Viajero ocasional
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El hombre de los bosques
Los Orangutanes, de carácter apacible, cabellos rojizos y mirada profunda, son una especie amenazada y su población se ha reducido a la preocupante cifra de 20 mil, según los últimos censos realizados.
Estos seres pacíficos y de vida solitaria han sido el centro de diversos estudios en los que se ha podido establecer su alto nivel de inteligencia y su estrecha cercanía genética con el ser humano. El uso de herramientas, la capacidad para resolver problemas en su vida cotidiana, y la habilidad que algunos individuos demostraron para aprender el lenguaje de señas, nos habla de una especie de la que aún hay mucho por saber, una especie a la que se le está quitando el derecho a la vida. Las voces de alerta son muchas, sin embargo, lamentablemente aún no logran ser oídas en todas partes.
La selva, donde conviven con miles de otros animales está siendo destruida para dar paso a extensas plantaciones de palmeras, especies vegetales de las cuales se extrae el aceite para fabricar diversos productos con fines estéticos, como jabones o cremas, o fines, paradójicamente, ecológicos como el biocombustible. Este es un negocio próspero para países como Malasia e Indonesia, en el sudeste asiático, los mayores exportadores de estos productos, y también los únicos donde los orangutanes aún sobreviven.
La amenaza y destrucción del bosque y sus animales se enfrenta a la protección y lucha de quienes entienden que preservar estos pulmones verdes del planeta, no sólo beneficia a sus habitantes, sino al equilibrio completo de la humanidad.
Sin embargo y a pesar de esto, el bosque tropical lluvioso se ha ido reduciendo considerablemente en los últimos años. La industria de la palma y la tala legal e ilegal, ha obligado a las especies animales que ahí habitan a trasladarse en busca de alimentos a zonas aún no alcanzadas por la mano del hombre, viendo, con esto, cada vez más reducido su hábitat natural y mermando la población de miles de ellos. Por otro lado la quema anónima de grandes extensiones de bosques, ha forzado a los campesinos a abandonar las tierras y ha facilitado la aparición de nuevas plantaciones de palmeras. Estos incendios intencionales han provocado la muerte de cientos de especies que allí viven y que simplemente no logran escapar, quedando atrapadas entre las llamas o el humo.
Los Orangutanes que alguna vez ocuparon todo el sudeste asiático, hoy, apenas, ocupan zonas protegidas en las islas de Sumatra y Borneo, zonas que a pesar de su condición de intocables deben permanecer alertas por el peligro constante de quienes ven en el bosque una oportunidad de negocio. Y el negocio, no sólo se encuentra en la producción de aceite de palma, o en la tala de árboles, la captura y venta en el mercado negro de especies animales, también se ha transformado en una forma muy lucrativa de oficio.
El robo de pequeñas crías de orangutanes, se transformó hace mucho tiempo ya, en una excelente oportunidad de ganar dinero. La demanda de estas indefensas y graciosas criaturas, ha transformado esta actividad ilegal en una fructífera industria clandestina.
La cadena comienza en las manos de algún habitante local que conoce la selva y puede acceder a ella en busca de la “mercancía”. Generalmente cuando un pequeño orangután es atrapado, su madre resulta muerta al intentar protegerlo. Incapaz de defenderse por si sola, la cría, ya bajo el poder de inescrupulosos, comenzará un viaje que la llevará inevitablemente al encierro, la soledad y la humillación.