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Viajero habitual
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Ó Nuria Millet
Aprovechamos un vuelo barato para hacer una escapada a Oporto. Es una bonita ciudad en la desembocadura del Duero, y está considerada Patrimonio de la Humanidad. Nos alojamos en el Hotel Peninsular en la Rua da Bandeira. Era céntrico y en la entrada tenía los típicos azulejos portugueses.
La ciudad tiene encanto, conserva los tranvías rojos y amarillos, las casas están escalonadas y tienen fachadas de azulejos. Las dos orillas del río están comunicadas por un puente de estructura metálica, el Puente de Luis I, construido en 1886 por una sociedad belga siguiendo los planos de uno de los antiguos ayudantes de Eiffel. Desde la Torre de los Clérigos hay buenas vistas de la ciudad.
En el río vimos los rabelos, los barcos que transportaban las barricas de vino de Porto. Visitamos varias bodegas en la ribera del río, con toneles inmensos. La visita incluía la degustación de vino.
Curioseamos libros en la preciosa librería Lello & Irmao, de 1906. Tenía una colorida vidriera modernista en el techo y una escalinata de madera. Alli vimos el libro de José Saramago “Viaje a Portugal”, que habíamos leído. También es interesante la librería del Palacio de la Bolsa. No hay que dejar de tomarse un pingo, como llaman allí al cortado, o un capuchino en el antiguo Café Majestic. Es un café de 1921 que te transporta a otros tiempos, con espejos, molduras de yeso y mesas de mármol.