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Fundador - Viajero trotamundos
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Tamil Nadu, el fervor religioso
Ojeaba la última edición de The Hindu mientras me tomaba una taza de te en el hall del hotel. El típico hotel de los lugares de paso con olor a rancio, con algún que otro viajero despistado y con varios hombres de negocio que ultimaban detalles antes de abandonar la ciudad. Me detuve en la sección de los clasificados y me llamaron la atención algunos anuncios: busco esposa de facciones agradables, educada y comprometida. No importa casta. Quizás es cierto que algo esta cambiando en la India, pensé. En la televisión, dos mujeres vestidas con el tradicional sari daban las noticias de media tarde mientras la humedad y el sopor se apoderaban de nosotros.
Tenía tiempo suficiente antes de coger el autobús hacia Kodaikanal, un pequeño pueblo de montaña situado en los Western Ghats, en el estado de Tamil Nadu, y decidí ir a visitar los mercados locales y el templo de la ciudad. Poco mas había que me interesase en Madras. El cielo comenzó a tomar un color grisáceo, el sol se escondió y en unos minutos la lluvia hizo acto de presencia. El monzón me daba la bienvenida con virulencia y entre el caos, el bullicio y la lluvia torrencial mi ricsaw se abrió paso hasta la estación de autobuses para emprender un viaje nocturno de unas 14 horas. Quería visitar varias celebraciones religiosas en algunos pueblos del Tamil donde según me había confesado Rajput, un agente de viajes con el que coincidí en el hotel la noche anterior, uno puede encontrar representaciones religiosas electrizantes.
Kodai resulto ser un remanso de tranquilidad y un oasis de temperaturas suaves dentro del sofocante Tamil. Esa calma se vio únicamente interrumpida por la celebración de la Asunción, donde la comunidad ortodoxa lleno de peregrinos y devoción la ascensión hacia la pequeña capilla del pueblo. Me vi sorprendido en una festividad cristiana con todo el color hindú. Esa inesperada celebración me hizo recordar aquel verano en Grecia, en la isla de Tinos, en la que una multitud se encaramaba hacia la capilla de la Anunciación, impregnando la isla de un inquietante ritmo. Ese ritmo y energía que trasmiten miles de creyentes antes de saldar sus deudas con la deidad correspondiente.
Fue mas al Sur sin embargo, en la concurrida ciudad de Madurai, donde iba a experimentar una de esas sensaciones embriagadoras de fervor y fe que estaba buscando. En el magnifico templo de la ciudad un carro tirado por una vaca decorada con azules y amarillos encabeza el cortejo, seguido por un elefante que precede al icono de Krisna, una de las reencarnaciones de Vistnu. Los fieles juntan las manos y las alzan a la altura de los ojos y la ceremonia se va repitiendo por todo el templo. El olor a incienso impregna todos los rincones de la ciudad y esa misma noche consigo un pasaje en el sleeper hacia Kollam, en Kerala.
24/04/2008
Buenas fotos Rodríguez..