Tomarse un te a la menta en alguna de las terrazas de la plaza Jemaa el Fna, mientras los encantadores de serpientes y cuenta cuentos varios se hacen los dueños al atardecer.
Pasear por la muralla al caer la tarde o a primera hora de la mañana y empaparse del color rojizo que tiñe el ambiente.
Hacer una escapada a alguno de los cercanos pueblos del Atlas o a las primeras dunas del desierto del Sahara.
Visitar la mezquita Koutoubia y sacarle unas fotos. Si te interesa la arquitectura hay varios palacios que se pueden visitar como el Al Badi.
Armarse de paciencia para el regateo y pasar una tarde (o más) en el Zoco de la ciudad.
Visitar el barrio nuevo e ir calle arriba, calle abajo a través de la avenida de Mohamed V.