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Fundador - Viajero habitual
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Las montañas y los volcanes, se encuentran alrededor de San Pedro de Atacama , una ciudad perdida en medio de un desierto.
Los salares, las enormes extensiones de desierto, el cielo tan cercano (¿o será parte del horizonte?), cautivan a cualquiera que tenga la suerte de haber llegado a estos lares.
Miras a las montañas.
Se alzan a más de 6000 metros sobre el nivel del mar.
Parece tarea fácil ascender a cualquiera de ellas.
Tan lejos, tan cerca.
El Sairecbur es uno de esos volcanes.
Hemos optado subir a él, o al menos intentarlo.
(;)
Hacemos noche en el refugio Tatio que se encuentra cerca de los populares Géiseres del Tatio.
A primera hora de la mañana hace muchísimo frío.
Mientras desayunamos algo caliente, Mauro nos explica los pormenores de la ascensión. Como guía experimentado que es nos repite una y otra vez que con todos los turistas que ha subido ha tenido un “100% de efectividad”. Quizás es verdad, pero para Zuhaitz ,Martxel, Jean Pierre (a día de hoy ya un consumado guía), y un servidor, es la primera vez que ascendemos a dicha montaña.
Nos abrigamos. En la montaña no hay que ir muy abrigado, sino bien abrigado
Son un par de horas en coche hasta llegar a nuestro punto de partida.
Llegamos.
Bebemos algo y comemos un poco.
Ya no hace tanto frío.
Un deslumbrante sol ha aparecido.
Empezamos.
“Hay que subir con cuidado, como si la montaña no nos oyera”, nos recomienda Mauro.
Y yo pienso en los consejos que en su día me dio mi amigo marathoniano Rafa, mientas corríamos entre los naranjos de Almenara: “Hay que subir como un viejo, para llegar como un joven”.
El ritmo es lento, ya que a esa altura es difícil atrapar oxígeno.
El paisaje es espectacular, con los salares y las montañas de Bolivia a un paso.
Poco a poco la caminata se vuelve más técnica.
Constantes saltos entre grandes piedras.
Las caídas son normales.
Al rato Martxel y su tocayo chileno Marcelo se separan de nosotros, y deciden subir más rápido.
La caminata se vuelve cada vez más lenta, y exigente.
Los descansos son más frecuentes y necesarios.
Además, el sol es cada vez más fuerte, y por momentos el viento sopla a gran velocidad.
Seguimos el ritmo de Mauro.
Caminamos 30 segundo, y descansamos otros 30.
Es lo normal, y que estamos casi a 6000 metros de altura.
“Hasta esa piedra”, nos dice Mauro, y una vez llegamos ahí descansamos un rato.
Me aliento, me doy gritos de ánimo.
Bufffffff!!!!
Me doy cuenta que el aspecto psicológico es casi más importante que el físico.
A tanta altura, la presión en la cabeza es muy alta.
Esa presión te impide pensar, y es por eso que el trabajo de Mauro (que por cierto se asemeja al de una “liebre en atletismo), es tan importante.
Los Marcel ya han hecho cima.
A nosotros aún nos queda un buen rato.
Y son los momentos más difíciles.
Viento, cansancio…. y en algún momento se me pasa por la cabeza el pararme, y bajar.
“No, no unos minutos más y ya llego” pienso.
Me paro, me maravillo con el paisaje, descanso unos minutos, y continuamos.
Los latidos del corazón es rápido.
En algún momento he llegado a las 180 pulsaciones.
Y eso que voy andando!!!
Observo el paisaje unos segundos, y prometo a la Pachamanma que llegaré.
El final está cada vez más cerca.
Vemos a los Marcel a lo lejos.
40, 30, 20, 10, metros…..y ahí está la cima.
Por fin!!!!
Alegría inmensa, nos hacemos las fotos de rigor, y estamos una hora allá arriba.
El paisaje desde los 6010 metros del Sairecabur es impresionante.
La experiencia ha sido fantástica.
Le damos las gracias a la Pachamama, y me prometo que algún día volveré.
Cosas así no se ven, no se sienten todos los días.