Fundador - Viajero ocasional
Resultado sobre 7 votaciones: ![[1]](/img/star.png)
![[2]](/img/star.png)
![[3]](/img/star.png)
![[3'5]](/img/star-medio.png)
En la mañana del 25 de Febrero de 2006 volamos hacia Madrid para continuar viaje hasta Zagreb. Nuestro avión, de la compañía Lufthansa, sale con una hora de retraso: nos dicen por megafonía que, al ir a despegar, se han dado cuenta de que no funciona el altoparlante (sic) del piloto, y van a cambiarlo por el del copiloto. A consecuencia del retraso perdemos el enlace en Munich, llegamos a Zagreb a las tantas y tenemos que coger un taxi para ir al hotel (la oficina de Hertz en el aeropuerto, en la que nos esperaba nuestro coche alquilado, está ya cerrada). Así que al día siguiente tenemos que volver, de nuevo en taxi, al aeropuerto a recoger el coche.
Zagreb
Regresamos en nuestro flamante Seat Ibiza al centro de Zagreb. Es domingo. Un policía está a punto de ponernos una multa por conducir por una calle peatonal. Aparcamos el vehículo y subimos hasta la catedral. Luego, entramos en Gradec, la actual ciudad alta, por la antigua puerta de piedra, que es un curioso lugar de culto (durante el viaje íbamos a tener sobradas ocasiones de comprobar el catolicismo militante -nunca mejor dicho- de los croatas). Pasamos por delante del Sabor (el parlamento croata) y del palacio del Ban, sede de la Presidencia de la República, sorprendentemente modestos.
Rijeka
Salimos de Zagreb y hacemos un alto en Karlovac, un pueblo de calles geométricas con edificios barrocos sin demasiado interés. Más adelante nos adentramos en un paisaje nevado. Comemos en un área de servicio de la autopista, en medio de la nieve. Llegamos a Rijeka, junto al Adriático, pero pasamos de largo para asomarnos a la península de Istria, la zona más cercana a Italia. No hay tiempo para alejarnos mucho (nuestro hotel está en Rijeka), así que tenemos que conformarnos con pasear por el puerto pesquero de Volosko y llegar hasta Opatija. Volvemos a Rijeka. La ciudad está colapsada por el carnaval, y tardamos bastante tiempo en llegar al Hotel Bonavia, que está en pleno centro.
Poco tiempo después estamos caminando por el centro de la ciudad, en el que está teniendo lugar el desfile del carnaval. Hay mucha gente disfrazada, en un ambiente festivo que el frío no desluce. Acaba el desfile y los jóvenes siguen la fiesta. Nos acostamos oyendo una orquesta que toca la bamba a 100 metros del hotel.