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Congo

[Jon]

Jon

[*] Fundador - Viajero ocasional


Datos del viaje

Pues sí, tuve la brillante ocurrencia de cruzar la frontera de Gabón con el Congo y llegar a la primera población con puesto de policía, todo ello a pie. Me dijeron que nada... en un par de días podría llegar a M'bomo.
Se ofreció para acompañarme este chaval por un poco de dinero. Por mi parte, prefiero ir con alguien que conozca. Al fin y al cabo, son dos días de selva ecuatorial.

Durante dos días, recorrimos el sendero durante todas las horas de luz del día, de seis de la mañana a seis de la tarde. Con alguna parada en un par de aldeas entretanto, para acaparar y comer carne, manioca y plátanos.
Más que problema de luz, lo malo de la jungla por la noche es que se despiertan todos los animales que uno no desea encontrar: Son de hábitos nocturnos la serpiente víper de Gabón, panteras y mil insectos y bichos malos. Los primates son raros de ver porque huyen de los humanos pero por un tramo del camino vimos huellas de un gorila pequeñito.
Según el GPS, aunque mi amigo también se echara encima mi mochila, tiraba a más de 6Km/h y casi me costaba seguir ese paso por un camino que a veces no era ni apto para cabras. Aprovechando que el chaval tenía parientes en varias aldeas, la primera noche dormimos en casa de unos tíos suyos. Me habría gustado quedarme más tiempo contemplando el corro nocturno de toda la aldea alrededor de un fuego, bailando y ululando al son de varios tambores hiperactivos...
Pero estaba demasiado cansado y enseguida se desvaneció mi presencia de espíritu. Pocas veces en mi vida he dormido más de diez horas y me he levantado tan hecho polvo. A las seis de la mañana volvimos a salir. Rápido para que no nos cayera la noche antes de recorrer los 46 Km que restaban.

Llegué a M'Bomo muy, muy cansado y no era el mejor momento para que los policías me pidieran dinero. En otras circunstancias habría usado algo de mano izquierda pero encima del cansancio, topé con un pueblerino de policía, acostumbrado a abusar sin respeto ni objeción de los negros que pasaban por allá y tuvimos un pollo que, si no llega el comisario, parecía que nos íbamos a poner los ojos moraos.
El comisario tenía más mundo, me llevó a un albergue donde alojarme, le invité a tomar una cervecita conmigo y me dijo que si tenía algún problema, ya sabía que ellos estaban para poner orden. Sí, orden...
Al día siguiente pasé por la oficina de un parque nacional que comenzaba allá. Un proyecto europeo de conservación e investigación de la jungla y de los gorilas de selva.
En buena hora me pasé por ahí; había un belga ocupado de la logística del parque que me invitó a su casa y la semana siguiente nos la pasamos contando historias y putadas de Africa. Al fin y al cabo, el tío había nacido en Zaire y vivido 27 años en diferentes países negros. Después de varias veces de haberse hecho rico y ser desvalijado cíclicamente, se había jurado no volver a Africa nunca jamás... pero un trabajo mal pagado en Bruselas tampoco era lo suyo. Que no hay que jurarse nada...
Como ya estaba suficientemente espantado de Africa y su novia estaba, de momento, en París, no hacía más que echar pestes de todo aquel agujero donde estaba metido. Pero la verdad es que tenía una casa de ensueño en un entorno fantástico; un trabajo que, en el fondo le gustaba y tiempo para hacer lo que le diera la gana. Y muchas ideas.

En el garaje, los afanados mecánicos trataban de ponerse medallas ante el belga. Allí vi cómo arreglaron el turbo de un tractor metiendo cemento (del de hacer casas) para eliminar el juego de una pieza suelta. Reconozco que me sorprendieron.
Aquellos días llegó de visita por ese último rincón del mundo, el "honorable diputado" [sic]:
El honorable diputado por los electores de esa región llevaba dos años sin visitar el sitio y era supuestamente responsable de desarrollar cosas como una carretera transitable por todoterrenos a más de 5 Km/h, sin romper las transmisiones.
Asamblada popular en la escuela para que el diputado les comiera el coco con sus esfuerzos, problemas y dificultades en el gobierno. Les explicó las dificultades ajenas a él para hacer la carretera. En realidad es que cuando esa gentuza tiene en sus manos la pasta...
Y partido de fútbol popular con el político de delantero centro y mamando balón. Como en cualquier país.

Mientras tanto, yo me iba con el belga por el parque acondicionando cosas. Me gustaba ese sitio.

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