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Fundador - Viajero habitual
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PROLOGO
La miré a los ojos, y a través de ellos pude ver el reflejo de unas piedras bañadas por un agua verde cristalina No estaba soñando.Su mirada penetrante y dulce a la vez, me atraía de la misma manera que me atrajo un paisaje casi lunar.Vi a seres envueltos en un blanco perfecto girar y girar hasta el infinito.A través de su mirada, retrocedí cientos de años y me paseé por los restos de lo que algún día fueron esplendorosas ciudades; templos, estatuas y teatros, se me mostraban con la misma rapidez que su pestañeo. Incluso, en una sensación inexplicable, a través de sus ojos pude escuchar las llamadas al rezo desde impresionantes mezquitas.Cruce de caminos, y me seguía perdiendo en su mirada, tanto que no supe hasta hoy mismo, si Europa terminaba en el mismo lugar que empezaba Asia.Se que no fue un sueño.Turquía fué real…una realidad que realicé mientras le miraba a sus ojos.Los ojos de Turquía.
MARTES 1 DE AGOSTO… …
DIA 1º… … BARCELONA-ESTAMBUL
EMPIEZA LA AVENTURA.
Jamás había estado tanto tiempo, tan pendiente de las noticias, como en las 72 horas antes de partir. Las noticias sobre el colapso en el aeropuerto del Prat, me tenían bastante preocupado, por lo que para evitar problemas e imprevistos, decidimos presentarnos en el aeropuerto, tres horas antes de la salida. Estábamos los primeros en la cola de facturación, y mientras esperábamos a que abrieran me entretuve en intentar adivinar quienes serian mis compañeros de viaje de Barcelona. Tan solo sabía los nombres, pero no que cara tendrían. Y para ello tuve que esperar hasta Estambul.Nuestro vuelo de la Turkish Airlines, numero 1854, tenía programada su salida a las 14 horas, y con tan solo un retraso de 10 minutos, despegamos rumbo a Estambul. Fuimos bastante cómodos: asientos de cuero, espaciosos y sentados en las primeras filas. Un detalle que me sorprendió, es que con la comida que nos sirvieron en el avión, los cubiertos eran de metal, y no de plástico como suele ser habitual. Volábamos a más de 9000 metros de altura, con una velocidad media de 950 kilómetros hora. Y en poco más de 3 horas y cuarto, aterrizamos en el aeropuerto internacional Ataturk, en Estambul.
Hora local, 18.30 horas. Una más que en Barcelona.Primeros pasos en Estambul. Tramitar el visado, que es tan solo el hacer cola, abonar 10 euros o 15 dólares y que te pongan un sello con el importe abonado en el pasaporte. Las colas para tramitar el visado eran enormes, pero al salir de los primeros del avión, lo pudimos tramitar rápidamente. Siguiente paso: control de pasaportes. Más colas, y que el funcionario nos ponga un sello en el pasaporte con la palabra “Guiris”, que en turco aprendimos que significa entrada. Si no se había abonado primero la tasa del visado, la cola no servía para nada, y uno debía de volver a la primera fila.Ya legalmente entrados en territorio turco, el siguiente paso, fue cambiar algo de dinero en las oficinas de cambio que había en el aeropuerto. Las tasas de cambio en los aeropuertos no suelen ser muy ventajosas, pero preferimos renunciar a unas pocas liras, para tener algo de efectivo en los primeros momentos. El cambio estaba a 1.90 liras por euro, más una comisión de 3.80 liras.La moneda turca sufrió una gran remodelación en el 2005. Antes, casi todo el mundo era “millonario” en Turquía. Las monedas tenían un valor de 50.000, 100.000 y 250.000 liras, y los billetes de 500.000, 1 millón, 5, 10 y 20 millones de liras. La nueva lira turca, abolió casi todos los ceros, y las monedas y billetes pasaron a tener un valor digamos mas normal.
Una botella de agua en el 2005, valía 100.000 liras. En el 2006, 1 nueva lira…más cómodo de usar.En todos los billetes, paisajes de Turquía, y la cara siempre presente de Ataturk, el fundador de la nueva Turquía.Con el visado, el pasaporte sellado y moneda local en los bolsillos, fuimos a por la maleta. Nos tuvimos que esperar muy pocos minutos para recogerla, y con los equipajes también completos, nos fuimos a la salida, a buscar a nuestro guía.Dimos un par de vueltas, y entre todos los carteles de agencias y nombres, no divisamos a ninguno de Ambar o Kananga. Nos alejamos del gentío y Encarna realizo una segunda ojeada. Y premio. Encontró a nuestra guía.Helena, era una chica de 25 años, de melena rubia, mediana estatura y con una sonrisa encantadora. Llevaba la camiseta de Ambar, azul oscuro y un cartel en la mano. Con ella estaba ya uno de nuestros compañeros de viaje, Juan Manuel, que no salía mencionado en la relación de viajeros que teníamos.
Juan Manuel se apuntó al viaje tarde, tan tarde que algún contratiempo en los vuelos tuvo….como bromeábamos siempre, él, no debía de estar en este viaje.Unos minutos mas tarde llegaron el resto de viajeros. Por fin les pusimos cara a los nombres. Joseph Mª y Elizabeth, viajaban con su hija Silvia. El 7º miembro del grupo era Amparo, una chica que viajaba sola.Primeras y tímidas presentaciones y al coche, a un monovolumen que nos llevaría a nuestro hotel.El aeropuerto de Estambul, está situado a 23 kilómetros del llamado centro urbano, y por el trayecto fuimos observando las primeras imágenes de la ciudad, de una gran ciudad bañada por dos mares, bulliciosa, caótica en su circulación y sobre todo turística. Los restos de las antiguas murallas, se nos mostraban a ratos, mezcladas con edificios singulares. En poco más de 20 minutos estábamos ya en nuestro hotel, el Sude Konak, en la Ebusuud Caddesi, en pleno centro del barrio de Sultanahmet. Muy bien situados, a 5 minutos a pie de los lugares mas turísticos de Estambul, la mezquita azul, Santa Sofía o el palacio Topkapi.Helena nos dió unos minutos para que dejáramos nuestras cosas y tuviéramos con ella una pequeña charla sobre el viaje. Nuestra habitación, era un zulo. Pequeña, angosta, y sin ventilación, con una ventana que daba a un patio interior oscuro. La cama de matrimonio parecía mas una individual un poco más grande, que no una para dos personas.