TAN SOLO EGIPTO...2º PARTE - Egipto - Viamedius - Una comunidad para viajeros como tú.

TAN SOLO EGIPTO...2º PARTE

[LLORENÇ]

LLORENÇ

[*][*] Fundador - Viajero habitual

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Datos del viaje

LAGO NASSER AMON-RA 
La primera noche en el nuevo barco, fué especial. Una suite, ver amanecer desde la cama, y sobre todo la sensación de intimidad que nos daban los vidrios opacos de la habitación. Desayunamos, y tan solo unos minutos después el barco empezó a navegar. Tarek nos colgaba cada noche en el tablón de anuncios el planning del día, aunque también nos lo decia cada noche de viva voz, y ese día, lo íbamos a empezar navegando frente a los templos de Abu Simbel. Una nueva perspectiva de una imagen que ya formaba parte de los recuerdos de mi vida.Subimos a la cubierta superior, e intentamos hacernos un hueco entre todos los turistas apoyados en la barandilla intentando captar imágenes de los templos. Creo que la pareja más joven de todo el crucero éramos Encarna y yo. Aquello parecía un viaje del inserso. Y de nuevo, volví a quedar maravillado por la vista de los templos. El barco se iba alejando, mientras Abu Simbel empequeñecía acariciado por los primeros rayos de sol y un fuerte aire,  nos impedía estar demasiado tiempo asomados a la barandilla. El Prince Abbas tenía 4 pisos. Desde el exterior tenía un ligero aire a los barcos que cruzaban el Missisipi en el lejano oeste. Una zona de sofás y tumbonas en la cuarta planta y una quinta donde estaba la piscina y el jacuzzi, que la noche anterior habiamos visto que estaba bastante sucio. 

Como el barco iba navegando, nos tumbamos en los sofás, tomando el sol, e intentando evitar el fuerte viento que nos azotaba. Después de un par de horas de viaje, llegamos a nuestro primer objetivo. Una visita panorámica, o sea desde el barco, del castillo de Kasr, o como lo llaman los lugareños Qasr Ibrim.Es el único monumento nubio que se haya en su emplazamiento original, rodeado de agua, y sin poder llegar a él, por otro medio que no sea marítimo. Arqueología submarina.Un pequeño islote en el cual están los restos de un templo erigido, destruido y vuelto a edificar sobre las ruinas del anterior varias veces. Se cree que llegaron a construirse seis templos en el mismo lugar.El barco se detuvo a escasos metros del islote, para que pudiésemos tomar fotos mientras Tarek una vez más nos daba una nueva lección de historia. Contemplar los restos de unos muros, en la lejanía sin poder caminar por sus piedras, y después de haber visto las maravillas que habiamos visto, no era precisamente la mejor de las visitas que pudiésemos hacer, pero estaba en el programa, y había que parar. Navegar por el lago Nasser, es diferente a navegar por el Nilo. Su gran extensión hace que prácticamente de la impresión de navegar por un mar, que no por un lago.

A veces cuesta ver las orillas, y la sensación de extensión le quita encanto a la travesía. El crucero del lago Nasser es más un ejercicio de relax, que no de belleza. Aunque todo tiene su encanto.Después de la visita panorámica, Tarek se sentó con nosotros a contarnos cosas de su vida. La habiamos insistido mucho sobre su historia personal, sobre sus dos mujeres, el Islam, la manera de pensar de un musulmán y el se dispuso a someterse a nuestro interrogatorio de la manera más cordial posible. He de reconocer, que tuvimos una suerte inmensa con Tarek. A pesar de tener los típicos males de todos los guías, sus explicaciones, su trato con nosotros, y su buen humor fue un valor añadido extraordinario en este viaje.Pasamos mas de una hora de charla, hasta que se hizo la hora de comer.Hoy tocaba barbacoa en la cubierta. Nos tuvimos que poner todo el grupo en otra mesa, pues la que Tarek había reservado para nosotros, ya había sido ocupada. Nos sentamos en una esquina del barco, resguardecidos aun del aire que soplaba y nos dispusimos a comer. Buffet de ensaladas y carne a la brasa hecha en la misma cubierta. Después de comer, de nuevo volvían las visitas. Una lancha nos acercó a tierra firme, al desierto. Por primera vez, puse mis pies en la fina, dorada e inmensa arena de un desierto. La lancha nos dejó en la orilla, cerca del templo de Amada. Resultaba curioso que manadas de turistas se dirigieran a los mismos lugares, al mismo tiempo, lugares que tan solo instantes antes permanecían en la más absoluta tranquilidad. 

El templo de Amada, es el monumento más antiguo que ha quedado de la zona del lago Nasser. Fué trasladado de una sola pieza desde su emplazamiento original, al que ahora ocupa, unos 2.5 kilómetros más lejos. Erigido en tiempos de Tutmosis III y de su hijo Amehotep II, faraones de la XVIII dinastía, el templo de Amada está dedicado básicamente al dios Amon-Ra.Para las primeras explicaciones del lugar, Tarek nos situó en la parte trasera del templo, a salvo del sol que calentaba intensamente. El templo en si, no es gran cosa, y mucho menos si se compara con la grandiosidad de los vistos anteriormente. Sus grabados interiores, reflejando las batallas del faraón en Palestina y como da muerte a sus enemigos, estaban bastante bien conservados. Otros grabados mostraban diferentes episodios bélicos en la historia de Egipto. La sala principal no debía medir más de 20 metros de largo, con grandes columnas que daban una sensación de agobio por la estrechez de la estancia.Al salir, un lugareño jugaba con un escorpión. Lo tenía en sus manos y se lo ponía en su pecho mientras el bichito trepaba por su chilaba. Era la atracción. A cambio de una propina podías coger el escorpión tu mismo...Tarek nos comentó que a estos escorpiones les quitan el aguijón para que no puedan ocasionar ningún susto. Lo miramos con asombro, pero nadie fue tan valiente para probar la teoría de Tarek.Caminamos unos pasos para hacer acercarnos al pequeño templo de Der.

De nuevo, las imágenes grabadas en sus paredes eran las de Ramsés, con su león, matando a sus enemigos. Muchos de estos templos eran erigidos en zonas lejanas de la capital, como muestra de que el faraón siempre estaba presente, y de que quien osase enfrentarse a Egipto, recibiría su castigo. Eran templos de advertencia, de frontera, de aviso.... Un camino nos llevó hacía la tumba de Pennut, caminando por las arenas del desierto. Ver las enormes extensiones de arena, y a escasos metros el agua del Nilo, es indescriptible.La tumba de Pennut, un gobernador de la baja Nubia en el reinado de Ramses VI, es una pequeña cavidad en la roca, que muestra relieves con sus pinturas bastante bien conservadas y que de no visitarla, tampoco hubiese sido una desgracia. Lo mejor de esta visita, el paseo por el desierto y las ironías de Tarek sobre los demás guías que estaban dando sus explicaciones. Terminadas las visitas, lancha y al barco. Llegamos justo para la hora del té. A las 5 de la tarde, igual que en el anterior barco, se servia té o café con pastas.Hoy por la noche, teníamos un cóctel con el capitán. Y luego espectáculo Nubio. La noche a priori prometía, a priori. 

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