Fundador - Viajero ocasional
© Jordi
En Septiembre de 1.997 emprendimos nuestro tercer viaje a África, esta vez el destino era Senegal, de la palabra Woloff “sunu gal”, que quiere decir “nuestra piragua”.
Salimos de madrugada del aeropuerto de Barcelona, bajo una tremenda tormenta hacia Dakar, capital del país. Llegamos sobre las siete de la mañana y fuimos directamente al Hotel Independence, donde dejamos los equipajes, nos dimos una ducha rápida, desayunamos y ya salimos a visitar Dakar y sus alrededores. También conocimos a los guías que nos acompañarían en todo el viaje, Ibrahima Top y Ousmane Sarr.
Paseamos por las calles de Dakar, vimos el Palacio Presidencial, des de fuera por supuesto, caminamos por los alrededores de la Gran Mezquita de Dakar, pues tampoco se puede entrar y nos fuimos a una cooperativa artesanal, donde vimos como realizaban preciosos dibujos utilizando solamente una tablón de madera, cola y arena de diferentes colores, procedente de distintas partes del país.
Después de pasear por las calles de Dakar, ver alguno de los pintorescos y coloridos mercados y ser acosados por decenas de vendedores ambulantes, niños, y sobre todo “amigos” que nos seguirían todo el día, recordando nuestros nombres y esperando pacientemente en la puerta del hotel.... nos fuimos a comer a un restaurante del centro de la ciudad, allí empezamos a probar las especialidades del país y, como no, acabamos con el típico té a la menta, que en Senegal se toma en tres etapas, el primer té es amargo como la muerte, el segundo es dulce como la vida y el tercero suave como el amor.
A la mañana siguiente nos fuimos directamente al embarcadero y cogimos el trasbordador hasta Gorée, pequeña y apacible isla muy cercana a Dakar.
Allí paseamos por sus calles de colores pastel y visitamos la casa de los esclavos. Según nos contó nuestro guía esta casa fue construida a finales del siglo XVIII, la planta baja, dividida en minúsculas salas sin apenas luz ni ventilación, servía para amontonar a los esclavos y la primera planta estaba ocupada por los amos. Una de las leyendas vivientes en la casa de los esclavos es la referente a la puerta del “viaje sin retorno”, desde donde según cuentan embarcaban a los esclavos hacia Sudamérica.
Después de pasear tranquilamente por todos los rincones de la isla, descubrir su flora y fauna, ascender a la parte más alta para disfrutar de una bella panorámica de Dakar y disfrutar de la paz y del sosiego que esta isla desprende, nos sentamos a comer en la terracita un pequeño restaurante cercano a la playa. Allí saboreamos una vez más la deliciosa cocina senegalesa y disfrutamos del sabroso té a la menta mientras observábamos tranquilamente como montones de chiquillos se bañaban en la playa.
Después de comer nos acercamos a la playa para coger el trasbordador de vuelta a Dakar, esta vez decenas de niños se acercaron nadando hasta la embarcación y nos pedían que les lanzáramos monedas al agua, monedas que localizaban con gran habilidad, por muy lejos que las lanzáramos, y que por supuesto siempre acaban en sus bolsillos.
Otra vez en Dakar aprovechamos nuestra última tarde para visitar un mercado artesanal y nos acercamos hasta el puerto para ver la llegada de las piraguas con la pesca del día, increíble espectáculo, de gran colorido y belleza, que no tiene desperdicio.
Decenas y decenas de piraguas pintadas con alegres colores llegaban sin cesar a la orilla, donde ya les estaban esperando compradores,..... un gran tumulto de gente, gritos, niños corriendo,.... y un sin fin de mujeres senegalesas, con sus vistosos e impecables vestidos y pañuelos en la cabeza, que montaban su pequeño y particular mercadito para vender el pescado fresco recién traído por los pescadores.
A la mañana siguiente abandonamos Dakar rumbo norte, parando antes a visitar el Lago Retba , también llamado Lago Rosa. Aunque el Lago Rosa sea famoso por acabar allí el famoso rally que todos conocemos, merece la pena ir a verlo, pues realmente es una de las curiosidades naturales de Senegal, por un lado debe su nombre a que cuando el día amanece soleado va tomando una coloración rosáceo debido, dicen, a unas algas microscópicas que viven en sus aguas. Por otro lado tiene una concentración en sal elevadísima, similar a la del Mar Muerto, y por eso siempre veremos muchísima gente trabajando, en especial mujeres, que se untan con manteca de karité y que se meten en el lago hasta que el agua les cubre la mitad del cuerpo y se dedican a agujerear con picos las costras del fondo del lago para extraer cubos de sal,.... y montañas y montañas de sal en la orilla esperando comprador.