Fundador - Viajero ocasional
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Era el 24 de Diciembre del 2002 y nuestro camino seguía a través de la península de Yucatán, esta vez nuestro destino era la ciudad de Mérida. Así que nos levantamos muy temprano para degustar el desayuno y luego decirle adiós a la hospitalidad del Hotel Soberanis. Ya con todo el equipaje listo iniciamos el camino que nos llevaría por la carretera libre primero a la ciudad de Valladolid, salimos como a las nueve de la mañana, cargamos combustible y partimos, la carretera libre es angosta y llena de “topes”, esta en muy buen estado pero cada vez que hay alguna pequeña población, debes de bajar la velocidad, porque seguramente encontraras algún “tope”, mi papa que era el conductor de turno nos hizo dar un par de saltos sorpresivos, noventa minutos después llegamos a la ciudad de Valladolid, que a pesar de ser pequeña y nosotros solo pasamos sin detenernos, nos pareció muy bonita, y sobre todo muy limpia y ordenada, allí decidimos salirnos de la carretera libre y utilizar la carretera “de cuota” para recorrer los últimos kilómetros hacia Pisco donde se encuentra Chichen Itzá. Esta carretera es a dos vías y muy bonita, pero el tramo que recorreríamos seria corto ya que Pisco se encuentra a muy pocos kilómetros de Valladolid, llegamos mas o menos a las 11:30 de la mañana, antes de dirigirnos mi tío y mi papa se detuvieron a comprarse una su botellita de licor de caña por aquello del calor. Luego nos fuimos al sitio arqueológico, eran mas o menos las 12:30 p.m. En aquellos días la entrada costaba 80 pesos mexicanos, nos unimos a un grupo de mexicanos que iban con un guía, y recorrimos el juego de pelota, la pared de las calaveras y por supuesto la pirámide mayor, el sitio es increíble, la pirámide mayor tiene exactamente las desviación del eje del planeta tierra sobre su propio eje y el atardecer del día del equinoccio se proyecta sobre la escalera norte una serpiente que poco baja hasta que ilumina la cabeza y se puede ver todo el cuerpo de la misma. Además cada escalinata tiene 91 gradas que si las multiplican por cuatro y le suman la última grada tienen 365 gradas que corresponden a los días del año.
Después del tour guiado nos dirigimos a la pirámide mayor con la firme decisión de subir hasta la cima. La verdad la que menos pensamos subiría era la primera arriba, mi mama sacó fuerzas de flaqueza y nos ganó a todos, yo por poco y que no subo. Desde arriba la vista del sitio es increíble. Puedes ver el palacio de las cien columnas, el observatorio, el juego de pelota y gran parte de la selva que rodea al sitio. Si la subida es difícil la bajada se vuelve más interesante aún, ya que la altura es tanta que te puedes marear o algo así, yo con la altura no tengo problema y baje de pie, grada a grada y de frente, la mayoría de gente lo hace sentada, así que a la bajada yo fui el ganador. De ahí nos fuimos al cenote sagrado, la península de Yucatán es muy plana, sin ningún accidente geográfico importante y además el suelo es muy calizo, por lo que el agua se filtra con mucha facilidad, y es muy común la formación de cenotes o depósitos de agua, en toda la extensión del área hay muchos. Pero este cenote es especial ya que los mayas creían que era sagrado era como una conexión con sus dioses. Cuando realizaban ofrendas o sacrificios, estas eran depositadas en el cenote. Cuando el sitio se descubrió a principios del siglo pasado, un norteamericano compro estas tierras por algo así como cien dólares, y trajo una draga con la cual extrajo muchas reliquias mayas y que ahora se encuentran en un museo en Boston. Todavía puedes ver la draga en el centro de visitantes. El nivel del agua ha bajado muchísimo desde el tiempo de los mayas pero sigo siendo un lugar muy místico. Bueno sin haber comido algo por muchas horas ya estábamos hambrientos, afortunadamente en el centro de visitantes se encuentra un restaurante que es una delicia y de paso era bufete, así que sin pensarlo mucho, ese almuerzo se convertiría en algo así como la cena de la víspera de navidad, luego sabrán porque. Había una sopa de tortilla que estaba de chuparse los dedos me repetí unas tres veces si mal no recuerdo. En fin salimos de Chichen Itzá y seguimos nuestro camino hacia Mérida. Eran las 4 de la tarde y aproximadamente 2 horas después estábamos entrando a la ciudad de Mérida, la capital del estado de Yucatán y como de esperarse una ciudad con mucho movimiento además de que era la víspera de navidad, en las tiendas que pasábamos de largo se podían ver las tradicionales piñatas mexicanas de la época navideña. Buscamos hotel y a unas 5 cuadras encontramos uno a 300 pesos por habitación con desayuno “Continental” incluido. Nos ubicamos en el hotel, estacionamos el pick up y nos fuimos caminando al parque central. Estaba decorado para la época. El ayuntamiento muy iluminado y mucha gente dirigiéndose a catedral para la misa de navidad. Nos fuimos a conocer la gobernación estatal que es un edificio histórico, con muchos murales y muy bien conservado. Luego de la visita tenia una tarea pendiente la gastronomía callejera local, para lo cual el parque central era el lugar indicado. Después de un par de vueltas me decidí a probar las “Marquesitas”, estas son un enrollado de barquillo de sorbete que preparan en el momento y adentro le ponen queso de bola suizo, la verdad la combinación no sabia nada mal. Bueno luego me decidí por un “Esquite” que son granos de maíz cocidos, o sea desgranan la mazorca, los colocan en un vaso, y les agregan: crema, limón y por supuesto chile. Esta combinación me pareció un poco extrema y el sabor de la crema mezclada con el limón no es muy agradable que digamos y para terminar no soy muy buen amigo del chile que digamos, así que después de un par de cuchadazas, se lo regale amablemente a mi papa. Las campanas repicaban anunciando la misa y poco a poco la catedral quedo abarrotada, es un iglesia linda y con un crucifijo enorme, uno de los mas grandes que he visto en toda mi vida, la misa fue muy solemne, aunque por algunos momentos el calor adentro era insoportable, ya que el clima de la ciudad usualmente es calido. La misa más o menos termino a las diez y media de la noche, y luego nos quedamos en el parque esperando la media noche, era la primera vez que pasaba Navidad fuera de Centroamérica y la verdad la sentí diferente, en El Salvador a las doce de la noche se oyen por todos lados petardos, se pueden ver fuegos artificiales pero en México la pólvora es de uso restringido y por lo tanto se podía escuchar un silencio sepulcral, me imagino que cada una de las familias estaban en ese momento disfrutando de su respectiva cena, nosotros compramos un par de marquesitas mas y luego nos fuimos a descansar al hotel. Este día había sido muy tranquilo en cuanto a distancia y muy impresionante por la grandeza de Chichen Itzá. El día siguiente seria duro más de 700 kilómetros hacia Villahermosa, pero ese es el siguiente diario…