Viajero ocasional
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Reflexiones sobre el viaje Estoy escuchando música dominicana y mis pensamientos se disparan hacia aquellas tierras y comienzan a bosquejar lo que empiezo a volcar aquí para poder expresar ese cúmulo de sentimientos encontrados que fueron apareciendo en los días que permanecí en aquel país.Cuando el avión iba aterrizando en el aeropuerto de Punta Cana, me asombró la gran choza que tienen por terminal de llegada.
Al bajar quede maravillada frente al bonito paisaje que apareció lleno de canteros con flores y hermosas palmeras canas, que dan su nombre al lugar.El día era más que caluroso. El aire húmedo y caliente.El sonido del güiro, el acordeón y los tambores llegaba a la escalerilla del avión. Las chicas vestidas a la vieja usanza, con los colores de la bandera del país, nos esperaban en la entrada de ese gran ranchón, para tomar la típica fotografía del lugar que confirmaría que allí estuvimos.
En el trayecto al hotel comenzaron a mezclarse mis sensaciones, mientras observaba la gente, las guagas ,, el paisaje, las casas y los inmigrantes haitianos, apiñados en camiones cargando su pobreza material pero con caras sonrientes y riéndose con sus compañeros de desventuras, tal vez contentos de haber encontrado en el vecino país un futuro mejor.En unos 20 minutos apareció el predio del hotel (al que mas tarde sentiría como una jaula de oro.), hacia donde van y vienen los autobuses cargados de turistas, que disfrutaran de las blancas y maravillosas playas y de los jardines parecidos al Edén. Allí la alegría se contagia, se baila al ritmo del merengue y la bachata, junto al trago, donde nunca falta el ron y se contempla el atardecer saboreando una cerveza presidente bien helada.Allí todo esta preparado para que los visitantes se sientan en un lugar cercano al paraíso.
Allí todo esta muy bien… diría que demasiado bien.Afuera hay otra realidad. La realidad del dominicano .Para ellos es imprescindible tener un teléfono móvil, un buen “ abanico de techo” y un equipo de música para escuchar la bachata a todo volumen .Ésta nunca les molesta y mientras la escuchan cantan las canciones, pues saben de memoria todas las letras , que siempre son historias de amantes sufrientes.El camino a Sto. Domingo nos da una rápida visión del país. De ese país con una cultura tan diferente a la nuestra, tan diferente, como el color de la piel.Al salir de la zona de hoteles aparece otro mundo, ese mundo que quedó afuera, sin salida al desarrollo.
Según nos cuenta el guía, la política es algo en lo que nadie cree, ya que los gobernantes prometen todo y cumplen casi nada. Debe ser por eso que parece un país sin Ley.El trafico y la manera de conducir allí es un verdadero desastre. Es ver para creer.Es normal ver a los “moto conchos” (taxi-motos) con tres personas y sin casco. Se cruzan sin mirar, y nadie se inmuta, Solo les tocan bocina..