Fundador - Viajero ocasional
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La tónica en todo el viaje va a ser madrugar, así que a las 7:30 ya estamos frente al desayuno, que es todo lo opíparo que cada uno decida que sea, pues hay donde elegir. Dejamos nuestras maletas en recepción y partimos con las alforjas vacías en busca de nuestras bicicletas.
Salimos del hotel y nos dirigimos al lugar donde teníamos que recoger las bicis para hacer la ruta. Nos costó un poco encontrarlo, pero al final lo conseguimos después de preguntar a varias personas. La lengua para hacernos entender es el inglés. Regina y Flori, cuyo dominio y arrojo en el uso del inglés supera al de Eli y al mío propio, son rápidamente investidas como las intérpretes oficiales del viaje.
El lugar en cuestión se encuentra enfrente de la estación de tren de Passau, pero en una calle un poco escondida. Como llegamos más tarde de lo previsto, a las 9 ya había una cola de personas de diferentes países esperando recoger sus bicis. Sólo había una persona encargada para atender el negocio.
Después de rellenar una hoja con los datos personales de cada uno y esperar casi media hora, por fin nos toca el turno. La persona que nos atiende es simpática y nos va entregando y ajustando las bicis (altura del manillar y del sillín, cuenta kilómetros, etc.), nos explica el funcionamiento general, cómo cambiar de marcha y cómo frenar con los frenos de mano o con los pedales, además nos apunta los códigos de los candados de las bicis y toma nota de las referencias de cada una de las bicis que llevamos, para luego comprobarlas cuando las dejemos en Viena.
Las bicicletas, tanto las de hombre como las de mujer, son de la marca KTM (cómo no!) y de muy buena calidad. Nos las entregan con cuentakilómetros, un pequeño candado de seguridad (más simbólico que otra cosa), bombín y un pequeño kit de herramientas que, afortunadamente, nunca llegamos a usar :)