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EXPERIECIAS EN LISBOA

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Datos del viaje

Barrio alto
Tomarse una copa de un intenso vino portugués en cualquiera de las tascas que se asoman al empedrado y empinado suelo del barrio, deleitarse con unas almejoas en salsa verde o un pescado a la brasa adornado con verduras, comprar algo de ropa en los pequeños locales que pueblan el barrio donde los nuevos diseñadotes portugueses intentan poner un toque de modernidad. Pasear por las callejuelas que huelen a mar, donde la historia se respira en cada esquina. Pasearse por arriba y bajo del mítico café de la Brasileira mientras Pessoa nos observa a cada paso. Subir, girar, caminar, detenerse en una pequeña plaza para saborear el intenso aroma del café portugués que a mi por lo menos me sabe diferente.

La Alfama
Con los ecos de los fados de Marisa cuando habla de su Moreria, el barrio vecino a la Alfama, me perdi en el laberentino del barrio en el que hubiese nacido si hubiese nacido en Lisboa. Las calles desembocan en pequeñas casas blancas con flores en las terrazas a las que solo es posible es llegar a pie. Sus propietarios parece que llevan lustros en ellos. Alguna plaza arbolada y alguna que otra construcción nueva nos llevan a los miradores mas bonitos de la ciudad. No solo desde el castillo se San Jorge, desde otros puntos la ciudad se rinde a nuestros pies mostrándonos un Tajo que serpentea por la costa hasta pasar el puente 25 de abril y llegar al mar. Entro en algunas de las tascas para tomarme el licor de guindas más afamado de Portugal.

Escuchar fado
La nostalgia y ese sentimiento tan portugués que es la saudade, difícil de traducir a otros idiomas, son algo que impregna el aroma de Lisboa y que esta presente en mucho aspectos de la vida cotidiana. La Tasco do Chico, en el corazón del barrio alto, ofrece conciertos varios días por semana. Una opción muy recomendable si no se quiere acabar en el típico restaurante turístico con fado incluido.

Pasear por la orilla del Tajo
El renovado paseo con cafeterías y restaurantes a la última es lugar idóneo para dejarse seducir por la brisa que viene del Tajo. Sentarse a tomar algo y simplemente disfrutar de la desembocadura del río Tajo es todo un placer. Me recuerda a Estambul, esa misma sensación de bálsamo reparador que tenía cuando vivía en el Cuerno de Oro en la antigua Constantinopla.

Un recorrido en tranvía
Con su mítico anuncio de coca cola en la parte exterior y serpenteando por las callejuelas de la Alfama, el tranvía 28 sigue siendo el mejor medio de transporte para adentrase en una de las partes más autenticas de la ciudad que evoca su pasado en cada esquina. Algún que otro carterista suelto intenta desvíranos de nuestra atención principal, el paisaje urbano que vamos dejando atrás.

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