![[*]](/img/ico-autor.gif)
Fundador - Viajero habitual
Resultado sobre 4 votaciones: ![[1]](/img/star.png)
![[2]](/img/star.png)
![[3]](/img/star.png)
![[4]](/img/star.png)
Podría escribir sobre algunas inhóspitas comunidades que he ido conociendo, al más estilo Comala de la novela "Pedro Páramo", donde los habitantes parecen vivir en una época en blanco y negro pero soñando en colores.
Podría hablar del siempre mágico Lago Titicaca, allá donde nació el Imperio Inca, y de sus originales Islas Uros, unas islas flotantes construidas artificilamente sobre una base de juncos de totora, y que por momentos pueden llegar a moverse al paso de una embarcación, o con las olas que se van formando.
Podría hablar de la ciudad de Cusco, que se asemeja a un museo al aire libre, y de sus alredodores, el Valle Sagrado, una zona cargada de una historia salpicada por la actitud de los bárbaros españoles de antaño.
O podría hablar sobre la bonita caminata de una semana por las ruinas de Choquequiraw (el camino Inca se ha de reservar con 2 meses de antelación) para llegar al santuario de Machu Pichu.
Pero esta vez transcribiré un emotivo poema de una reconocida poeta sudamericana, que según ha reconocido algna vez, se siente cautivada por la belleza del Machu Pichu.
Ahí va: