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DELICIAS DE ESTAMBUL

[Nuria Trotamundos]

Nuria Trotamundos

[*][*] Viajero habitual


Datos del viaje

Ó Nuria Millet

Sentados en una de las terrazas de la plaza de Santa Sofía oímos el canto del muecín que llamaba a la oración desde la Mezquita Azul. Como un eco lejano le contestaban desde las otras mezquitas, con el sistema de altavoces instalado por toda la ciudad. El sol brillaba sobre cúpulas y minaretes, el cielo tenía un intenso color azul y la temperatura era agradable. Estábamos en Estambul.En la calle Divan Yoli nos tentaron las atractivas pastelerías y probamos bocados de hojaldre con naranja, limón, miel y dátiles, coco, pistacho, fresa,  y almendras. Había algunos con nombres sugerentes como “ombligos de mujer” y “labios de dama”. Eran las delicias turcas, una dulce introducción.

Con el estómago satisfecho visitamos Santa Sofía, la mezquita rosa. Fue mezquita durante 500 años, y desde 1935 Ataturk la convirtió en Museo. Viajando por Turquía resultaba casi imposible desconocer quién fue Ataturk. Según puede leerse en cualquier guía o libro de historia, Ataturk abolió el califato, proclamó la república, instaló la capital en Ankara, separó la religión del Estado, suprimió los tribunales religiosos, ordenó que la lengua turca fuera escrita en caracteres latinos y no árabes, sustituyó el calendario musulmán por el gregoriano, impuso a los turcos un solo apellido, incorporó a la normativa jurídica normas basadas en el código civil suizo, el código penal italiano y el código comercial alemán.

Sus afán de modernidad le llevó a prohibir la poligamia, introdujo el modo europeo de vestir, obligó a las mujeres a abandonar el velo y también les dio el derecho a votar. No nos extrañó que se le venerara como padre de la nación y que su nombre y su recuerdo aparecieran por todas partes. Cada año a las 9.05 horas del día 10 de noviembre, millones de turcos le ofrecían sesenta segundos de luto al padre de su nación, que murió en 1938.Nos gustaron más las imponentes cúpulas de la Mezquita Azul, que tenía seis minaretes, como las mezquitas más sagradas. Con la iluminación nocturna de las dos mezquitas era fácil trasladarse a un cuento oriental. Desde la azotea de nuestro hotel podían verse los minaretes y los palomares oxidados instalados en los tejados de las casas. Durante el Imperio Otomano las palomas eran utilizadas como mensajeras, y muchos turcos mantenían la afición por estas aves, como comprobamos en el mercado de los pájaros, donde también vimos mucho bulbul (canario) enjaulado.Comimos en el restaurante de los jardines del Palacio de Topkapi. Probamos el börek, una especie de pastel de hojaldre relleno de queso, y Kebab, la conocida y sabrosa carne de cordero asada lentamente en un fuego de leña, con arroz y puré. Como en la mayoría de restaurantes, no servían vino, por ser musulmanes. La terraza tenía una vista impresionante del Cuerno de Oro, un brazo de tierra que entraba en el mar Bósforo.

Era uno de los puertos naturales del mundo, y se le llamaba así porque tiene forma de cuerno, y la superficie de agua toma el color dorado en la puesta de sol. Aquel día el agua tenía un color azul turquesa intenso, aunque los libros hablaran de polución. La ciudad se extendía sobre el azul del mar a lo largo de 11 kilómetros.La palabra Topkapi significaba “Puerta de Cañón”. El Palacio se componía de cuatro patios con mezquitas, fuentes y el Harén. Decían que en la edad de oro del imperio vivieron aquí casi cuatro mil personas. Se entraba por una puerta que únicamente podían traspasar los sultanes a caballo. En la visita guiada se enseñan las celdas de los eunucos y algunas de las habitaciones del Harén. Podían vivir en él de ocho hasta cuatrocientas mujeres, según la fogosidad del sultán. En el salón principal las mujeres bailaban ante el sultán por turnos para que las eligiese. En el puerto, frente a la Nueva Mezquita de la Madre del Sultán nos sentamos en un café a tomar un çay (té) y  comer pistachos, mientras contemplábamos el ambiente. Había kioskos que ofrecían una bebida blanca que resultó ser lassi, el yogurt salado. Otros puestos vendían pescado frito.

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