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Corcega

[Rodríguez]

Rodríguez

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Datos del viaje

Marsella – Ajaccio

Después de hacer noche en Marsella, tomó un ferry destino a Ajaccio, la segunda ciudad más importante de Córcega que rinde pleitesía continúa a su más ilustre conciudadano, Napoleón. Después de tres registros de la Gendarmería francesas piso tierra Corsa. Córcega también llamada por los griegos “Calista”, la más hermosa, es una tierra de cumbres asombrosas que tiene su pico más alto a 2.700 metros, en el monte Cinto. Una visita por el casco antiguo de Ajaccio desvela un pasado estrechamente ligado al mar, una montaña en el mar con una personalidad y un arraigo a sus tradiciones muy fuerte, una isla donde se dan cita todas la culturas mediterráneas. Dejo la ciudad para cruzar la isla de oeste a este y descubrir el interior.

De Ajaccio con destino a Porto-Vecchio cruzando de oeste a este. La montaña corsa se muestra tras unos pocos kilometros de haber abandonado la costa. Mi primera parada es Sante-Lucie de Tallano, un hermoso pueblo de casas de granito con tejados de teja naranja. Sigo hasta llegar a Quenza, la que dicen auténtica joya de la montaña corsa. Después de una breve parada para reponer fuerzas continúo para hacer noche en Conca, una maravilla adosada a la montañ. Al día siguiente llego a Porto-Vechio, que será mi punto de partida para realizar algunas excursiones por la montaña. Decido hacer noche en la playa de Palombaggio, una playa de arena dorada y rodeada de pinos sin ninguna construcción que desmerezca el entorno. Porto-Vechio es una típica villa mediterranea que se ha convertido en los últimos tiempos en un referente turístico de la isla.

Las piscinas naturales de Polichella y Purcaraccia

A las 6 de la mañana estoy ya de camino. Pasados 6 kilometros del puerto de Bavella y tras dejar atrás la casa forestal de Arza se encuentra el acceso. Siguiendo el curso del río se descubren ya las primeras piscinas naturales. No puede resitirme a un baño. La sensación es reparadora. Hay tramos en los que es ecesario trepar y que exigen un buen nivel de concentración, pero desde luego el entorno merece la pena. Al atardecer regreso hasta Palombaggia disfrutando de un entorno de cañones que se forman junto al río hasta llegar casi al pueblo de Solenzana.

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