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Fundador - Viajero habitual
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Isla de Pascua, un museo al aire libre, en pleno Pacífico, y a 5 horas en avión de Chile.
Se le conoce como “el ombligo del mundo”.
Es sin duda una de las mayores bellezas del país, y quizás de América.
Su cultura, sus habitantes, sus famosos moais, confieren a la Isla un especial encanto, a la vez que una magia deslumbrante.
En un día, o quizás 2, se puede visitar todo Rapa Nui (así se le conoce), pero si se dispone de tiempo, vale la pena estar más tiempo y empaparte de todo lo que dicha cultura te pude ofrecer.
Sus reducidas medidas, hacen que la bici sea el mejor medio para poder visitar todos sus rincones.
Dicho y hecho.
Ataviado con indumentaria ciclista, salimos a primera hora de la mañana de de su capital, Hanga Roa.
El día es nublado, corre una brisa fría, y la humedad es alta.
Poca gente en la calle; los turistas descansan, y los rapa nui duermen.
Compramos provisiones para el día , y empezamos el recorrido.
Velocidad moderada por la carretera principal y en poco más de una hora llegamos al Pacífico, que no hace honor a su nombre.
Ya podemos ver alguno moais que por la costa este.
En la guía, leemos su historia, que no es más que la historia de una cultura que ha resistido siglos de ataques de unos tal “españoles”, y más bárbaros.
Llueve, hace sol, viento, más sol; en fin, un clima no muy cómodo para 2 humildes “ciclo turistas”
A lo lejos divisamos el volcán de Rano Raraku, con sus famosos moais, que alguna vez he visto en algún programa de TV, y en alguna foto de libros de historia de mi época escolar.
Nos detenemos en él y sacamos una fotos rápidas, ya que la lluvia cae cada vez con más fuerza.
Desde dicho volcán observamos los “15 moias”, y una preciosa estampa de la Isla de Pascua.
Bajamos entre vacas, por un camino de tierra.
Llegamos a los “15 moais”
¡¡¡¡Imponentes!!!!
La lluvia para, y como la Pachamama es sabia, al rato sale un pequeño arcoiris.
Poco a poco el arcoiris se va haciendo más grande.
Increíble.
En un rato vemos una imagen inolvidable.
Los 15 moais, y al fondo un arcoiris de fantasía que los cubre con una deliciosa perfección.
Es quizás, seguro, el más bonito que he visto en mi vida.
Sacamos algunas fotos, para la historia.
Todavía absortos, cogemos las bicis, me giro, y al irme noto como un moai me guiña el ojo.
Es éste el regalo que nos ha ofrecido.
Sólo por eso ya ha valido la pena el acercarse a esta aislada pero humana isla.
La Isla de Pascua, Rapa Nui.
Gracias.