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Fundador - Viajero habitual
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VIERNES 11 DE AGOSTO… …
11º DIA… … FETHIYE
LOS BAÑOS DE CLEOPATRA
Nada de resaca. Quizás un poco de dolor de pies, pero nada más. Dormir, y sobre todo haber sido inmensamente feliz en la noche anterior, hicieron que cualquier atisbo de dolor de cabeza o de cansancio, se fueran como por arte de magia. En la hora prevista, y con el retraso habitual, cogimos el autobús con destino a Goçek. Y allí nos esperaba una goleta.No comprendía que habiendo tantos barcos en Fethiye, nos tuviésemos que ir a otro puerto para embarcarnos en una goleta, pero Helena me aclaró que por la ruta que íbamos a hacer, partir de Goçek, era mucho mejor que hacerlo desde Fethiye. De Goçek poco que contar, pues apenas lo vimos. Tan solo fué nuestro punto de partida.
Nuestra goleta, se llamaba Adora, y era unos 5 o 6 metros más larga que la anterior. Al entrar en ella, vimos que no estábamos solos, pues dos parejas, amigas del dueño de la embarcación, estaban sentadas en un lateral. Eso no nos gustó demasiado, pues creíamos que la goleta sería para nosotros solos. En la parte de atrás, había una mesa con sus sillas correspondientes, y una especie de gran sofá de madera con cojines aterciopelados de azul. Era el lugar perfecto para tumbarse a dormir, pues un toldo se encargaba de facilitar sombra.En medio, el puente de mando, y debajo de él, una escalera que bajaba a los dos camarotes con su baño que tenía la goleta. Además estaba también la cocina. En la parte delantera, una mesa de madera, rodeada por otro sofá similar al de la parte de arriba, y delante de todo, numerosas colchonetas azules y cojines gigantescos para tumbarse a filosofar sobre lo humano y lo divino. Una gozada. Primero nos dirigimos a una cala que nos decepcionó. Sucia, llena de manchas de aceite en el agua, pensamos que vaya sitio para detenerse y bañarse. Pero no. Nos acercamos a otra goleta, y en ella “desembarcamos” a los cuatro “polizones” de nuestro barco. Ahora estaba mejor.Después de allí, nos dirigimos a una cala preciosa, increíblemente limpia y con unas pequeñas ruinas en la orilla, a la cual se podía llegar nadando desde el barco.Empezamos a tirarnos, a jugar en el agua con unos tubos de corcho a modo de flotador. Ruben y Virginia, hacían snoorkel, Juanma se alternaba las gafas de agua con Encarna y Josep, seguía descansando en una esquina del barco, leyendo…el esfuerzo de la noche anterior le pasaba factura…. Josep, tenía la habilidad de estar como desaparecido, y en un momento puntual, empezar a ironizar sobre las fotos y sus componentes. A veces su presencia en una foto, la dignificaba, pero solo a veces…La sensación de navegar con las velas, dejando que el poco aire que sople te lleve, es sensacional. Navegación a vela en una goleta por el sur de Turquía, por el egeo. Mágico Después de jugar un buen rato en el agua, o de tomar el sol en la cubierta, cambiamos de cala. Cambiábamos el paisaje, pero los decorados seguían siendo preciosos.Aguas de tonalidades verdes mezcladas con la vegetación de las montañas.Comimos en el barco. La comida sin ser tan espléndida como en el otro barco, no estuvo mal, y después de comer, a otra cala… la tercera. En esta, teníamos unas ruinas en el agua, a las que se podía acceder nadando desde el barco. Lo malo es que estaba abarrotado de turistas de otras embarcaciones.Silvia y yo, nos entretuvimos en lanzarnos al agua, haciendo volteretas y sacándonos fotos el uno al otro. Cualquier cosa valía para no hacer nada. Aunqué tumbarse en la proa del barco, sobre una colchoneta y con una cerveza en la mano, era casi imprescindible.Y de allí, a los baños de Cleopatra.Otra cala tan preciosa como las anteriores nos esperaba. Según la leyenda, en esta cala solía venir Cleopatra a bañarse. De ahí su nombre claro. Y lógicamente, ¿Cómo no íbamos a remojarnos nosotros en un sitio tan legendario como este. En la orilla, había un pequeño bar y restos de algunas construcciones.
