Fundador - Viajero ocasional
© Amelia y Luis
Al fin y tras 30 años de guerra civil, incluido un periodo de más de 3 años (1975-1978) de auténtico terror, Camboya ha empezado a renacer de sus cenizas y desde 1998 el país se puede considerar tranquilo. Con la llegada al poder en 1975 del sanguinario dictador Pol Pot y sus temibles Khmer Rouge, el país sufrió uno de los peores genocidios de la historia reciente.
Bajo el pretexto de convertir el país en una utópica sociedad agraria, mandó despoblar todas las ciudades, abolió la propiedad privada y el dinero, la industria, prohibió la medicina moderna y por tanto los hospitales, en definitiva acabo con todo aquello que pudiera suponer un avance. Mató a todos los intelectuales, maestros, doctores, ingenieros, etc…por considerarlos un posible peligro para llevar a cabo sus planes (¡¡el mero hecho de llevar gafas te convertía en posible reo!!). En total un tercio de la población camboyana (más de 2 millones) fue torturada y asesinada en campos de exterminio y el resto fue obligada a trabajar en el campo como esclavos. Todo ello ocurría ante la mirada impasible del resto del mundo (más información www.liberalismo.org/articulo/126/20/). Ese terrible período ha dejado enormes secuelas en la población camboyana. Todavía quedan un millón de minas sin explotar y cada año unas 700 personas sufren las consecuencias. Hasta el 2001, la guerrilla de los khmer Rouge siguió haciendo de las suyas, y aún hoy el país se encuentra en pleno proceso de desarme.
Llegados a la última ciudad tailandesa de Aranya Prahet, entramos en Camboya el 12 de Octubre por la ciudad fronteriza de Poipet. Allí sufrimos los pesados trámites de la policía camboyana, que nos tuvo más de dos horas esperando para entrar en el país. Finalmente y un poco más tranquilos después del ajetreado paseo entre fronteras (es una zona muy pobre y con niños pidiendo de un modo un tanto agresivo) nos encontrábamos en Camboya.
El conductor del autobús nos recomendó que no le perdiéramos de vista y que le siguiéramos en todo momento. Eso hicimos, y nos llevó a un garito un poco extraño dónde debíamos cambiar dinero (había un tío sentado detrás de una mesa muy cutre rodeado de fajos de billetes ...pero en fin, confiamos en nuestro chófer...y así nos fue, nos estafaron y no poca cantidad. Éramos unos 15 y a todos nos pasó lo mismo, pero claro, al darte más de un millón de rieles (moneda local), es imposible ponerte a contar tantos billetes entre el bullicio, así que nadie se dio cuenta hasta que pasaron unas 7 horas y fue demasiado tarde. Ya habíamos cambiado de vehículo y conductor. Allí conocimos a Erik, un argentino, muy argentino, que viaja con su bandera en la mochila y que profesa con devoción el primer mandamiento de su país: “Amarás a Diego por encima de todas las cosas”. En seguida hicimos buenas migas con este bonachón rockero de Buenos Aires y compartimos muchas horas de charla atravesando Camboya y parte de Laos.