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VENEZUELA: EL DELTA DEL ORINOCO

[Nuria Trotamundos]

Nuria Trotamundos

[*][*] Viajero habitual

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Datos del viaje

Ó Nuria Millet

Luis nos llevó al embarcadero en el Paseo Mánamo de Tucupita y nos presentó al resto de la tripulación: su hijo Luis de diez años y Jhony, el cocinero y barquero. Con Javier y conmigo éramos cinco. Emprendimos el viaje y empezamos cargando gasolina en una gasolinera-palafito. Allí vimos la primera curiara, canoa hecha de un árbol vaciado, con gente indígena warao. Las aguas del río Orinoco eran de color café con leche y bajaban con grupos de verdes plantas acuáticas, que formaban islas diminutas arrastradas por la corriente. En las orillas la vegetación estaba formada por manglares, grandes árboles forrados de hojas y palmeras. Decían que la marea subía cada cinco horas. Partimos con marea baja y en los troncos de los manglares podía verse la señal de hasta donde llegaba el agua al subir.

  En el trayecto paramos en la orilla y vimos monos en la arboleda. Su pelaje rojizo destacaba más al sol, nos recordó a los orangutanes de Borneo. Luego encontramos grandes búfalos negros de agua, refrescándose. Su cornamenta era grande y curvada. También vimos tucanes con franjas amarillas en el pico, loros y otras aves que se llamaban guacharacas. Encontramos tres delfines oscuros que estaban jugando y saltaban sacando medio cuerpo fuera del agua. Eran tan rápidos y tan imprevisible el lugar por donde asomarían que, aunque los seguimos en círculos con la barca, no pudimos fotografiarlos. Encontramos una tortuga pequeña posada sobre el tronco cortado de una palmera, que enseguida se sumergió.

  Nos adentramos por canales más estrechos que aquí llaman caños. En ellos la vegetación de las orillas es más exuberante y está más próxima, a veces llegaba a juntarse formando una bóveda sobre nuestras cabezas. En alguna ocasión Luis tuvo que utilizar el machete para cortar alguna rama que nos obstaculizaba el paso. Paramos en uno de los caños más angostos y bajamos a tierra pisando terreno pantanoso. Los mosquitos del pantanal nos acribillaron, como una venganza de la naturaleza por profanar su territorio. Luego Luis nos enseñó la planta del cacao, abrió un fruto y nos lo dio a probar. Tenía un leve sabor, para prepararlo había que dejarlo secar. También probamos naranjas verdes cogidas del árbol y la toronja, que era más amarga. Nos mostró el ají picante y unos frutos rojos pequeños que usaban como colorante.

  Con la luz del atardecer vimos los palafitos de los indios warao. Quedaban unas doscientos cincuenta comunidades de waraos. Solían estar aislados por familias, repartidos por las orillas. En todos se distinguían las hamacas colgantes meciéndose con alguien que contemplaba el paso del tiempo. A veces los niños bañándose y jugando en el agua nos anunciaban la presencia de una casa más aislada. Algunas mujeres lavaban la ropa en el río. Nos saludaban tímidamente y seguían con sus tareas.

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[BARCA EN EL ORINOCO]   BARCA EN EL ORINOCO
[RÍO ORINOCO]   RÍO ORINOCO
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[PREPARANDO EL MOROCOTO]   PREPARANDO EL MOROCOTO
[JAVIER EN EL PALAFITO]   JAVIER EN EL PALAFITO
[DESCANSO EN LA HAMACA]   DESCANSO EN LA HAMACA
[EN LA CURIARA]   EN LA CURIARA
[PALAFITO WARAO]   PALAFITO WARAO
[MANGLARES DEL DELTA]   MANGLARES DEL DELTA
[A LA SOMBRA]   A LA SOMBRA
[NIÑA WARAO]   NIÑA WARAO
[LA HAMACA-CUNA]   LA HAMACA-CUNA