En la antigüedad fué un pueblo importante. Si se quería, podíamos nadar hasta la orilla, jugueteando con los pequeños peces que nadaban a nuestro lado.Creo que me gustó más el primer día de barco, que el segundo. Aparte de por la amabilidad del personal, quizás el barco era más coquetón, y creo que la mayoría opinamos lo mismo.Regresamos a Fethiye y después de una ducha, salimos a pasear de nuevo por la ciudad. Encontramos una tienda de discos y compramos el que tanto nos había gustado el otro día, el del grupo M F O. y también uno de música de danza del vientre.Paseamos de nuevo por las mismas calles que ayer, y al final optamos por sentarnos a cenar en la terraza del Bizim Restaurant, un local algo más alejado del centro. El camarero era enormemente amable. Y el local parecía un restaurante más para los del país que no para los extranjeros.La casualidad hizo que mientras estábamos esperando los platos, aparecieran por la misma calle, la familia Salomon y Amparo, y se sentaron juntamente en la mesa que había detrás nuestro. Y no nos vieron. Hasta que me giré hacía ellos y les hice alguna broma sobre el lugar.Y por si queríamos pasar desapercibidos, Virginia y Ruben, también pasaron por allí. Pero no se quedaron.
Después de la cena, los volvimos a encontrar por el centro del pueblo, y nos fuimos con ellos y Mertxe a pasear todos juntos y tomarnos un helado por las calles de Fethiye. Se hacía tarde, y queríamos comprar un par de cosas que habiamos visto, por lo cual nos despedimos de los tres, y nos fuimos hacia el centro del bazar de Fethiye.Esta visto que no puede uno ir de incógnito, pues al regresar al hotel, nos encontramos con Paz y Susana, que venían de pasear y se iban a tomar un té. Éramos un grupo, pero con la suficiente autonomía para irse cada uno por su cuenta, o bien en grupo más reducido, en “petit comité”… La sensación de que los días finales del viaje se acercaban, empezó a rondarnos por la cabeza. Mañana teníamos un día de visitas interesantes.Pero eso sería mañana.
SABADO 12 DE AGOSTO… … 12º DIA… …
FETHIYE-SELÇUK MILETO, APOLO, EL CHOFER Y EL CD…
Tras un día, de relax, volvía la pesadez de un viaje eterno en autobús. Preparar de nuevo maletas, desayunar y encontrarnos todos en la entrada del hotel, para irnos hacía Didime. La puntualidad, volvía a ser como siempre una batalla perdida. Y menos mal que siempre nos lo tomamos de buen rollo, por que de lo contrario… Por el camino, paramos en una gasolinera a repostar y la mayoría aprovechamos para ir al baño o comprar agua.Ugur me llamó y me enseñó varios CDS de música turca, de varios autores…bien, me compraré uno pensé… ¿pero cuál? Ugur me recomendó uno, el de una cantante llamada Candam Ençetin. Por 12 liras, menos de 6 euros, tenía un CD de música turca moderna… o eso pensaba yo. En el autobús, como la mayoría sabían que había comprado un CD, pues me animaron a que lo pusiera…y se puso. Resulta que esta cantante es una muy famosa artista turca, pero esta vez había grabado un CD de música tradicional, una especie de recopilatoria de canciones antiguas turcas. Zafer, el conductor, lloraba de risa. Con un pañuelo se secaba las lágrimas que la risa le provocaba, mientras yo con cara de tonto, pensaba que vaya música más rara para ser pop. Pero el cachondeo mayor vino, con una letra que repetía constantemente “sanay, sananay, sanay”…una especie de la la la, turco…Ugur también se reía, y el resto del autocar ya empezaba a preguntar que demonios pasaba.Ugur me pidió perdón, que se había equivocado, y que no sabía que ese disco fuera así.Bueno, teníamos un CD de música tradicional en vez de pop. No pasaba nada. Pero a Ugur lo estrangularía…. Con el cachondeo pertinente, el viaje se hizo más corto, y cerca de las 12.45 llegamos a Dídime.
Íbamos a ver el templo de Apolo, o lo que quedaba de él. Apolo, Dios del sol, y del exterminio, hijo de Zeus y hermano gemelo de Artemisa, la diosa de las montañas y los bosques. Podía sanar enfermedades y ocasionar muertes repentinas. Apolo.Ninguna colonia griega se fundaba sin consultar a Apolo. La ciudad de Dídime, no es una ciudad propiamente dicha. Tan solo unas cuantas tiendas y algún restaurante a pie de carretera, custodiando la joya más valiosa del lugar.El templo. El templo de Apolo jamás llegó a ser terminado. A pesar de ello los sacerdotes y su oráculo siguieron ejerciendo hasta que la llegada del cristianismo prohibió las prácticas paganas. Lo que queda del templo hoy, tan sólo son las ruinas de un templo que se creó a finales del siglo IV a.c. y que fué construido para reemplazar al original destruido por los persas.La perspectiva del templo desde la carretera es preciosa, magnifica. En tiempos tuvo más de 120 columnas de mármol, y en su interior se encontraba el oráculo.