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LOS CASTILLOS CATAROS

[LLORENÇ]

LLORENÇ

[*][*] Fundador - Viajero habitual


Datos del viaje

LOS CASTILLO CATAROS. Carcassonne, es uno de esos lugares que siempre tenía como pendiente de conocer. Quizás por la proximidad a Barcelona, quizás porque lo iba posponiendo en pro de otros lugares, lo cierto es que siempre era como una asignatura pendiente. Pero toda espera tiene su fin, y la Semana Santa del 2006 fue la escogida para saldar “esta deuda”. El viaje a Carcassonne fue plácido, tranquilo, con los Pirineos adornados aun con algo de nieve, y con centenares, con miles, decenas de miles de viñedos que nos iban acompañando en el trayecto. Sorprende ver tal cantidad de viñedos a ambos lados de la carretera y como nuestro coche, como un intruso se iba adentrando entre campos repletos de incipientes cepas. Nuestra primera parada sería el pequeño pueblo de Lagrasse, con una abadía fundada por el mismo Carlomagno.

Esta abadía fue muy influyente en la zona, desde el siglo VIII al XIV. Pero estaba cerrada. Nos contentamos en contemplarla desde el exterior, y en pasear por los varios puentes que cruzan el río Orbieu. El paisaje era sencillamente hermoso. Con el aspecto de una ciudad apaciguada en su mediodia, y sus calles estrechas respirando paz, Lagrasse se encuentra a unos 60 kilómetros de nuestra meta: Carcassonne. Se conocen varias leyendas sobre el nombre de la ciudad, siendo la mas aceptada la de la que se produjo durante el asedio de la ciudad por Carlomagno. Madame Carcas,  señora de la ciudad y estandarte de la resistencia, después de cinco años de asedio, durante el siglo IX,  tiro un cerdo lleno de grano por las murallas, haciendo creer erróneamente a los asaltantes que la ciudad estaba llena de alimentos y podían resistir todo el tiempo que quisieron. Carlomagno se retiró, y las trompetas de la ciudad empezaron a sonar. “Carcas sona”…. Nuestro hotel estaba bien situado, a tan solo 5 minutos a pie de la ciudad amurallada, de sus murallas, y desde la ventana de  nuestra habitación las torres y la muralla eran bien visibles.

Del hotel, tan solo mencionar un aceptable. Entrar en la ciudad medieval  de Carcassonne, con sus 26 torres y sus dos murallas que suman más de 3 kilómetros de longitud, es como retroceder al pasado y esperar que en cualquier momento cientos de caballeros se adentraran por el puente colgante con sus lanzas y armaduras. Lastima que los caballeros medievales, fueron sustituidos por los cientos de turistas que como nosotros, estropeaban la magia del lugar. En algunos momentos los pináculos de las torres me hacían creer que me encontraba dentro del castillo de cenicienta. La entrada principal se realiza por la puerta de Narbona, con un puente que salva un impresionante foso. 

La ciudad, erigida encima de una colina, es sencillamente preciosa. Los antiguos mercaderes, han sido sustituidos por las tiendas de recuerdos, y las posadas por decenas de bares y restaurantes llenos a cualquier hora.Si se quiere disfrutar de algo de paz, lo mejor es salir de la muralla y caminar por los caminos exteriores, contemplando los campos y la ciudad nueva o moderna, edificada a los pies de la ciudad medieval.  La calle principal de la ciudad, de la Cité, es la Cross-Mayrevielle, y esta calle conduce directamente al castillo Comtal, un enorme cuadrilátero con entrada de pago. La basílica de Saint Nazaire, resalta con sus agujas, sus gárgolas y ya en el interior por sus rosetones. Pasear por la Cité, es como hacer un fascinante paseo por la historia. Como punto de encuentro, la plaza Marcou, llena de terrazas y como no, de turistas. La ciudad nueva, la ciudad en si, es como una ciudad más. Tiene sus bonitos lugares, claro que si, pero después de pasear por la Cité, todo parece mas liviano. Un paseo  a media tarde por sus calles, un refresco en una terraza, y la dimos por vista.

Quizás lo mejor de todo, es el paseo de la ciudad, hasta la Cité, cruzando el puente Neuf, y contemplando el río, su ribera y la imagen de la ciudadela al fondo.Para cenar, probamos el plato típico de la zona: la cassoulette.  Al día siguiente nos fuimos hacia Lastours, cerca de los parajes de la montaña negra.Lastours, a simple vista son restos de 4 castillos situados uno al lado del otro. Pero es algo mucho más valioso. Son 4 castillos si, o mejor dicho 3 castillos y una torre… ¿o son dos torres?...Para apreciarlos en la lejanía, un mirador en el otro lado de la montaña, muestra una imagen preciosa. Pero para saborearlos, hay que acercarse al pueblo, pagar la entrada, solicitar información a una chica con acento valenciano que te la ofrece y prepararse para subir por un camino más o menos arreglado, durante unos 30 minutos. En cada castillo, en cada resto de el, la imagen de los restantes cambia, y los recuerdos fotográficos que se pueden hacer, no tienen nada que ver unos con otros. Y todo ello en pocos metros de distancia. El castillo más alejado es el de Cabaret, donde unas escaleras semi ocultas, permiten subir a lo alto de la torre, y contemplar los campos salpicados de restos medievales.

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