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La ruta de las mil Kasbashs

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Rodríguez

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Datos del viaje

La ruta de las mil Kasbashs

A unos doscientos kilómetros de la ciudad imperial Marrakech y en el desvío del hollywoodiano pueblo de Ouzazarte comienza la ruta de las mil kasbashs. Las Kasbashs son en el mundo árabe las ciudadelas pero en la arquitectura tradicional berebere cobran un matiz diferente. Integradas perfectamente en su entorno poseen un color anaranjado que parece extraído de la misma tierra.

La carretera discurre por unos parajes irreales con el Atlas por un costado y por el otro el incesante avance del Sahara. La carretera es el espacio de todos; coches, peatones, carros, ciclistas, burros, vendedores y cualquiera que necesite trasladarse de un punto a otro. La carretera en sí misma posee una vida propia. Una vez se entiende que es un espacio común con sus propias reglas no hace falta preocuparse por nada, excepto por los controles de la policía que son habituales.

En el bullicioso y bonito pueblo de Boulame Dades merece la pena hacer una parada y empaparse de ese entorno donde apenas se oyen ruidos. Estamos en el Alto Atlas, tierra berebere por excelencia y donde la sensación de atemporalidad es total. Huele a olivos y a menta que emana de alguno de los miles de tes que se están preparando al mismo tiempo. Huele al cilantro con el que se adereza el cuscús o alguna de las mil especias con las que se adoba las sabrosas carnes a la parrilla. No hay nubes, un sol radiante ilumina todo lo que nuestros ojos son capaces de ver. De vez en cuando se escucha algún rebaño de cabras que rompe con el silencio sepulcral de la montaña. Los niños van a la escuela, las mujeres envueltas en sus llamativas ropas, que cubren con un pañuelo oscuro, trasportan comida o agua. Hay muchos hombres en los cafés charlando animadamente y sin hacer mucho. Es viernes y hay un movimiento excepcional de bicis y otros medios de transporte. La gente va y viene a la mezquita, punto de encuentro y evento social para los que viven en la zona.

El pueblo berebere es un pueblo orgulloso de su carácter guerrero y que ha sabido conservar fieramente su autonomía y sus tradiciones. El berebere aunque no es un idioma oficial en Marruecos se ha conservado por tradición oral. Mohamed es berebere y tuvo que adoptar un nombre árabe porque el gobierno sólo acepta una lista oficial de nombres. En la escuela no pudo aprender su lengua pero sus familiares se lo han enseñado. Nos acompaña en una caminata por el cañón cercano a la garganta del Dades y nos presenta a su madre y hermanas. El es el pequeño y cuando entramos en su caso le reciben con mucho cariño. Si hay trabajo suele dormir en el hotel e igual se pasa días sin poder ir a dormir a su casa. Se dan tres besos en la mejilla y uno en la mano. Ellas lavan la ropa a mano con agua que sacan de un pozo situado en el medio del patio. Su madre nos prepara un té que compartimos todos. Una breve pincelada del día a día de una familia antes de seguir ruta por el valle y volver a nuestra cómoda habitación del hotel. Cómo y fría porque estamos en noviembre y las noches empiezan a ser realmente frías y solitarias.

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