con su cara y cuerpo. Las alusiones pictóricas a los episodios más destacados de la vida de los santos son constantes, en algunos casos con iconos de gran valor artístico. En el de Suriani coincidimos con la hora del rezo de los monjes y las oraciones en copto y sus himnos inundan el ambiente. Permanecemos discretos observando la ceremonia ... son momentos únicos.
El Monasterio de San Baramus, fue una visita nocturna que el padre Benjamín, fuera de horario, nos permitió realizar. Al término de la misma seguimos siendo testigos de la hospitalidad de estos lugares y nos invita a cenar: fuul (alubias pintas estofadas), queso de cabra elaborado por ellos, mortadela de vaca y unos deliciosos zumos naturales de pera. Cuando nos marchábamos, una preciosa luna llena amarilla -acabada de salir- nos iluminaba el camino hacia la carretera general de vuelta al Cairo desde los refugios anacoretas del Valle de la Sal.